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Rajoy tilda de "pasitos" las reformas de Zapatero

El PSOE acusa al líder del PP de "apuñalar" a España frente a la UE 

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La incertidumbre económica y electoral marcaron, en el hemiciclo y en el patio, la última sesión plenaria del Congreso en este curso político.

Celebrada a petición del Gobierno para informar de la cumbre del Eurogrupo de la semana pasada, derivó en un debate de repesca del que tuvo lugar a finales de junio sobre el estado de la nación. Tan fue así que los portavoces de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, y del PNV, Josu Erkoreka, cedieron los trastos a sus lugartenientes y ni se dejaron ver por la carrera de San Jerónimo.

El líder de la oposición, Mariano Rajoy, ensayó nuevas versiones de la canción política del año. 'Lo malo de los epílogos es que paralizan todas las actividades del país hasta que se produzca el cambio, y hay situaciones que, cuanto más breves sean, mejor parecen', dijo como colofón a una intervención en la que afirmó que del 'Gobierno crepuscular' de José Luis Rodríguez Zapatero 'no se espera más novedad que la fecha de las elecciones'.

Pero, salvo que salte la sorpresa, Rajoy tendrá que seguir esperando, al menos hasta septiembre. Aunque las expectativas se han vuelto a disparar con la rueda de prensa que el presidente protagonizará mañana para hacer su habitual balance semestral, fuentes gubernamentales reiteraron ayer que no habrá decisión hasta la vuelta de las vacaciones. Será entonces cuando se decida entre el 27 de noviembre o el 4 de marzo, las dos fechas que están sobre la mesa.

Para reforzar la imagen del pinchazo en hueso de Rajoy, los socialistas hicieron coincidir con el debate la divulgación del último barómetro del CIS, que festejaron como fruto del 'efecto Rubalcaba'. El que se buscó ayer fue el mismo que tienen los goles marcados al filo del descanso, un revulsivo anímico antes de irse al vestuario, aunque el equipo que anote el tanto siga por detrás en el marcador. 'Cada vez estamos más animados y con mejores expectativas', fue cuanto dijo Zapatero a Rajoy como respuesta a sus peticiones de adelanto electoral.

Para justificar su insistencia en acelerar los tiempos políticos tras el vendaval del 22-M, Rajoy sostuvo que España no es 'como Grecia', pero 'está en la enfermería de la zona euro' y 'no puede seguir pagando' los altos tipos de interés derivados del diferencial con el bono alemán. Su receta, aunque escrita con letra ilegible, sonó a tratamiento de choque. Es 'actuar aquí y ahora con determinación' porque, según dijo, las reformas acometidas hasta ahora sólo han sido 'pasitos'.

Tras el habitual juego de los números, en el que nuncacoinciden los datos del líder de la oposición con los del presidente el Gobierno, fue el portavoz del Grupo Socialista, José Antonio Alonso, quien puso letra al sentir de la bancada que soporta al Gobierno: 'Lo que dice el señor Rajoy es mentira y constituye una puñalada política a España porque pone en cuestión la fiabilidad el país'. Zapatero, más comedido como acostumbra, también clavó su puya: '¿Tiene usted un proyecto de país o un proyecto que cambia cada día? Una alternativa política se construye con un poco más de capacidad de trabajo y de compromiso con el país'.

Se valió el presidente del intento del PP de endosar al Gobierno el déficit de las comunidades autónomas cuando Rajoy clama contra el del Estado. 'Ser cumplidores de nuestro compromiso de reducción del déficit es lo que más credibilidad nos ha aportado en los últimos meses', sentenció el presidente. Y frente a las críticas ante el segundo rescate de Grecia, advirtió de que la alternativa serían los corralitos de Argentina en 2001, 'el desastre más absoluto' para la Unión Europea.