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El PSE prepara el 'agur' de Ibarretxe

Los socialistas sólo ofrecerían al PNV la vicepresidencia

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La política vasca promete mucha cocina entre los partidos para los próximos meses, pero hoy por hoy el Partido Socialista de Euskadi tiene la sartén por el mango y los ingredientes necesarios (PP y UPyD) para constituir el Gobierno vasco que más o menos le plazca.

Es su segunda oportunidad después de aquella perdida en 1986, cuando fue el partido con más escaños y cedió el Gobierno vasco al PNV. Sobre aquel episodio se ha escrito mucho, pero ha dejado dos sensaciones distintas en la militancia socialista. Algunos lo recuerdan como una ocasión desperdiciada que, a la postre, acabó afianzando al nacionalismo vasco en el poder. Y otros, en cambio, guardan en la retina una imagen más amable de 1986, y cuentan que el PSE intentó formar gobierno y que, al final, tuvo que rendirse porque ninguna fuerza política de la época quiso apoyarlo.

El caso es que ni al PSE ni al PSOE se les pasa ahora por la cabeza desperdiciar esta ocasión de gobernar Euskadi. Tienen voluntad y, además, compañeros de viaje, PP y UPyD, aunque no sean sus preferidos.

Para bien o para mal, el deseo no es lo único que mueve al PSE hacia Ajuria Enea. También se siente obligado. Según las fuentes consultadas en la dirección del PSOE, los socialistas marcaron con su campaña un camino sin retorno. Prometieron un cambio a 30 años de PNV. “Y si ahora nos echáramos atrás, en las próximas elecciones vascas bajaríamos al 15% de los votos. Sería un suicidio”, cuentan. Otro factor que obliga al PSOE a seguir adelante es que le resultaría “muy difícil explicar fuera de Euskadi” una cesión a los nacionalistas, teniendo la ocasión de sustituirlos en el Gobierno vasco. Ni siquiera le preocupa en este caso tener que remar con la derecha. Ahí el Partido Socialista deberá hacer equilibrios, porque no quiere dejarse llevar en Euskadi por la política del PP y caer al final en el frentismo: “Evitar eso es fundamental”.

Lo que no va a rehuir el PSOE es el cuerpo a cuerpo en Madrid con el PNV si finalmente Iñigo Urkullu cumple su palabra de retirarle el apoyo al Gobierno de Zapatero en el Congreso. No hay color, piensan en Ferraz. Por Euskadi, por la joya de la corona, bien le merece la pena a Zapatero perder alguna votación si, en el peor de los casos, no lograra otros apoyos.

Esta es la perspectiva con la que el PSE acudirá al primer encuentro con el PNV. Por mucho que se ha publicado y especulado, otra de las cosas que tienen claro los socialistas vascos es que, de ningún modo, pedirán la cabeza de Juan José Ibarretxe como condición para llegar a un acuerdo del tipo que sea. “Este es un partido viejo y tenemos normas no escritas. Respetamos que cada partido elija a su candidato”, contestó un dirigente de la Ejecutiva del PSE, a la vez que aseguraba que el único margen que tiene el PNV de estar en el Gobierno es aceptando la Vicelehendakaritza: “Pero, no creo que entre en ese terreno”.

El PNV no contempla ahora en absoluto tal posibilidad, ni renunciar al liderazgo de Ibarretxe, máxime cuando ha salido totalmente fortalecido de las elecciones. Su fe en la Ley de Consulta le reportó severas críticas del ala más pragmática de Vizcaya en 2008, pero aquello ya es pasado y viejo. El PNV, consciente del peso de Ibarretxe, diseñó una campaña a su imagen y semejanza, y el aún lehendakari en funciones se echó el partido a la espalda para ganar de nuevo las elecciones con más de 80.000 votos de ventaja sobre Patxi López.

El cambio, pues, está al llegar. El PSE tendrá la ocasión de intentar demostrar que, como dice, Euskadi no se rompe sin el PNV. El tiempo dirá si acierta o si, al final, se le da la vuelta a la tortilla y paga los platos rotos por llegar a Ajuria Enea mediante la suma de escaños lograda tras la ilegalización del mundo de Batasuna.