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Revuelta saharaui tras la destrucción de sus jaimas

Las fuerzas de seguridad marroquíes atacan de madrugada el Campamento Dignidad y causan al menos siete muertos. Los jóvenes levantan barricadas en El Aaiún después del asalto militar 

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Las calles de El Aaiún anochecieron ayer tomadas por militares y policías marroquíes que intentaban contener los disturbios que se sucedieron en la capital del Sáhara Occidental después de que Marruecos arrasara a primera hora de la mañana el campamento de Gdem Izik. Allí, desde hace un mes, más de 20.000 saharauis reclamaban pacíficamente justicia, trabajo y vivienda en su propia tierra.

Según el delegado del Frente Polisario en España, Bucharaya Beyún, 'entre siete y 12 saharauis' lo han pagado con su vida. Un extremo confirmado por un testigo saharaui que aseguró a Público haber visto los cuerpos sin vida de siete civiles. Varias decenas de personas resultaron también heridas y 65 acabaron en los calabozos marroquíes.

Rabat dice que cinco de sus agentes perdieron ayer la vida

Marruecos negó ayer la muerte de civiles, incluso el único fallecimiento ya confirmado: el de Dabi el Gargar, un hombre de 35 años al que un coche de policía atropelló en la céntrica Avenida Esmara de El Aaiún. Para Rabat, las únicas víctimas de ayer fueron cinco de los suyos: dos gendarmes, un miembro de las fuerzas auxiliares y un bombero, que murieron durante el asalto al campamento, mientras que el quinto, también agente de las fuerzas auxiliares, fue apuñalado después en El Aaiún, según la agencia oficial marroquí MAP.

Ni los mismos saharauis sabían cuántos compatriotas habían perecido en el ataque, al cierre de esta edición. Muchos de los miles de personas dispersados por las fuerzas de seguridad marroquíes tuvieron que volver a pie a la ciudad, a unos 15 kilómetros, incluidos niños y ancianos; muchas familias tenían aún la esperanza de ver aparecer a sus seres queridos, que por la tarde seguían desaparecidos.

La intervención de las fuerzas de seguridad no sorprendió del todo a los habitantes del campamento. Desde hacía días, se venía alertando de un ataque inminente. Y este tuvo lugar por fin cuando apenas el sol se había alzado sobre el horizonte, a las 6.45 de la mañana (una hora más en España). El estruendo de los helicópteros despertó a muchos saha-rauis, a los que se conminó a salir de las jaimas, mientras cientos de antidisturbios y gendarmes rodeaban el lugar.

Marruecos impide viajar al Sáhara a los periodistas occidentales

A los que se negaron a abandonar la zona, les cayó una lluvia de gases lacrimógenos y agua caliente, lanzada desde los helicópteros, mientras los antidisturbios entraban y sacaban a golpes de porra a los saharauis de sus tiendas nómadas. Muchas de ellas empezaron a arder y al poco ya sólo quedaba un erial cubierto de trozos de lona carbonizados en el lugar donde llegó a haber hasta 7.000 jaimas.

El wali (gobernador civil) de El Aaiún, Mohamed Guelmous, justificó el uso de 'botellas incendiarias' por las fuerzas de seguridad asegurando que los agentes sólo pretendían arrestar 'pacíficamente a elementos fuera de la ley'.

Mientras muchos saharauis regresaban a la ciudad a pie, densas columnas de humo manchaban el horizonte. Muchos jóvenes habían salido a la calle para esperar a sus familiares, pero pronto se vieron bloqueados: 'Queríamos ir a ver cómo estaban nuestras gentes y a recogerlas', explicó un saharaui desde El Aaiún. Pero la policía ya había bloqueado a las 8 de la mañana la carretera a Esmara para impedir el acceso al campamento y el primer control de policía estaba férreamente custodiado. Indignados tras conocer el asalto, los jóvenes montaron barricadas y quemaron neumáticosen la Avenida Esmara.

Anoche, varios coches ardían aún y alguna gasolinera era también pasto de las llamas. Numerosos edificios oficiales, como el Tribunal de Justicia, resultaron dañados.

Activistas de la organización Resistencia Saharaui explicaron luego a Público que 'colonos marroquíes incitados por la policía' estaban intentando penetrar en las casas de los saharauis para saquearlas y agredir a sus moradores.

Marruecos dejó también claro que no quiere testigos. Doce periodistas (nueve de ellos españoles) no pudieron ayer volar de Casablanca a El Aaiún porque, según Royal Air Maroc, el robot de la compañía había 'cancelado las reservas de los billetes'. Otra aerolínea, Binter Canarias, anunció también que ha cancelado al menos hasta el viernes los vuelos entre Gran Canaria y la capital saharaui a causa de los disturbios.

Marruecos y el Polisario mantuvieron la reunión informal de Nueva York para decidir si vuelven a sentarse a la mesa de negociación. Pero tras el ataque de ayer al Campamento Dignidad la solución parece más lejos que nunca.

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