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El PSOE encaja la derrota como un "aviso" a Zapatero

La dirección socialista espera que CiU se avenga ahora a pactos en el Congreso

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Marzo de 2009: el PSOE, coaligado con el BNG, pierde el Gobierno de Galicia. Noviembre de 2010: el PSC, coaligado con ERC e ICV, pierde el Gobierno de Catalunya. Y sólo faltan seis meses para las elecciones municipales y autonómicas, antesala de las generales de 2012.

La tentación de intentar aislar la debacle en Catalunya como 'un fenómeno singular, específicamente catalán', existió en la cúpula del PSOE. Pero, ante la contundencia de la derrota, se impuso el sentido común. 'No podemos negar la realidad. Es evidente que ha sido el fracaso de un modelo de Gobierno porque bajan todos los partidos del Tripartito, pero también es evidente que hay un componente de situación general vinculado con la crisis económica', explicó a Público un alto dirigente del PSOE.

Así pues, se optó por asumir que el electorado 'nos puede estar dando un aviso y habrá que reflexionar a fondo sobre ello'. Esta impresión se vio reforzada por dos datos: la participación fue más alta que en las anteriores autonómicas y el PP no sólo sube, sino que desplaza a ERC como tercera fuerza.

Apenas se había escrutado el 23% de los votos cuando compareció el secretario de organización, Marcelino Iglesias. 'Es indudable que en esta derrota ha influido también el malestar derivado de la crisis y sus efectos, muy singularmente el desempleo', reconoció el portavoz oficial.

En la sede del PSOE se vivió la jornada con la mirada puesta en dos datos: la dimensión de la debacle del PSC, por debajo de su peor resultado histórico 33 escaños en 1980, y la de la victoria de CiU. Sin mayoría absoluta, se piensa, el PSC tendrá un margen de influencia. Pero, en todo caso, la dirección socialista se agarraba, de puertas adentro, a una mirada positiva: 'A partir de ahora será más fácil que CiU se avenga a pactos con el Gobierno de Zapatero', un apoyo que puede ser de suma importancia para acometer reformas como la de las pensiones.

Iglesias no esperó a los resultados definitivos para tender la mano al president in pectore, Artur Mas. 'Encontrará en el Gobierno de España y en el Partido Socialista la colaboración institucional y la voluntad de diálogo que siempre hemos reclamado', anticipó.

De la situación interna en el PSC, lo que más preocupa es que no se vislumbra un relevo claro para José Montilla, a diferencia de cuando él dio el salto desde la secretaría de organización al cargo de primer secretario. También inquieta el alcance que pueda tener la tensión entre las dos almas del socialismo catalán. Pero, de momento, el deseo y la impresión es que Montilla 'aguantará' hasta mayo.

Los socialistas albergan la esperanza de que la ciudadanía catalana, como ha hecho en otras ocasiones, refrende la hegemonía municipal del PSC como un factor de contrapoder al gobierno convergente en la Generalitat. 'Los candidatos municipales tienen ahora el gran reto', apuntó Iglesias. Aquel contrapeso, sin embargo, no ha existido en los últimos siete años y ahora el que está amenazado es el gobierno de PSC-ICV en Barcelona.

El seguimiento de las elecciones fue hecho en la sede del PSOE por los miembros de su comité electoral, encabezados por el vicesecretario general, José Blanco, y el secretario de organización, Marcelino Iglesias. También estuvo el vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba. Zapatero siguió el recuento desde la Moncloa.

Fuera de los muros de Ferraz, un sentimiento ambivalente recorría anoche las estructuras territoriales del PSOE. Por un lado, el alivio que produce el entierro de una alianza tan mal entendida como difícil de explicar en el resto de España. Por otro, el temor a que el severo castigo en Catalunya se extienda en mayo a las demás comunidades autónomas. Pero ayer tocaba expresar 'solidaridad' con el PSC. 'Asumimos la parte de responsabilidad que pueda correspondernos', dijo Iglesias.