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Regreso al abismo

Ni el cambio de Gobierno ni el efecto 'Rubalcaba' han mejorado las perspectivas del PSOE

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Los efectos positivos del cambio de Gobierno parecen haberse amortizado rápidamente. Las tendencias de voto, que habían subido cuatro puntos para los socialistas, han vuelto a bajar inmediatamente tres. Los conservadores suben dos puntos y, aunque solo sea por unas décimas, se sitúan en su nivel más alto con la sencilla táctica de alternar a Don Tancredo con Don Cicuta, mientras el país y el Gobierno se debaten agónicamente con la crisis.

Como era de esperar, los cambios de cara sin cambios de políticas han resultado evanescentes y el efecto Rubalcaba se ha agotado sin mejorar en nada ni las perspectivas electorales del partido de Gobierno ni las valoraciones de quien lo preside.

Los simpatizantes del PSOE se han distanciado de la política y no quieren saber nada de ella

La valoración de José Luis Rodríguez Zapatero vuelve a caer a su nivel más bajo ya muy, muy bajo y las intenciones de voto declaradas a favor de los socialistas alcanzan su mínimo histórico. Once puntos de diferencia del PP sobre el PSOE en la intención declarada de voto sitúan al partido del Gobierno al borde del abismo electoral. Esa diferencia ya se alcanzó en octubre, cuando todos los indicadores parecían haber tocado fondo, y ahora se vuelve a ella tras la transitoria mejoría de noviembre, consecutiva al cambio de gobierno.

Pero quizás el mayor problema no está en la disminución de intenciones de voto, que es lógico que bajen para quien gobierna en una coyuntura tan desfavorable como esta, sino en las pérdidas de voto que sufre el PSOE en los sectores fundamentales de su clientela electoral. Entre los jóvenes, el PP gana al PSOE por 27% a 20%; entre los estudiantes, por 17% a 15%; entre los parados, por 27% a 23%; entre los obreros, por 24% a 21%.

De convocarse elecciones en el contexto actual, la participación no sería mayor del 65%

Hay un indicador menos coyuntural que la intención de voto que da idea de la gravedad del problema que tiene el Gobierno socialista en la actualidad, tras estos dos años de deterioro de su imagen. Es el del rechazo que los electores declaran sentir hacia los partidos. Se entiende que un elector rechaza a un partido cuando excluye la posibilidad de votarle, diciendo que 'no lo votaría, con seguridad'. En ese indicador la relación entre PSOE y PP siempre ha sido muy favorable al primero. Incluso en la época en la que Aznar ganaba por mayoría absoluta las elecciones, a principios de esta década, los rechazos a su partido duplicaban los que sufría el PSOE, pese a la debilidad de su imagen en aquella época. Y antes de las elecciones de 2004 las encuestas constataban un nivel de rechazo al PP que casi triplicaba el del PSOE entre 30-32% de los electores decían rechazar a aquél y 10-12% a este. Todavía en diciembre de 2008 los porcentajes de rechazo eran del 32% y el 15%, respectivamente.

En la actualidad, la tasa de rechazo al PP continúa siendo prácticamente la misma (32,4% en el Publiscopio de este mes), pero la del PSOE (24,1%) se ha duplicado respecto a su nivel histórico. Hay que tener en cuenta que el rechazo no es simplemente la improbabilidad de votar a un partido, sino una declaración de antipatía política, su exclusión del campo de la decisión de voto.

El PP siempre ha sido un partido antipático para un sector amplio del electorado, con un porcentaje de rechazo alto, aun cuando encabezaba las tendencias de voto o ganaba las elecciones. En cambio, el PSOE siempre ha sido un partido con nivel de rechazo bajo, aunque se le votase poco. Ahora, la situación del PP sigue siendo la misma, pero la del PSOE ha cambiado y va haciéndose un partido antipático, una opción excluida para una porción creciente del electorado.

También la evolución del indicador de simpatía da pruebas del desapego que sufre el Gobierno. El porcentaje de electores que dicen sentirse identificados con las ideas del PSOE o simpatizar más con este partido que con cualquier otro está ahora en su nivel más bajo, cayendo dos puntos en el último mes y seis en el lapso de esta legislatura. Esas pérdidas, aunque puedan parecer relativamente reducidas en comparación con las de otros indicadores, son importantes porque este indicador suele ser mucho más estable que cualquier otro, ya que la identificación con los partidos no cambia fácilmente.

Puede verse en las simpatías declaradas a favor del Partido Popular, que no han variado del 22-23% en los dos últimos años, salvo fluctuaciones transitorias poco significativas. Lo que ha sucedido con los simpatizantes socialistas no es que hayan pasado a identificarse con otro partido, sino, sobre todo, que se han retraído de la política y no quieren saber nada con ella. Es muy significativo el hecho de que el porcentaje de entrevistados que dicen en los Publiscopios no tener simpatía por ningún partido ha crecido en ocho puntos desde enero de 2009, pasando del 26% al 34,2% en la actualidad.

Otro dato de los últimos Publiscopios que resulta revelador del clima actual del electorado es el elevado nivel de indecisión y de intención de abstenerse.

En las encuestas del último año, sólo alrededor de un 60% de los entrevistados declaraban intenciones de voto a partidos. Y los que dicen que están decididos a abstenerse en las próximas elecciones generales que siempre son muchos menos que los que efectivamente se abstienen han alcanzado el máximo este mes, creciendo en siete puntos desde enero de 2009, del 11,3% al 18,2%.

Con las tendencias actuales, no se podría contar con más de un 65% de participación en unas elecciones generales que se convocasen ahora, lo que sería la tasa de abstención más alta en este tipo de elecciones en toda la historia de la democracia española.