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El PSOE encuentra en el debate oxígeno para su campaña

Los socialistas creen revivir tras el cara a cara y aspiran a movilizar a los progresistas para evitar al menos una mayoría absoluta del PP. Aznar irrumpe en campaña y exige a Rajoy medidas duras de inmediato

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Para saber cuándo empieza una campaña, aparentemente sólo hay que buscar la fecha en el BOE. Pero a veces este dato tan objetivo no sirve para saber cuándo empieza realmente.

Lo que está pasando ahora con el PSOE es un buen ejemplo de ello. La campaña de su candidato a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, empezó oficialmente como la de todos sus rivales, la noche del jueves a viernes con la simbólica pegada de carteles. Sin embargo, sus dirigentes sienten que la campaña de verdad empezó en realidad la noche del lunes, cuando el cara a cara con Mariano Rajoy les despertó de una pesadilla.

Con independencia del efecto que acabe teniendo en el voto, el debate ha servido a los socialistas para recargar el motor de gasolina e intentar relanzar una campaña que empezaba a parecerse demasiado a los minutos de la basura en el baloncesto.

'La única pelea que no se gana es la que no se da, las demás todas son ganables, y hoy lo es más que ayer, más que antes de ayer y más que el sábado', sintetizó ayer el propio Rubalcaba en un acto en Talavera de la Reina (Toledo), que resume bien el estado de ánimo que exhibieron ayer en multitud de actos los candidatos socialistas.

Es difícil imaginar un arranque oficial de campaña más negro que el vivido por el PSOE tras encadenar mazazos, de los datos del paro al macrosondeo del CIS, que pinta una España de azul que parecía llegar de la mano de un tsunami tan inevitable ante el que sólo cabía ya salir en estampida a buscar refugio.

Según las encuestas, el cara a cara lo ganó Rajoy, pero la batalla que libraba Rubalcaba antes del debate no era ya ganar algo quimérico con 17 puntos y 79 escaños por debajo, según el CIS, sino mantener viva la gran incógnita aún por despejar: si Rajoy logra o no la mayoría absoluta.

Es pensando en esta segunda incógnita con enormes implicaciones también para el PSOE porque de ello puede depender que Rubalcaba asuma la secretaría general del partido como el candidato socialista afrontó el debate.

Y para este enfoque, que aspira a movilizar a los progresistas desencantados que ahora son carne de abstención, ni siquiera debió de importarle presentar a su rival casi como si ya fuera presidente porque ello le permitía hacer más creíble aún que Rajoy y su supuesto 'programa oculto' están a un paso de la Moncloa.

La audiencia del debate fue algo inferior a la de 2008, pero igualmente muy importante: 12 millones de espectadores (54% de cuota de pantalla), además de otros 11 millones que en algún momento se asomaron a la ventana televisiva. Una oportunidad única que el PSOE cree haber aprovechado para reabrir al menos el debate sobre la mayoría absoluta del PP, lo que en sí mismo ya puede tener un efecto movilizador para intentar evitarla.

La derecha celebró ayer que todas las encuestas dan a Rajoy ganador del debate, aunque por una diferencia de entre cinco y diez puntos, muy inferior a la que le asignan los sondeos en intención de voto. Y el propio candidato siguió el filón sobre su supuesto 'programa oculto', aunque para insistir una vez más que las insinuaciones de su rival son 'insidias': 'No voy a hacer una campaña de insidias, pido que se trate a los españoles como lo que son: personas adultas e inteligentes', insistió en Melilla.

Pero los socialistas se encontraron con un aliado inesperado que les facilita dar continuidad a su gran apuesta para intentar despertar a sus votantes durmientes: justo ayer, tras el cara a cara del 'programa oculto', irrumpió en campaña el expresidente José María Aznar.

El expresidente ve a España como un país'intervenido' y en 'bancarrota'

El hoy presidente de honor del PP es uno de los políticos más admirados en la derecha, pero al mismo tiempo ha sido también un catalizador para la movilización de la izquierda. Para esta campaña, Rajoy no ha programado ningún acto juntos.

Aznar no sólo debutó ayer con programa doble, en León y en Palencia, sino que contribuyó a alimentar la hipótesis del 'programa oculto': 'España no tiene tiempo para cien días de cortesía, para luna de miel. Tenemos que tomar decisiones nada más llegar porque el mundo entero está pendiente de las decisiones que tomemos', advirtió el expresidente.

El PP no ha hecho público ningún plan sobre las medidas que tomará en los cien primeros días si llega al Gobierno, salvo un vago compromiso de Rajoy de impulsar tres leyes: de estabilidad presupuestaria, de austeridad y eficiencia de las administraciones públicas, y de transparencia.

Aznar no explicitó ayer qué tipo de medidas estaba sugiriendo, pero habló de España como un país 'intervenido' y en 'bancarrota'. En consecuencia, los deberes que encargó a su sucesor implicarían necesariamente la adopción de medidas drásticas impopulares: dio por descontado que Rajoy no disfrutará de la 'luna de miel' de la que se beneficia todo nuevo gobernante.

Por si había dudas de que Aznar estaba hablando de duros recortes, añadió: 'Cuando he escuchado decir que quieren una moratoria de dos años [en el plazo para reducir el déficit público], me he preguntado: ¿quieren rematar la bancarrota?'.

Una candidata del PP retira de su web una foto manipulada y ofensiva de Chacon

A su juicio, España era 'un país querido, respetado y admirado, que prácticamente tocaba el cielo del éxito con los dedos' y los socialistas lo han llevado 'al agujero'.

La imagen del PP duro que el PSOE trata de desenmascarar mientras Rajoy muestra un perfil cada vez más moderado lo expresó ayer la exconcejal en Palma de Mallorca Francisca Pol, ahora candidata suplente al Senado: colgó en Facebook una foto manipulada de la ministra de Defensa y cabeza de lista del PSC en Barcelona, Carme Chacon, enseñando un pecho rodeada de militares en Afganistán. Con el texto: 'Lo que tiene que hacer una ministra del PSOE para ganar votos'.

La directora de campaña del PSOE, Elena Valenciano, exigió su dimisión y emplazó a Rajoy a desautorizarla 'por la gravísima falta de respeto a todas las mujeres'.

Ante la avalancha de quejas, Pol retiró la foto y pidió perdón. Pero borrar lo sucedido era ya imposible.