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"Va a revisiones y aún se vacuna, pero está recuperado"

El pequeño Andrés ya hace vida normal

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La vida le ha enseñado a Andrés Mariscal que 'lo primero es la salud'. 'Porque lo que es el trabajo está difícil', dice, con buen humor. 'Ahora trabajo de camionero, pero poquilla cosa, poquilla. Y mi mujer no trabaja, qué va'. Pero para él son preocupaciones menores. Las grandes eran otras. 'Y afortunadamente esas las vamos olvidando', cuenta en conversación telefónica. Andrés se refiere a la salud de su hijo mayor.

Andrés hijo fue el primer niño en el mundo curado de la beta-talasemia mayor, que le impedía la producción de glóbulos rojos. Las células madre de la sangre del cordón umbilical de su hermano Javier, seleccionado géneticamente, curaron la médula de Andrés en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. El tratamiento empezó en 2008 y el niño está hoy 'estupendamente'. 'Está bien, completamente recuperado. Tiene que ir a pequeñas revisiones, y se sigue vacunando. Fue como volver a nacer, le vaciaron toda la médula. Ahí lo perdió todo. Pero ya está terminando. Está recuperado', cuenta su padre.

Andrés tiene ahora 9 años. Su hermano Javier tiene 3. No se llevan ni bien ni mal, como corresponde a dos niños de 9 y 3 años. 'Andrés hace vida normal. Ha dado un cambio horroroso [en sentido positivo], va al colegio como cualquier chiquillo. ¡Lo mejor es que no se tiene que poner sangre!', añade.

Una analítica en el hospital de Algeciras Punta de Europa confirmó las peores sospechas médicas en 2002. Andrés no sobreviviría más allá de los 35 años y necesitaría transfusiones de sangre continuas. Recibió una cada tres semanas durante siete años. Fueron centenares. Su padre lo recuerda como lo peor. Y eso que los primeros años de vida de su hijo mayor tuvieron mucho de calvario. 'Le tuvieron que poner un catéter bajo la piel, porque con cuatro meses, al intentar pincharle, ya no le encontraban la vena, eran callos', contaba Andrés a Público en marzo de 2009, cuando su hijo empezaba a dar las primeras muestras de mejoría. Un año después de colocarle el catéter, tuvieron que operarlo y ponerle otro, porque se le rompió. Las transfusiones generaban en el cuerpo de Andrés un exceso de hierro. Andrés tenía que dormir enganchado por la barriga a una bomba de infusión, un aparato que permite la inyección intravenosa continua de medicamentos.

Su hermano menor, Javier, fue la solución. 'Hoy he visto por la televisión este caso [el de Melania y Antonio, los padres de Estrella]. Me he llevado una alegría enorme, que me dura todo el día. Los vellos de punta. Ha sido como revivirlo todo. Mi mujer [Soledad Puertas] ha llamado a una amiga y la han puesto por teléfono con la habitación. Ha hablado con ellos', cuenta. ¿Y de qué han hablado? 'Tú sabes, pues dar ánimos, lo normal'. A sus 40 años, se ve reflejado en Antonio y Melania. 'Están como estábamos nosotros, asustados por las cámaras, nerviosos. Pero que tengan ánimo. Seguro que va bien. Allí hay unos médicos increíbles'.

Por cierto pregunta el periodista, que usted decía entonces que si finalmente en la Iglesia no querían bautizar a su hijo menor porque desaprobaban la forma en que fue concebido, usted mismo lo bautizaría en un chorro. ¿En qué quedó aquello?

'Sí, bueno, es que como se dijeron tantas cosas, pues ganas me dieron de bautizarlo en un chorro que hay en mi barrio, aquí en Algeciras. Pero no hizo falta, lo bautizaron al final. Y ahora el mayor hace la comunión.