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Rubalcaba entrevista al futuro presidente

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Mariano Rajoy entró como caballo ganador y salió como caballo ganador, pese a los ataques contra él de Rubalcaba, que pretendían asesinar su carácter, que dirían los expertos norteamericanos, desvelando su presunta agenda oculta.

Rubalcaba había prometido agresividad. Porque, según había confiado hace algunas semanas, su misión era asegurarse el voto de su base y, sobre todo, de aquellos electores desmoralizados que hacen legión y que piensan quedarse en casa. “Si digo barbaridades y os parezco una persona diferente será por eso. No me queda otra”. Es decir, acudía al debate para dar caña. Y lo ha hecho con creces. Y aunque puede apuntarse en su haber escenas importantes del debate, no ha logrado quebrar la imagen de candidato vencedor de Rajoy, porque tampoco él se quedó atrás. Sus dos alusiones al señor Rodríguez Rubalcaba en un aparente error eran su manera de identificar a Zapatero, el gran ausente.

Rubalcaba cometió un error estratégico de partida al acosar a Rajoy: se situó como un periodista que intenta apretar, colocándole como virtual presidente de Gobierno. Le situó claramente por encima. Y las percepciones son quizá lo más importante de estos debates. Problema: entre las culpas adjudicadas de manera inmisericorde por Rajoy al Gobierno Zapatero-Rubalcaba por los más de cinco millones de parados y las disculpas de Rubalcaba a cuenta de la crisis económica internacional, ¿cuál es el diagnóstico de la economía?

Según el candidato del PP, es muy elemental: la incompetencia de Zapatero y de Rubalcaba que se han gastado lo que no tenían y, por tanto, agravaron la crisis. Según Rajoy, las reformas y la austeridad fueron señaladas por el PP como la senda correcta, pero el Gobierno rechazó esas iniciativas y sólo las aplicó cuando le fueron impuestas por Bruselas.

'Controlar el gasto público, aquí está el origen de buena parte de nuestros males', dijo Rajoy. Y se refirió al déficit fiscal y la deuda pública española como elemento diferenciador respecto a países como Francia y Alemania. Rubalcaba otorgó. A lo sumo señaló que era necesario renegociar dos años, hasta 2015.

Pero Rubalcaba no cuestionó el diagnóstico de Rajoy. Ni siquiera habló del superávit fiscal en 2005, 2006 y 2007 ni del hecho de que todas las agencias de rating destacan que la deuda pública es el 65% del Producto Interior Bruto (PIB), 20 puntos por debajo de la media de la eurozona. Rajoy se dio el lujo de subrayar la desigualdad impresionante en España, solo superada por países como Letonia, Lituania y Rumanía. Rubalcaba pasó.

El problema es que el único diagnóstico con el que se han quedado los españoles es este: el déficit público es el 'origen de buena parte de nuestros males'. Y que si no hay crédito es porque se lo llevan las administraciones públicas. Es falso. Las encuestas del BCE muestran que el crédito no fluye porque el mecanismo de transmisión (los bancos) está bloqueado.

No se puede curar una enfermedad si no se hace, como dijo Rajoy, un diagnóstico adecuado. Si el problema es el paro y el estancamiento, la solución no puede venir por mayor austeridad. Rajoy está equivocado en su diagnóstico. Pero ha estado presidenciable. Ha dado seguridad contra los intentos casi adolescentes de Rubalcaba de cuestionarle. Más que un debate, lo de ayer fue una lista de preguntas de Rubalcaba al futuro presidente del Gobierno.

Una vez más, la lección de ayer es que los debates, como las elecciones, más que ganarse, se pierden. Y la desubicación de Rubalcaba, fruto de la confusión de todo el invento sucesorio de Zapatero, le ha llevado a perder este debate. Más que ganar Rajoy, ha perdido Rubalcaba.