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Poblenou, memoria y rascacielos

La Barcelona emprendedora intenta convivir con su pasado obrero y popular a riesgo de despersonalizarse aún más

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El Manchester catalán se deshace como un azucarillo. El Poblenou, en el barcelonés distrito de Sant Martí, está sometido a una gran operación urbanística que lo cambiará de arriba abajo. El actual remanso fabril, que en los sesenta entró en decadencia después de vivir años de esplendor en la segunda mitad del siglo XIX, muda en grandes hoteles, edificios de oficinas y empresas tecnológicas. El Ayuntamiento ha puesto en marcha el 22@, un ambicioso distrito tecnológico. En el Poblenou chocan de forma virulenta y dramática las dos Barcelonas: una moderna, emprendedora y un tanto despersonalizada que no quiere perder el tren ante un Madrid que aprovecha a fondo su capitalidad; y otra tradicional, reticente a perder sus raíces obreras y los restos de una industria pionera en la Península.

Algunos vecinos, con más miedo a perder la trama humana que la urbana, son críticos con el proyecto porque creen que les obliga, en muchos casos, a irse. Aparte de los directamente afectados, muchos se quejan de que la proliferación de viviendas de lujo, oficinas con yuppies y hoteles no hace más que poner los precios 'por las nubes'.

Poca cosa va quedando del antiguo Poblenou de grandes fábricas, muchas catalogadas, o los pequeños talleres del barrio de la Plata. Pasearse por sus despejadas vías es descubrir solares, máquinas trabajando y obreros que explican que aquí va un hotel de lujo y allí lofts 'para ricos'.

Pero parece difícil que, al menos en las calles que rodean la encantadora Rambla del Poblenou y el barrio de pescadores, que tiene en la plaza Prim su centro neurálgico, el espíritu familiar y popular se esfume de un plumazo. El Poblenou goza aún de un tejido asociativo vivo pese a que nada es como antes. Tere Bou se queja de ello (han desaparecido cooperativas obreras como Pau i Justícia y otras como La Flor de Maig agonizan) mientras comparte conversación con otra vecina, la periodista de la crónica barcelonesa Maria Favà. Tere fue la primera mujer en formar parte de la junta de l'Aliança del Poblenou, entidad histórica. En su casino nació el Teatre Lliure y la Nova Cançó en los años del franquismo.

Explican los dramas de los desahucios y que el Ayuntamiento habla de barrio sostenible y tecnológico pero cuenta los parterres del tranvía como zona verde e incluye entre las empresas del distrito la militar Indra. Otra vecina, Lluïsa, de la asociación de afectados por el 22@, es más radical y denuncia que la 'especulación' está 'destruyendo' el barrio y su patrimonio, conservando fachadas 'de forma folklórica y descontextualizada'.

Carga, además, contra la asociación de vecinos y el consistorio 'de izquierdas', al que acusa de haber consensuado menos que la iniciativa privada. En esta línea critica la forma en que se han hecho las cosas con el objetivo de 'desnaturalizar' el barrio y las 'chapuzas'.

Al paso sale el tercer teniente de alcalde, Jordi William Carnes, con el argumento de que el 22@ es la única forma de dar vida al barrio. Ve normales las protestas y sostiene que el consistorio (PSC e ICV-EUiA) quiere 'cambiar la imagen ciudadana del proyecto'. Tere y Maria se temen que el Poblenou se convierta un barrio fantasma 'como la City de Londres'. Dar alternativas es difícil, casi una utopía. Por eso no es casual que los seguidores catalanes del socialismo utópico y de Étienne Cabet fundaran, precisamente en el izquierdista y republicano Poblenou, una colonia llamada Icària en 1846. La avenida Icària, arteria principal de la vecina Villa Olímpica, les recuerda.

Una 'aventura' social, urbanística y económica

Según Carnes, en el 22@ la 'economía del conocimiento' será la base y el pilar, mientras que 114 elementos del patrimonio (las fábricas del siglo XIX) se preservarán con nuevos usos, en algunos casos de tipo cultural y para acoger creadores o universidades como la Pompeu Fabra, 'que dará vida social al barrio'. En el distrito, que ocupará casi 200 hectáreas, habrá cuatro ‘clústeres' definidos: medios de comunicación y sector audiovisual; tecnologías de la información y la comunicación; energético y biomédico. Algunas empresas e instituciones trasladarán sus sedes allí y habrá 4.000 viviendas de protección oficial. El proyecto, que el tercer teniente de alcalde define como una 'aventura social, urbanística y económica', prevé estar completado entre el 2015 y el 2016 pese a que inicialmente se comprometió para 2010.