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Rajoy busca reconciliarse con los catalanes

Asegura que es la hora del sentido común y el fin de las extravagancias

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La meta del líder del PP, Mariano Rajoy, para las elecciones catalanas es recuperar voto de cara a las generales. La de su candidata, Alicia Sánchez-Camacho, es lograr que los electores desencantados con José Luis Rodríguez Zapatero y el Tripartito apuesten antes por ella que por CiU.

Ayer, ambos dirigentes unieron sus fuerzas en la cena-mitin que se celebró en el pabellón de L'Illa en Barcelona. El acto sirvió para la tradicional pegada de carteles con la que arrancó la campaña. Los dos acudieron con un objetivo común: vender que el cambio político en España comienza en Catalunya y pedir que el próximo 28 de noviembre se visualice en las urnas el castigo a la gestión del presidente del Gobierno. El jefe del principal partido de la oposición aprovechó anoche la ocasión para cargar en su contra. 'Nosotros no engañamos como él', afirmó ante sus militantes.

También tuvo palabras para el Tripartito. A su juicio, está 'acabado'. 'Cayó como un castillo de naipes, se disolvió como un triste azucarillo. Es pasado y ahora toca futuro', señaló, presentando a Camacho 'como la ilusión frente al aburrimiento'. 'Es el soplo de aire fresco que necesitaba la política catalana', concluyó. Rajoy dijo también que Catalunya necesita 'unión y no división'. E insistió en la idea de que a partir de ahora lo que hace falta es 'sentido común y no extravagancias'.

Lejos queda ya la imagen de Rajoy en 2006 llevando al Congreso más de 800 cajas que, según él, contenían más de cuatro millones de firmas contra el Estatut. Ahora, con el recurso que el PP presentó ante el Tribunal Constitucional ya resuelto, la derecha desea no abordar ese capítulo y prefiere centrarse en la crisis económica, el paro, la seguridad ciudadana y la inmigracion (el PP cree que después de las catalanas el Gobierno llevará a cabo una regularización masiva). Además de en las empresas. 'Las pymes tienen en el PP a su valedor', proclamó Rajoy.

El líder de la oposición no se juega, en esta ocasión, un Gobierno como en las gallegas, pero necesita 'reconciliarse' con la sociedad catalana y ensayar la estrategia que le pueda encaminar hacia la Moncloa en 2012.

Por su parte, el PP catalán aspira a convertirse en tercera fuerza política (arrebatándole ese espacio a Esquerra Republicana), a crecer en número de escaños (en la actualidad cuenta con 14) y, por supuesto, a transformarse en una marca 'decisiva'.

Algunos cargos del PP sueñan con que se repita la situación del País Vasco de 2009. Sus sondeos internos les dicen que Artur Mas, el candidato de Convergència i Unió, no logrará la mayoría absoluta y piensan que podrían convertirse en 'la llave' que abra la puerta del Govern.

Durante su discurso, Camacho alertó sobre socialistas y convergentes 'que quieren lo mismo: más nacionalismo, más prohibiciones y más burocracia'.