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Rouco se aferra al poder

El cardenal será reelegido esta semana, salvo sorpresa, para dirigir otros tres años el episcopado, aunque debía jubilarse en agosto

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'Rouco siempre soñó con superar al cardenal Tarancón, con ser el eclesiástico con más poder en la Historia, y va camino de conseguirlo'. Un influyente prelado, de los llamados a suceder al cardenal de Madrid en el futuro, reflexiona con resignación ante las elecciones que, desde hoy y hasta el viernes, congregan en Madrid a la plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE). 75 obispos con derecho a voto para renovar todos los cargos, excepto el del secretario general, Juan Antonio Martínez Camino. Y, a pesar de la mala imagen que la cúpula de la Iglesia desprende en todas las encuestas, la continuidad parece ser la tónica que presida las urnas episcopales.

Salvo sorpresa mayúscula, Antonio María Rouco Varela volverá a ser elegido presidente de la Conferencia Episcopal, convirtiéndose en el prelado que más tiempo se mantendrá al frente de la misma 12 años, pasando por encima de Tarancón. Es un mandato ejercido con mano férrea, sin dejar margen a la disidencia (algunos delegados de la Casa de la Iglesia se quejan de tener que pedir permiso hasta para hacer fotocopias) y cada vez más discutido internamente, pero que no encuentra una oposición pública.

Roma prepara la sucesión de Rouco Varela para después de 2014

¿Por qué? 'El miedo guarda la viña, y los obispos no quieren dar más imagen de división de la que ya existe', apunta a Público un delegado episcopal. Aunque una mayoría de obispos aboga por un cambio de rumbo en la Iglesia española, nadie quiere mover ficha por temor a quedar relegado en una diócesis pequeña o sin responsabilidad, y todos prefieren poner la mirada en el horizonte de 2014. 'Benedicto XVI vendrá a Madrid en agosto, justo cuando Rouco cumpla los 75 años (edad canónica de jubilación). A ver quién se atreve a desautorizar al cardenal justo ahora', musita otro prelado, ya jubilado.

Osoro y Cañizares se perfilan como los hombres fuertes para el futuro

El inmediato futuro de la Iglesia española tiene una fecha marcada en rojo: la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), del 16 al 21 de agosto en Madrid, con la presencia de Benedicto XVI. Se trata de una cita que congregará en la capital de España a dos millones de jóvenes, y en cuya organización se están volcando las tres administraciones públicas. Y esta es precisamente una de las claves externas de la continuidad de Rouco: las buenas relaciones establecidas, por mor de la JMJ, con Gobierno, Comunidad y Ayuntamiento. 'El Gobierno, y especialmente Jáuregui y Rubalcaba, se han volcado en la colaboración', aseguran fuentes de la CEE, y el clima de tensión Iglesia-Estado se ha relajado. Por el momento.

Porque otra de las claves para entender lo que sucederá a partir de hoy en la Casa de la Iglesia está en la postura que la Conferencia Episcopal adoptará de cara a las elecciones generales del año próximo. No se esperan grandes declaraciones para las autonómicas y municipales, pero la 'tregua' acabará una vez que el Papa regrese a Roma el 21 de agosto. La presidencia de Rouco asegurará un fin de legislatura si cabe más complicado para el Gobierno socialista, que podría afectar al futuro de las relaciones Iglesia-Estado.

Sin expectativas de una sorpresa en la presidencia, todo parece indicar que el otro cardenal español en activo Lluís Martínez Sistach, de Barcelona será designado vicepresidente. Dos púrpuras en la cúpula. Como Rouco, Sistach también estará jubilado antes de concluir este mandato, lo cual deja el máximo órgano de decisión episcopal en manos de personas que estarán más preocupados por sus sucesiones en Madrid y Barcelona que por el día a día de la Iglesia.

La buena relación con el Gobierno es una de las claves para la reelección

Pensando en ese horizonte, desde Roma se está trabajando desde hace meses en la búsqueda de un candidato alternativo a Rouco. O, en su defecto, de una lista de candidatos para formar parte del Comité Ejecutivo y la Comisión Permanente, de modo que sean estos dos organismos los que piloten el nuevo rumbo de la Iglesia española y el proceso de sucesión del cardenal de Madrid. En este sentido, el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Antonio Cañizares enfrentado a Rouco desde que ambos chocaran a cuenta de la presencia de Federico Jiménez Losantos en la Cope, ha entrado de lleno en el proceso. Así, Cañizares ha señalado a la revista Vida Nueva que estas son 'las elecciones más importantes' en la historia de la CEE.

Desde el Vaticano no se oculta el malestar por el hecho de que Rouco y Sistach, próximos a la jubilación, sean elegidos para un nuevo mandato, lo que en la práctica 'obliga' al Papa a mantenerlos en sus diócesis tres años más. Pero en Roma se piensa a largo plazo, y no tanto en lo que suceda esta semana, sino a partir de las generales y con el horizonte episcopal de 2014. Cañizares es un curial 'de ida y vuelta', y nadie descarta que esté preparando su regreso a España en 2014, bien como arzobispo de Madrid, bien como presidente del episcopado, o como ambos. También tiene buenas relaciones con el que hoy sería el único capaz de disputar con ciertas posibilidades la presidencia a Rouco. Se trata del arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, un prelado moderado que dirige la segunda diócesis en número de habitantes, y cuyo nombramiento como cardenal es cuestión de meses.

La tregua con el Ejecutivo sólo durará hasta el fin de la visita del Papa

Osoro es el candidato preferido por Roma, aunque ni la Santa Sede ni él mismo quieren 'quemarse' en una lucha con un personaje tan poderoso como Rouco Varela. En 2014, Osoro será previsiblemente cardenal, y podría convertirse en un relevo natural en la presidencia de la CEE y el arzobispado de Madrid, sin apenas oposición. Sin embargo, en el entorno de Rouco tienen sus propios candidatos, pertenecientes a la línea más dura del episcopado. El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, y el de Toledo, Braulio Rodríguez, son sus delfines, sin olvidar al actual portavoz y obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, a quien Rouco quiere ubicar en algún puesto de alta responsabilidad antes de jubilarse, sabedor de que Camino se ha granjeado numerosos enemigos tanto dentro como fuera de lasala episcopal.