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El PP pide a gritos la dimisión de Zapatero en el Senado

La tangana, que duró más de dos minutos, se desata cuando el presidente reprocha a la oposición: "No les preocupa la crisis, les preocupan las elecciones"

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La tangana fue mayúscula. Ni siquiera en el Senado, donde la bancada conservadora es especialmente agreste, se recordaba tamaña bronca en tiempo reciente. Los senadores del PP convirtieron el hemiciclo de la Cámara Alta en el escenario de una zapatiesta que puso de relieve hasta qué punto han perdido el respeto al presidente del Gobierno. Durante dos minutos y catorce segundos de cronómetro gritaron "¡Zapatero, dimisión!" mientras que los senadores del PSOE intentaban contrarrestar la algarada con aplausos.

José Luis Rodríguez Zapatero acudió ayer al Senado, como ocurre una vez al mes desde que se instauró esta costumbre por iniciativa suya, para responder a tres preguntas de la oposición. Había llegado el presidente de buen humor, según sus colaboradores. Y, a diferencia de otras tardes, no se barruntaba tormenta política.

"Si le queda un ápice de dignidad política, convoque ya elecciones"

La sesión arrancó con un debate de guante blanco sobre el funcionamiento del Estado de las Autonomías entre el senador aragonés José María Mur (PAR) y el presidente. A continuación correspondió el turno al portavoz del PP, Pío García Escudero, que guardó toda la munición para el segundo turno y abrió el mano a mano con una simple pregunta: "¿Sostiene el presidente del Gobierno que los anunciados recortes garantizan un crecimiento más sólido?". Respondió Zapatero en el mismo tono neutro: "No sólo lo sostiene el Gobierno, sino todos los organismos internacionales".

García-Escudero, fiel a su estilo, fue subiendo el tono. Arrancó su segundo turno con una ristra de preguntas que llevaban implícita la respuesta: "¿Dónde queda el gran defensor de los derechos sociales? ¿Dónde el gran benefactor de los pensionistas? ¿Dónde está el que nunca bajaría el sueldo a los funcionarios? ¿Dónde están, señor Zapatero, sus razones ideológicas? Porque le miro y no le reconozco".

El portavoz conservador sostuvo que, a la vista del "decretazo", sólo cabe una conclusión: "El Zapatero de antes o el de ahora es un impostor". En su ataque no dudó en afirmar que España es "un país vergonzosamente tutelado" y que el ajuste del gasto público aprobado por el Gobierno sería innecesario sin las inversiones de 16.000 millones que se destinaron al "inútil" Plan E para obras municipales.

"Perdieron en 2004 y en 2008 y perderán las próximas"

Ya en velocidad de crucero, tras presentar a Zapatero como "un tragasables desarbolado por la situación", concluyó con la petición que no se atreve a realizar su jefe de filas: "Usted ya no está en condiciones de liderar nada. Ya ha demostrado sobradamente su incapacidad. Esta legislatura está ya tan agotada como usted y su Gobierno. Es la imagen de un boxeador que está grogui y pegando puñetazos al aire. Deje de ser el obstáculo para salir de la crisis y, si le queda un ápice de dignidad política, convoque ya elecciones". Le aplaudieron los suyos y nada más pasó, salvo que el turno de palabra pasó a Zapatero.

Optó el presidente del Gobierno por un registro irónico y así, agradeció a Pío García-Escudero su "constructiva intervención" y el "ejercicio de responsabilidad" propio de "alguien que aspira a volver a gobernar". Y, a continuación, dejó un rejón: "Yo a usted sí le reconozco. Le reconozco en la misma política de los últimos años: No, nunca, jamás a nada que pueda ser positivo o constructivo para este país".

No gustaron tales palabras a quienes se sientan en los bancos de la derecha y los murmullos de protesta, premonitorios de bronca, recorrieron el hemiciclo. Ante la pasividad del presidente de la Cámara, el también socialista Javier Rojo, fue el propio Zapatero quien les afeó su dedicación al objetivo de impedir que se oyeran sus palabras: "Escuchar es la primera condición de la democracia".

Como si ya se diera por satisfecho con este choque, Zapatero cambió el tercio y colocó a los senadores el mitin que el domingo hizo en Elche ante militantes y cargos locales del PSOE. En síntesis: con su Gobierno el gasto social se ha incrementado en un 50% y con el plan de ajuste sólo se reduce el 1,5%, mientras que el PP no se ocupó de estas políticas aunque gobernó en tiempo de bonanza.

Pero, cuando parecía decidido a aburrir a la Cámara hasta el último minuto, Zapatero lanzó su ataque. Primero destacó que "el PP de España" es el único partido conservador de la Unión Europea "que se opone" a hacer planes de ajuste del déficit público. Y, acto seguido, disparó a puerta: "Les agradezco la sinceridad. Si quedaba alguna duda, lo han dejado muy claro: no les preocupa la crisis, les preocupan las elecciones". Y ahí se desató la pelotera. Entre los primeros gritos del PP, aún se le pudo oír decir: "Perdieron las de 2004, perdieron las de 2008 y perderán las próximas elecciones".

Quiso la bancada socialista arropar a su jefe de filas con los habituales aplausos y, mientras que Zapatero tomaba asiento, las ministras Carme Chacón y Trinidad Jiménez, sentadas a su diestra, se levantaron como si tuvieran un resorte arrastrando al resto. No a todos, porque en otro ejercicio de descoordinación Celestino Corbacho y Ángel Gabilondo prefirieron batir palmas sentados.

Cuanto más arreciaban los aplausos de los socialistas puestos en pie, más fuerte gritaban "¡Zapatero, dimisión!" los del PP, que reforzaban su crítica vociferante aporreando sus pupitres. En el semblante de María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, se reflejaba el contento que la embargaba. Mientras, la número tres del PSOE, Leire Pajín, acallaba con la mano a quienes de entre los suyos quisieron responder al grito "¡Gürtel!".