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Roquetas de Mar: Sesenta motores para la convivencia

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'Necesitas salvarte, únete a quienes tengan tus mismos problemas'. Estas palabras de Juan Miralles, presidente de Almería Acoge, resumen la filosofía de Soñando nuestro barrio, proyecto que la organización desarrolla en enclaves con una presencia significativa de inmigrantes.

Roquetas de Mar es un municipio estratégico, en el que más de 60 colectivos trabajan por la integración. Entre sus 90.000 habitantes es posible hallar 110 nacionalidades, según datos de la Oficina Municipal de Inmigración.

En el barrio de Las 200 Viviendas, los extranjeros superan el 80% de la población. José Galdeano, concejal de Servicios Sociales (PP), sostiene que la progresiva llegada de inmigrantes en su mayoría marroquíes y subsaharianos 'ha provocado el deterioro de la barriada'.

La revuelta más importante de Roquetas ocurrió en 2008, cuando un español de etnia gitana asesinó a un senegalés. El suceso provocó la reflexión de los distintos agentes sociales, que encaminaron sus esfuerzos hacia la creación de conciencia de colectividad. Según Miralles, 'no existen iniciativas para un grupo determinado, sino para toda la población'. La construcción de un campo de fútbol y la rehabilitación de edificios públicos evidencian esta suma de esfuerzos. La clave está en no crear lazos de dependencia. 'No queremos trasladarles nuestras expectativas, sino soñar juntos', aclara Miralles.

En Andalucía occidental, Algeciras (Cádiz) constituye un caso similar. Su proximidad con África y su condición de zona portuaria favorece que la mayoría de la población extranjera provenga de Marruecos y de países latinoamericanos, especialmente de Bolivia.

Francisco de Mena, presidente de la Coordinadora Alternativas, que lidera el proyecto Un barrio de tod@s, apuesta por la educación y el empleo de calidad para 'pasar de la coexistencia a la convivencia'. Títeres, cuenta cuentos y teatro conforman algunos de los actos lúdicos que la localidad impulsa para 'poner en valor la inmigración'.

'No queremos que ocurra como en Francia, donde la cuarta generación de inmigrantes sigue siendo inmigrante', sentencia De Mena.