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El PSOE afronta "herido" la búsqueda de un nuevo rumbo

"Es el tiempo de los militantes", proclama Zapatero ante el Comité Federal que convocó el Congreso para elegir a su sucesor

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'Los congresos del PSOE se sabe cómo empiezan, pero nunca cómo terminan'. En esta atmósfera, evocada por un veterano dirigente como una regla de su trayectoria histórica, los socialistas dieron ayer 'el primer paso hacia el futuro' tras su hundimiento electoral hasta cuotas desconocidas desde 1977.

El PSOE ha salido 'herido' de la derrota, según reconoció José Luis Rodríguez Zapatero ante un Comité Federal más largo seis horas, más prolijo 45 peticiones de palabra y con más tensión de lo que ha sido habitual en la última década, pero sin llegar ni de lejos a lo que era costumbre en tiempos de Felipe González, cuando estos sanedrínes podían llegar a durar dos días.

El Comité Federal rebaja a 25 las firmas para ser 'precandidato'

Zapatero, que aspira a garantizar la neutralidad del aparato en el proceso para su sucesión, defendió un 'debate robusto' y la 'libre elección democrática de nuestra dirección'. Y proclamó: 'Es el tiempo de los militantes'.

No será un voto directo porque las primarias sólo están previstas en los estatutos para designar candidatos electorales y su modificación compete a un congreso. El procedimiento será de democracia representativa, con los militantes eligiendo a delegados, que a su vez elegirán al nuevo secretario general, siguiendo el modelo del 35 Congreso del que surgió Zapatero.

Para abrir al máximo la competencia, se rebajó del 15 al 10% el número de avales exigidos para adquirir la condición de 'precandidato', a petición de Juan Fernando López Aguilar, portavoz en el Parlamento Europeo, y del portavoz de la corriente Izquierda Socialista, Juan Antonio Barrio. Es decir, bastará con 25 firmas de miembros del Comité Federal y podrá adquirirse esa condición hasta la víspera del comienzo del congreso.

Los partidarios de las primarias se quedan en franca minoría

Se mantiene, no obstante, la exigencia del aval del 20% de los delegados unas 200 firmas para poder formalizar la condición de candidato, firmas que habrán de recogerse en el propio cónclave. López Aguilar y Barrio pidieron que también se rebajara este requisito, pero se descartó porque ese porcentaje sí está establecido en los estatutos.

La convocatoria de primarias fue reclamada por Tomás Gómez, López Aguilar, Miguel Ángel Moratinos e Izquierda Socialista, pero encontró escaso eco porque es un modelo que siempre ha rechazado la vieja guardia y suscita toda clase de recelos en los dirigentes orgánicos. El lehendakari Patxi López fue uno de los más contuntentes al señalar que el PSOE no puede embarcarse 'en aventuras antes de fortalecer el partido porque, si no, esto se puede disolver como un azucarillo'. Lo que sí quedó abierta fue la posibilidad de aumentar los delegados, inicialmente 969.

Inquietud ante la posibilidad de que el PSOE aún no haya tocado suelo

Para algunos, el modelo elegido juega a favor de Rubalcaba porque favorece 'la fragmentación' de sus posibles contrincantes. Para otros, juega en su contra ya que, a medida que se aleja el vértigo del 20-N, 'aumentará la pulsión de cambio porque la gente sólo quiere mirar adelante y pueden surgir alternativas que ahora no se vislumbran'.

Hasta que la renovación se consume en el congreso convocado para el primer fin de semana de febrero, Zapatero emplazó al partido del que todavía es secretario general a ejercer la oposición 'con responsabilidad'. Argumentó que la situación económica 'sigue siendo muy difícil y muy grave', palabras que, por el tono en que las pronunció, fueron interpretadas por quienes las escucharon a puerta cerrada como la confirmación de que no se puede descartar que España sea intervenida por la UE.

El presidente del Gobierno en funciones sostuvo que la razón última del batacazo del PSOE ha sido la crisis, 'que no es una crisis más, sino la gran crisis, y aún tiene recorrido'. Pese al coste para su partido, sostuvo haber hecho lo que tenía que hacer: 'Hicimos lo necesario, no había alternativa. Unas elecciones se pueden perder, pero un país nunca'.

Zapatero se adelantó en su discurso inaugural a neutralizar las posibles críticas al reconocer que también se han cometido 'errores de gestión y de comunicación'. Por ahí se adentraron algunos dirigentes, como el madrileño Tomás Gómez, quien señaló que la desafección electoral no sólo proviene de la crisis, sino también de las políticas aplicadas; o el castellano-manchego José María Barreda, quien aludió a 'la pérdida de las esencias' socialdemócratas. No obstante, tras estas intervenciones la mayoría no percibió un ánimo de pasar factura personal a Zapatero.

El secretario general replicó a estas intervenciones que la resolución de la crisis 'no está en el terreno ideológico, porque los mercados no tienen ideología', aunque sí reivindicó la importancia de la acción política. En términos similares se produjo el candidato electoral, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien sostuvo que la crisis 'no golpea a los gobiernos de izquierdas, golpea a los gobiernos', aunque el votante de izquierdas sea más sensible. 'Si queréis, subís a mi despacho y os enseño las encuestas de todos estos meses. Nunca he visto una sociedad tan preocupada', apostilló.

Como en la parte final de su campaña, Rubalcaba reivindicó que el gran legado que Zapatero deja al PSOE es su 'capacidad de poner los intereses generales del país por encima de los del partido'. Del candidato electoral fue una de las afirmaciones más controvertidas, la que hizo al subrayar que si el PP 'no ha superado su techo en unas condiciones óptimas, no lo hará nunca'. Tal presunción fue puesta en cuestión por varias voces, que alertaron de que si los socialistas actúan guiados por ese pensamiento y no piensan en su suelo, pueden acabar 'en el subsuelo'.

El carril a seguir lo dejó marcado el, hoy por hoy, barón de barones: el andaluz José Antonio Griñán. Toca, según dijo, 'un nuevo proyecto, con un nuevo rumbo y un equipo intergeneracional y paritario'.