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La 'res cogitans' y olé

Mover la materia es la idea sobre la que se asienta la participación de intelectuales en política

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El 101º Escuadrón de Bombarderos de la Fuerza Aérea Británica exhibía, durante la II Guerra Mundial, un lema extraído de la Eneida, de Virgilio. 'Mens agitat molem'. La mente mueve la materia. Esa es, más o menos, la idea básica sobre la que se asienta la participación de los intelectuales en las campañas políticas. La esperanza de que sus mentes consigan mover los matéricos culos de los votantes hasta la papeleta correcta. Para los lectores más jóvenes, explicar que un intelectual era un señor del siglo XX que aspiraba a influir en los poderes basados en el acero, el petróleo y el oro, mediante el uso de la palabra. Y a veces lo conseguían. Eran, para entendernos, como los community managers pero más lentorros.

En estas elecciones los artistas e intelectuales han estado bastante plof, de bajona. Algunos han pedido el voto, otros han expresado buenos deseos y poca cosa más. Después de lo de Teddy, buena parte del stablishment cantante no está para entonar el coro de Nabucco. Mientras, el escritor español, entre buscar datos sobre vizcondes leoneses para la novela histórica y remover la prensa republicana en busca de una nueva epopeya sobre la Guerra Civil, se le pasa el presente que es una barbaridad.

En estas elecciones los artistas e intelectuales han estado bastante 'plof'

Aun así, ha habido movida. La Ceja se ha corrido un pasito hacia la izquierda y ha pedido el voto para IU. Aunque parezca que haya pasado un milenio, aparecieron en 2008. Cantaban entonces a la alegría, basándose en un poema del impepinable Benedetti. En uno de sus versos, Víctor Manuel clamaba a 'la alegría contra los cenizos'. Era el año del aterrizaje suave, del brote verde y del 'esto lo arreglamos entre todos'. Visión de futuro, le llaman.

Pero en el PSOE lo han vuelto a intentar. Sin repetir, eso sí, lo de la ceja, que en el caso de RbCb sería los de la calva. Se bautizaron, en un acto de realismo, como Ojalá, y me extrañó mucho que la Caverna no destacase el origen árabe de la palabra (inshallah) para vincularlos a todos con Al Qaeda.

Sobre la intelectualidad afín al PP, no me extenderé demasiado. No porque no quiera, sino porque no se puede. Y eso que la Península se va a teñir de azul y de que la privatización de canales autonómicos va a suponer ingentes cuencos de sopa boba para nuestro típico Tertuliano de Alfarache, el pícaro de las ondas. Sin embargo, la derecha no consigue tener a sus cerebros bajo control. Se le van pendiente abajo, directos al siglo XVII. Ciego perdido de ese cóctel de Umbral y Emilio Campmany que se toma a chupitos en el piano bar, el pensador castizo escribe muy raro (mamandurria, paniaguado) y grita demasiado alto.

La derecha no logra tener a sus cerebros bajo control, se le van pendiente abajo Nada que ver con ese gran asilo de cerebros que es UPyD. Rosa Díez es como Federico II de Prusia, protector de las artes. Y así, la sede del partido, se ha convertido en un remedo de Sanssouci, palacio prusiano donde Voltaire y otros diseñaban el Estado centralista, ilustrado y dirigista. Un rollo muy del XVIII, como les gusta a ellos. Vargas Llosa, Pombo, Savater ¡Chúpate esa, Pericles!

El español de pocas luces y menos enchufes, siempre sospecha de tanta adhesión partidista del pensante español. En los últimos 30 años, con decir que defendías la democracia, uno ya podía ir tirando por el mundo de las ideas. Aunque más que ideas, siempre ha sido mejor tener amigos. Como dijo la ministra Sinde en TVE el 17 de febrero de 2011: 'Hay que tener muy claro el yo del nosotros () los políticos, la clase política sí lo tienen claro'. El yo del nosotros ¿No querría decir eso de 'Tú, de los míos'? ¡Chúpate esa Heidegger!

Ay, cómo añoramos a esos intelectuales de nuestra República, que hacían de todo por agradar a su público, hasta meterlo en una guerra. Como bien advirtió Unamuno: '¡Cuidado con Azaña! que es escritor sin lectores y no dudará en hacer una revolución para tenerlos'.

En los aviones del 101º Escuadrón solían viajar judíos alemanes que se dedicaban a interferir las radios nazis con instrucciones y mensajes absurdos. Aquí, los que piensan, también suelen optar más por la interferencia que por el mensaje alto y claro.