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Rubalcaba echa el resto para evitar que la derrota entierre al PSOE

El candidato "revoluciona" su agenda y sube a un microbús para buscar votos en pueblos y pequeñas ciudades

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Las encuestas cayeron ayer como una devastadora tormenta de granizo sobre el PSOE y activaron el estado de emergencia propio del número 112 en el que varios de los pronósticos demoscópicos publicados coinciden en situar la representación socialista en el Congreso de los Diputados.

Hasta última hora de la tarde, el Comité Electoral se aferró a la teoría de que se puede construir una realidad a base de repetir un argumento. A pesar de que esos sondeos vaticinan de forma unánime el peor resultado del PSOE en el periodo democrático, se mantuvo la tesis de que se está produciendo una remontada.

Pero, poco antes de las ocho de la tarde, minutos antes de que comenzara su segundo mitin de la jornada en Logroño, anunció que Alfredo Pérez Rubalcaba 'revoluciona su agenda' para protagonizar una inédita campaña de 'mítines en ruta', propia de partidos minoritarios. Además de los actos ya programados, el candidato se subirá a un microbús para buscar votos por pueblos y pequeñas ciudades, actividad que comenzará hoy en las localidades coruñesas de Betanzos, Oroso y Rianxo.

El anuncio se acompañó de la siguiente explicación oficial: 'Rubalcaba es conocedor de los datos demoscópicos del PSOE que apuntan a que, aunque se está recortando distancia con el PP, la formación socialista sigue estando por detrás en las preferencias de los votantes. Ante esta situación, el candidato ha decidido responder como sabe: trabajando más'.

Hasta entonces, Rubalcaba había soslayado como mejor pudo los negros augurios. Con un gran dominio del mitin interactivo, en Zaragoza aprovechó el grito de ánimo de un simpatizante para hablar de las encuestas sin mencionarlas: 'Ya sé, ya sé que no estoy solo... No estamos solos. ¡Ya veréis el domingo!'.

Terminado el acto, al secretario de Organización, Marcelino Iglesias, le tocó pasar por el corralito de los periodistas para sostener que la ventaja del PP se ha recortado a ocho o nueve puntos, y con un alto porcentaje de voto 'oculto' hacia el PSOE. La posibilidad de aminorar la magnitud de la derrota para evitar que adquiera la categoría de entierro y el partido se hunda como el Titanic se cifra en la decantación del escaño que baila en una decena de provincias entre el PSOE y otras fuerzas.

A pesar del indigesto desayuno, el PSOE logró congregar en el palacio de Deportes de Zaragoza a 7.000 personas. El lleno lo interpretó el alcalde, Juan Alberto Belloch, como una prueba para 'creer aún menos en las encuestas'. Pero, tras el pinchazo sufrido en la campaña de las municipales y autonómicas de mayo, los socialistas evitaron citarse en la plaza de toros, con un aforo muy superior. Así, la prueba se redujo a la constatación de que los militantes tienen más moral que el Alcoyano. Pero a su candidato no le basta con el voto de los militantes, con carné o sin él.

Rubalcaba apela a los votos para hacer frente al poder de los mercados

Rubalcaba apeló al poder de los votos para hacer frente a los mercados: 'No deciden los mercados ni las encuestas, sino los votos'. Y para vencer 'la indiferencia', echó mano de todo, empezando por Felipe González, con el que interpretó un dueto por tercera y, si se cumple la programación, última vez en la campaña.

El expresidente apeló no sólo al conjunto de 'los indecisos', sino que también lo hizo de modo singular al votante 'cabreado', como único modo de 'parar la tijera podadora' de la derecha. 'Los indecisos son nuestros. A los que están cabreados, irritados, les pido que, por favor, levanten la mirada y miren para Portugal, para Italia, para Grecia o para Irlanda', dijo en un llamamiento que ya a esas horas sonó a la desesperada.

Rubalcaba señaló que la participación de González en su campaña es 'muy importante' porque tiene 'más legitimidad' que nadie para dar la alarma contra el recorte del Estado del bienestar, pues sus cimientos se levantaron durante su mandato. Pero también la tiene para, como así hizo evocando la pinza que contra él articularon en los años noventa Aznar y Julio Anguita, pedir el voto útil de la izquierda: 'A la hora de la verdad, gobiernan con el PP ¡A mí que no me cuenten en qué consiste la pinza!'.

Además, como buen sobresaliente, le puso el toro en suerte a Rubalcaba: '¿Alguien ve a Mariano discutiendo con Merkel?'. Por ahí entró el candidato a saco. Primero afirmó que Aznar es 'el ventrílocuo' de Rajoy y después acusó al presidente de honor del PP de 'hablar con rencor de su país'. Esto es, según Rubalcaba, lo único irreversible: 'El voto es el que cambia las cosas'.