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Policía y 15-M: relaciones inestables

Desde el inicio de las acampadas indignadas se han protagonizado episodios muy diferentes, algunos plagados de tensión

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El expediente abierto contra un policía simpatizante con el 15-M ha abierto un nuevo capítulo en la larga lista de encuentros y desencuentros entre los indignados y el cuerpo policial.

Desde que el movimiento comenzase el 15 de mayo, las relaciones con la Policía han vivido diferentes altibajos. Si durante los primeros días de acampada el cariz pacífico de las manifestaciones llevaron a que el cuerpo policial llegase a solidarizarse ofreciendo termos de café, para hacer más llevaderas las noches, el mes de agosto se caracterizó por la especial turbulencia de las relaciones en la capital. 

Al desalojo de Sol y el Paseo del Prado y posterior cierre de la emblemática plaza, le siguieron varios días de manifestaciones, que tuvieron su peor conflicto en la noche del 4 de agosto, cuando las cargas policiales dejaron 20 heridos leves. Entonces la Policía justificó su respuesta en la actitud de los indignados, que, según fuentes policiales, llegaron a colgar una pancarta reivindicativa en las rejas de la sede de Interior.

El Sindicato Unificado de la Policía, por su parte, denunció que la delegada del Gobierno, María Dolores Carrión, les obligase a infrigir la ley, refiriéndose a las instrucciones que les dio al desalojar, ordenándoles 'que por todos los medios se impidiese a los manifestantes volver a Sol'. El pasado 29 de agosto, ese mismo sindicato, el mayoritario de la Policía, confirmó su asistencia a las concentraciones convocadas por CCOO y UGT contra la reforma constitucional.

La llegada de la JMJ también ocasionó diversos enfrentamientos. Durante la manifestación laica del 17 de agosto, que tuvo lugar un día antes de la visita del Papa y cuyo recorrido tenía previsto pasar por la Puerta del Sol, el bloqueo de la plaza por parte de los peregrinos obligó a que la Policía efectuara unas cargas que los manifestantes respondieron con el lanzamiento de botellas de cristal.

Por esos altercados, que continuaron durante dos días más, tres policías fueron expedientados por unas agresiones que desde la Jefatura Superior de Policía de Madrid se consideraron infracciones 'graves'.

En Barcelona las relaciones entre la Policía y los manifestantes han sido más conflictivas. El 27 de mayo, el desalojo del campamento catalán, por motivos de 'higiene y salubridad', un día antes de la final de la Liga de Campeones en la ciudad, dejó un balance de 121 indignados heridos y múltiples críticas contra la actuación de las Fuerzas de Seguridad, especialmente sobre el titular de Interior de la Generalitat, a quién los indignados exigían dimitir.

El 14 de junio, los indignados catalanes trataron de impedir el acceso al Parlament y volvieron a producirse disturbios cuando la Policía disparó con bolas de goma para dispersar a la multitud, que había creado varias barricadas con contenedores en la zona.