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"El rey dice que son cosas de Iñaki, no suyas"

Pilar Urbano. Periodista y escritora. Autora de 'El precio del trono'

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Tras la polémica que provocaron las declaraciones de la reina Sofía en su anterior libro, Pilar Urbano (Valencia, 1940) publica ahora El precio del trono (Planeta), un recorrido por el camino de regreso de la monarquía en clave de periodismo de investigación, con sorprendentes revelaciones, como la supuesta implicación de la CIA en el atentado de ETA que mató a Carrero Blanco, facilitando a la banda un potente explosivo.

¿Qué precio pagó Juan Carlos por ocupar el trono?

'El rey se sometió a Franco, puenteó a su padre y se doblegó a Washington'

El precio político fue someterse a Franco, puentear a su padre y doblegarse a Washington. El precio humano: vivir en una coexistencia esquizoide entre la corte del Pardo y la de Estoril, dos mundos hostiles entre sí. Es becario, pupilo, aprendiz, príncipe criado por Franco, artesanía de Franco, le guste o no, el rey de Franco, jugando a la ausencia de su padre. A Carrillo le dijo: 'Llevo 27 años haciéndome el tonto' y él le contestó: 'Pues hay que ser muy listo para eso'. Viendo con Miterrand una foto en la que aparecía detrás de Franco, le dijo: '¿Qué cara de tonto se le queda a uno cuando espera, verdad?'.

¿Por qué pagó ese precio?

Para los príncipes, reinar es su deber, su norte, la única pasión Desde el año 43, Franco había descartado a don Juan. En el 47, con la Ley de Sucesión, ya sabe que es el elegido. Franco empieza a tratarle como el heredero. Cuando se casa y viene aquí con Sofía ella le dice: 'A Franco le brillan los ojillos cuando te ve'. Él empieza a tener la percepción de que va a ser él y no su padre. Quiere salvar el trono en legitimidad. Es una norma muy monárquica que en la República no se entiende. Hay una tradición de heredar familiarmente.

'Juan Carlos es el único que sobrevive al franquismo'

No parece muy democrático.

Empezó a reinar sin legitimidad dinástica, que sí tenía su padre. Franco no puede hacerle rey y el pueblo no le ha elegido para eso. La legalidad que le da Franco es espuria, pero él la cambia cuando entierra a Franco. El 6 de diciembre de 1978, cuando sanciona la Constitución, traspasa los omnímodos poderes recibidos de Franco al pueblo y se queda con unas atribuciones mínimas. A partir de eso tiene la legitimidad popular. El búnker del régimen no le apoyaba. El día que muere Franco, le dice a Mondéjar, el jefe de la Casa Real: 'Nicolás, este silencio, lo mismo pueden venir a coronarme que a detenerme'. Él es el único que sobrevive al franquismo.

Usted dice que al rey le aburre la derecha, ¿acaso es socialdemócrata?

El rey es rey, es de él mismo, es Borbón, juanista, monárquico. El rey se propuso nacionalizar la monarquía, que garantizase a todo el mundo estar a gusto en su tierra, sentir que esto es suyo. Que fuese un bien protegible por socialistas, liberales, cristianos, de izquierdas y derechas, catalanes, vascos... Que no fuera una cosa de derechas. Para eso tenía que ser una monarquía de todos, en el que la soberanía residiera en el pueblo. Al rey le gusta la alternancia, que gobierne uno y luego otro, la tierra quemada.

¿Sabe cómo ha recibido las noticias de los presuntos delitos de su yerno?

Eso no entra en mi libro, pero sí sé que el rey, hace unos día, almorzando o cenando en un restaurante portugués que hay en Madrid, Tras-Os-Montes yo no estaba, comentó: 'Estos son asuntos de Iñaki, no míos'. El rey puede estar más o menos afectado, pero la institución tiene su sistema de cortafuegos para preservarla de cualquier alteración, para que aquello no empañe al rey. Un sistema que tienen todas las instituciones para expulsar, drenar, ya sea un college británico o la Guardia Civil. De todas formas, me molesta mucho que los periodistas impongan pena de banquillo contra quien no ha sido ni imputado, ni procesado, ni siquiera llamado a declarar.

¿Es cierto que el rey hizo penitencia tras la foto de Carod y Maragall con la corona de espinas?

El rey es su majestad católica, ese es su título, el gran maestre del Toisón de Oro, y eso requiere ser cristiano y ejercerlo. A su confesor y amigo, fray Bartolomé Vicens, muy preocupado, tocado, le dijo que tenía que hacer algo tras ver aquello. 'Un gesto requiere otro gesto', le respondió. Y al rey se le ocurrió, en desagravio, irse al Cristo de Medinaceli y besarle el pie.