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Rajoy se embala y proclama que ya se ve ganador el 20-N

La euforia se apodera del PP tras la ola de sondeos que augura una histórica mayoría absoluta conservadora y el descalabro del PSOE. Rubalcaba: "Los escaños no los deciden las encuestas ni los mercados"

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Cualquier manual de campaña recomienda al candidato que marcha por delante extremar la cautela para evitar que cantar victoria antes de hora acabe desmovilizando a parte de su electorado: ¿para qué tomarse la molestia de ir a votar si ya está claro que tu candidato gana?

Pese a ello, y pese a la enorme disciplina que se había autoimpuesto para no separarse ni un milímetro del plan de campaña diseñada por sus gurús, el candidato conservador, Mariano Rajoy, se embaló ayer en Valencia e hizo amago de levantar el trofeo a mitad del partido, sin esperar al silbato final: 'Creo que vamos a ganar las elecciones, lo creo y lo digo', proclamó el líder del PP ante las 20.000 personas que le vitoreaban en la plaza de toros.

El subidón del candidato conservador, que en 2004 y 2008 se veía a un paso de la Moncloa y fue derrotado por José Luis Rodríguez Zapatero, se explica sobre todo por la rotundidad unánime de los sondeos difundidos ayer: seis encuestas publicadas por otros tantos periódicos auguraban la mayoría absoluta del PP en una horquilla que va de 184 a 198 escaños, siempre más allá de la mayoría absoluta (176) y también del resultado histórico para la derecha en democracia de José María Aznar en 2000 (183 diputados).

Las encuestas también coincidían en situar a los socialistas en niveles parecidos al inicio de la Transición, cuando a su izquierda aún operaba un Partido Comunista muy potente, y siempre por debajo de los 125 escaños que obtuvo Joaquín Almunia en 2000, suelo del PSOE y frontera que separa para los socialistas un mal resultado de una pesadilla. Sólo uno de los seis sondeos colocaba al candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, en los mismos escaños conseguidos por el hoy comisario europeo. Todos los demás le situaban más abajo, hasta llegar a las profundidades donde le dejó El País, que en el peor escenario le asigna apenas 110 escaños.

Las encuestas confirman pues el terreno de juego que en el arranque de la campaña apuntó el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El sondeo del organismo público fue duramente criticado por el portavoz del PP, Esteban González Pons, quien aseguró que había sido 'cocinado' para desmovilizar a los simpatizantes del PP y favorecer al PSOE.

El 15-M llama a la puerta de la campaña y reúne a 5.000 manifestantes

Ayer, nadie en el PP arremetió contra las supuestas intenciones ocultas de los sondeos de los periódicos, aunque varios de sus candidatos redoblaron los llamamientos a la cautela 'las encuestas son como las setas y hay algunas venenosas', advirtió Jorge Moragas, pasando por alto que su candidato a la presidencia del Gobierno había empezado ya la vuelta al ruedo en el coso valenciano.

Los sondeos de ayer fueron un gran mazazo para los socialistas, que no vieron confirmado su argumento de que la campaña está logrando movilizar a parte de los progresistas desencantados.

Pese a la unanimidad de las encuestas publicadas, el secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, insistió en la validez de la tendencia que supuestamente registran sus sondeos internos: cifró en 8,9 puntos la distancia que separa al PSOE del PP. Esta diferencia sí permitiría a los socialistas alimentar el paralelismo con 1996, cuando Felipe González, que ayer volvió a acompañar en un mitin a Rubalcaba, protagonizó una espectacular remontada en campaña y acabó perdiendo por sólo un punto.

La directora de la campaña socialista, Elena Valenciano, trató de mantener el misterio anunciando 'novedades' para el tramo final de campaña. Y Rubalcaba, que desde hoy intensificará su campaña con mítines express en localidades de paso hacia los grandes actos programados, subrayó que una semana en política 'es una eternidad'. 'Los escaños no los deciden ni las encuestas ni los mercados', afirmó.

La gran esperanza de los socialistas sigue siendo movilizar a los indecisos, esa enorme bolsa de electores que en esta ocasión se nutre básicamente de progresistas desencantados con el PSOE tras el giro impuesto por la UE en mayo de 2010. Sin embargo, la evolución de esta variable es especialmente difícil de medir en los sondeos preelectorales, según advierte Belén Barreiro, exdirectora del CIS.

'Lo normal es que un elector que se mueva en el dilema entre castigar al PSOE y el miedo al PP no lo resuelva en una encuesta, sino en el momento de votar', explica Barreiro. Y añade: 'Lo más probable es pues que en la encuesta siga constando como indeciso o que opte por el castigo porque opinar en un sondeo no tiene las implicaciones que sí tiene el voto'.

Por tanto, con independencia de que el fenómeno con el que sueña el PSOE vaya a producirse o no, es demasiado pronto para que quede registrado.

Pese a ello, Fernando Valles-pín, también exdirector del CIS, considera que las posibilidades de que el PSOE derrote a los sondeos y logre realmente movilizar a la legión de progresistas desencantados son muy escasas.

Los expertos avisan de la dificultad de medir la evolución de los indecisos Vallespín aporta tres argumentos: cree que la bola de nieve del cambio suele decantar a los indecisos a favor de la opción ganadora, que la derecha 'ya no da miedo' y que el Movimiento 15-M, que ayer llamó a la puerta de la campaña con 5.000 manifestantes en Madrid siguiendo el esquema de las municipales de mayo, facilita en su opinión que votantes del PSOE desencantados 'puedan quedarse en casa el 20-N sin cargo de conciencia'.

En cambio, Vallespín sí cree que los socialistas tienen margen para recuperar votos que en las encuestas se dirigen hacia Izquierda Unida (IU), víctima del llamado voto útil en el último momento. Se basa en la llamada ley Arango, en referencia al sociólogo Joaquín Arango: 'IU sube 364 días al año: todos, menos el día de las elecciones'.

La batalla electoral entre el PSOE e IU registró ayer precisamente su jornada más cruenta, con Felipe González evocando la pinza y Cayo Lara 'mirando a los ojos' a los votantes socialistas para que retiren su apoyo 'a los recortadores del PSOE'.

Y mientras tanto, Rajoy avistaba el trofeo en la plaza de toros de Valencia.