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El rey pide a las Cortes unidad y diálogo

Terrorismo, economía y política exterior serán los retos de futuro

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Nada en la sesión se salió de un guión medido hasta el último detalle. Los tiempos, posiciones, incluso la silenciosa protesta de ERC e IU, sentados durante los aplausos al Rey... todo parecía coincidir ayer con el protocolo que se espera de la solemne apertura de Legislatura. Hasta los discursos. Tanto Juan Carlos I como el presidente del Congreso, José Bono, hablaron de consensos, dialogo y solidaridad.

Fue el rey quien marcó los retos que deberá enfrentar el Gobierno durante los próximos años. Terrorismo, economía y política exterior serán los grandes temas de la legislatura. Ante ellos, el monarca pidió políticas de Estado que consigan tejer 'amplias áreas de entendimiento'.

El rey pidió unidad contra el terrorismo; 'diálogo, cohesión y solidaridad' para afrontar la 'coyuntura económica' y consenso, solidez y credibilidad en las relaciones internacionales. Todas las referencias apuntaban al tenso clima en el que terminó la pasada legislatura. No faltó un recuerdo para las cinco últimas víctimas de ETA, especialmente para el ex edil socialista, Isaías Carrasco

Pluralidad e integración

El modelo de Estado también se coló en las palabras de Juan Carlos I. 'Una España moderna, unida, plural y diversa' exige un proyecto 'que a todos nos sirva y a todos nos haga progresar', mantuvo.

También Bono había hecho, momentos antes, algún guiño a los nacionalistas. Hizo un repaso de la democracia y la Transición que, 'sin olvidar el miedo', desterraron 'el odio'. Y defendió que 'proclamar la diversidad de los diferentes pueblos de España' ha sido 'un hito del que podemos sentirnos orgullosos'.

Por lo demás, Bono dedicó un homenaje a la 'palabra y el debate' como ejes de la Democracia. También dio un ligero toque de atención a todos los presentes: 'Reinvindicar la política exige renunciar a presentarla como una lucha exclusiva por llegar al poder'. Manuel Marín, el anterior presidente, le miraba taciturno desde la tribuna de invitados.

A su alrededor apenas quedaban espacios vacíos. Nadie quiso perderse la sesión. No era difícil ver a Santiago Carrillo cerca de Félix Sanz, el Jefe del Estado Mayor. A su alrededor varios presidentes autonómicos seguían la sesión. Mientras, Aguirre y Gallardón llevaban con su indiferencia mutua la crisis del PP hasta el Congreso. Abajo, en el hemiciclo, los parlamentarios luchaban por un centímetro más de espacio. En el mismo en el que normalmente debaten 350 diputados, se sentaron también los 264 senadores. Muchos se movían incómodos.

Junto al príncipe de Asturias, doña Letizia seguía por primera vez la sesión sentada en la mesa del Congreso. Hace cuatro años lo hizo, como su prometida, desde la tribuna.

La sesión incluso sirvió para consolidar pactos. Aprovechando la asistencia del presidente catalán, José Montilla, Zapatero ratificó con él el acuerdo para abastecer Barcelona de agua. Una sesión predecible, sí, pero fructífera.

 


Esperanza tiene madera de reina. De lideresa que se curra el puesto con ahínco. Que se corona miss del morbo sin vacilar. Ella llega al Congreso, se para, la paran los medios, fabrica el titular y triunfa. Se gusta como ganadora. No como Gallardón –pensaría Esperanza ayer–, un melindres refugiado ahora en las faldas del jefe Rajoy. Por eso ella habló cuando pisó el Congreso. Él no: rehuyó a la prensa. Sí coincidieron en despreciarse. En la tribuna de invitados, ni se miraron.

Aguirre tenía fácil coronarse lideresa. Ni la Casa del Rey ni la Presidencia del Congreso quisieron corrillos. Prohibieron el cóctel y prohibieron la entrada de los periodistas al palacio del Congreso. De modo que sólo quedaba la opción abordaje. Asalto directo a quien se deje.

Aguirre se dejó. Y Narbona, y Maleni, y De Cospedal, y Espinosa, y Barreda. Todos hablaron. Sin grandes frases para la historia. Salvado quedaría Alfonso Guerra. Su lapidario sobre Berlusconi y su machismo cutre: “¿Ése no es un delincuente?”.

Il Cavaliere andurreó toda la mañana en el patio del Congreso. Cayó la pregunta a todas las ministras nuevas, las otras estrellas del día (y no De la Vega, que se marchó sin apenas despertar la atención de las cámaras). Quien también rondó de círculo en círculo, sin micrófonos, fue la secretaria de Estado de Comunicación, Nieves Goicoechea. De todas, la extraña pareja fue la de Rosa Díez-Ángel Acebes, de charleta más de cinco minutos.

¿Y la familia real? No dio chicha. Pasó del palacio al comedor de gala de la Cámara baja,al almuerzo con las Mesas del Congreso y del Senado. Ellos sí que son reyes, y no meros lideresos. Menos mal.