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La policía carga con dureza durante el #18A

Los antidisturbios desalojan la plaza a golpes tras dejar que peregrinos y laicos se enfrenten

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Al menos tres veces cargó ayer la policía para desalojar, una vez más, la Puerta del Sol. La concentración -convocada en repulsa por los incidentes del día anterior- transcurría en calma hasta que, en una acción inexplicable, la policía rompía el cordón de la calle Carretas permitiendo que los peregrinos de la JMJ que allí permanecían se juntasen de nuevo con los concentrados, momento en el que se repitieron los enfrentamientos verbales del día anterior.

La primera carga de la policía llegaba poco después. En Carretas, antes de que la policía rompiese el cordón, había, además de peregrinos, un grupo de manifestantes que no pudieron acercarse hasta la concentración. Tampoco les dejaron hacerlo cuando sí pasaron los peregrinos. Hasta allí se acercaron entonces dos furgones de la policía y varios agentes de antidisturbios que, tras ponerse el casco y sacar la porra, se alinearon y comenzaron a correr contra los manifestantes. Estos huyeron hacia la plaza de Jacinto Benavente evitando recibir algún porrazo (varios peregrinos aplaudieron la acción policial).

En Sol, mientras, la policía cercaba a los concentrados. Los peregrinos, bajo recomendación policial, abandonaron la plaza. Con las personas que quedaban en el interior de Sol, pero fuera de la concentración, no hubo recomendaciones. La policía se decidió a desalojar. No hubo cargas, aunque sí golpearon y retuvieron a dos personas, acrecentando la tensión.

Una vez desalojada la plaza, solo quedaban las personas que habían permanecido desde el inicio en la concentración, justo en el centro de Sol y continuamente rodeados por policía. Decidieron sacarlos de la plaza a través de la calle Carretas. Situaron tres furgones detrás de los manifestantes y se pusieron en marcha para que estos tuvieran que salir andando. Una vez en Carretas, un gran número de agentes antidisturbios, todavía sin casco, repitieron la misma técnica que habían usado con los vehículos. Andaban para que los concentrados no pudieran permanecer parados.

Grupos de antidisturbios fueron detrás de algunas de personas que ya habían huido 

Segunda carga. La policía seguía sacando a los concentrados de Carretas hasta que llegaron a la bocacalle que une esta con la calle del Correo, por donde intentaron escapar varias personas. Algunos antidisturbios sacaron la porra y golpearon a varias personas que se habían quedado quietas para ver lo que sucedía.

Tercera carga, la más fuerte. Varios furgones de la policía bajaron Carretas en dirección contraria al desalojo al mismo tiempo que los antidisturbios se pusieron los cascos y sacaron la porra. La gente se vio obligada a subirse a las aceras. Subían más despacio debido a la gran concentración de gente en los laterales. Justo en ese momento, los agentes descargaron con fuerza sobre las personas que tenían a su alcance sin motivo aparente. Entre cuatro o cinco antidisturbios golpearon con rabia a una joven, a la que hirieron en la espalda y el costado. Un hombre que intenta defenderla se llevó un porrazo en el cuello y varios en la espalda y piernas. Los manifestantes huyeron calle arriba y se dispersaron en la plaza de Jacinto Benavente.

Muchos marcharon a sus casas y otros escaparon hacia Atocha o Tirso de Molina. En las calles que llevan a esas zonas se produjeron varias situaciones inexplicables. Grupos de antidisturbios, organizados en una especie de comandos, fueron detrás de algunas de esas personas que ya habían huido, golpeando a algunas de ellas a medida que se las encontraban, hasta que, finalmente, se replegaron y permanecieron en la entrada a Carretas, algunos de ellos apostados con escudos y pistolas de bolas de goma.

Durante el final de la concentración de ayer aparecieron, si bien eran minoría, provocadores en todos los grupos: concentrados, peregrinos y policía. Así como algún peregrino se acercó a provocar con insultos cuando la policía rompió el cordón de Carretas, algún que otro manifestante respondía o iniciaba una confrontación del mismo modo. En el caso de la policía, por ejemplo, se vio como uno de los agentes encargados de grabar todo lo que ocurría, sonreía y llamaba a los manifestantes con silbidos o sonidos extraños con intención de que se enfadasen.

Al final de la noche, además, hubo algo más que provocadores. En Tirso de Molina, donde se concentraron varios de los concentrados después de que terminasen las cargas, una persona agredió a un peregrino que caminaba solo lanzándole un objeto a la cabeza.

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