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El 'progresista' que siempre se entendió con la derecha

Manuel Aragón, el candidato 'bisagra', niega que Catalunya sea una nación

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En el currículum de Manuel Aragón, el magistrado del Tribunal Constitucional que ha tenido durante semanas la llave del Estatut y que ayer se sumó al bloque conservador contra el reconocimiento de Catalunya como nación, consta en lugar destacado que fue director del Centro de Estudios Constitucionales tras la llegada del PSOE al Gobierno, en 1983.

Pero hay un detalle que no suele aparecer: fue director durante casi cuatro años, sí. Pero siempre en funciones. El PSOE nunca se acabó de fiar de este jurista nacido en 1944 en Benamejí (Córdoba), muy cerca de Iznájar, el pueblo de José Montilla, presidente de la Generalitat.

El PP lo quiso para el Constitucional en 1999, pero el PSOE se opuso

A Aragón se le considera 'progresista' porque fue nombrado a propuesta del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004. Pero el episodio del Centro de Estudios Constitucionales no fue el único en que el magistrado vio truncada su proyección por la desconfianza del PSOE.

En 1999, su nombre ya circuló como candidato de consenso al Alto Tribunal. Fuentes del PP confirman que el entorno de José María Aznar llegó a darle el visto bueno. Pero los socialistas, apuntan fuentes jurídicas, prefirieron a Guillermo Jiménez, que ha sido aún más crítico con el Estatut.

Un catedrático de Derecho Constitucional lo define así: 'Es una persona de centro, amiga de hallar puntos de encuentro, lo que puede tener el efecto de ser visto con recelo por ambos lados'.

'Zapatero ya tiene a su Jiménez de Parga', auguraron juristas de izquierda

Pero hasta que Zapatero lo llevó al Constitucional, esta supuesta equidistancia le había reportado muchas más recompensas procedentes de la derecha que de la izquierda. Al Centro de Estudios Constitucionales había llegado en realidad con Francisco Murillo Ferrol bajo el paraguas de UCD y de su maestro, Francisco Rubio Llorente. Y pese a que el Gobierno del PSOE no quiso confirmarlo como director, poco después fue nombrado preceptor del príncipe Felipe, que le profesa gran admiración.

En 1996, Aragón llegó a la presidencia del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid. Fue justo después de la victoria de Alberto Ruiz Gallardón y el PP. Todo el mundo le recuerda allí como un hombre de consenso, pero sacó al PP de más de un apuro. Como cuando los sindicatos exigían que se aprobara una moción contra la guerra de Irak, un momento muy duro para los conservadores: logró convencerlos de que el CES no debía pronunciarse sobre un conflicto tan remoto.

Algo parecido había hecho en 2001, meses antes de que tocara renovar el Constitucional. En mayo publicó un artículo en Claves sobre la constitucionalidad de la Ley de Extranjería de Aznar. Y tras expresar dudas sobre el respeto al derecho de asociación, concluía: 'No puedo expresar certidumbres, sino dudas. Y soy de la opinión, reiterada en mis muchos trabajos sobre la justicia constitucional, de que in dubio, pro legislatore'.

¿Por qué lo eligió entonces Zapatero en 2004? Alguna influencia tuvo el azañismo compartido, aunque no necesariamente leído de la misma manera: Aragón, que dedicó al ex presidente en 1973 su tesis doctoral, La idea de Estado en Manuel Azaña, pone un admirativo énfasis en su vertiente más jacobina.

También tuvo que ver el lobby en favor de Aragón, que incluyó a Rubio Llorente, recién nombrado presidente del Consejo de Estado, y a Francisco Caamaño, rubista destacado y hoy ministro de Justicia.

Pero el papel más importante lo desempeñó José Miguel Vidal Zapatero, el primo del presidente y uno de sus hombres de confianza en la Moncloa. Vidal Zapatero fue durante años profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Valladolid, el gran feudo de Aragón, catedrático de referencia en la facultad cuando se incorporó Vidal Zapatero.

De esta cantera salió también Paloma Biglino, hoy directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Y su influencia llegaba hasta la Universidad de León, donde hacía sus pinitos el propio Zapatero como profesor ayudante de Derecho Constitucional.

El nombramiento, en 2004, cayó como una bomba entre los constitucionalistas próximos al PSOE, que coincidieron en el análisis: 'Zapatero ya tiene a su Jiménez de Parga'. El catedrático propulsado a la presidencia del Constitucional durante la mayoría absoluta de Aznar también había entrado al Alto Tribunal a propuesta de un Gobierno del PSOE.