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Rubalcaba: "Si llego a saber lo que me esperaba, me cuelgo"

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En el valioso libro de María Antonia Iglesias La memoria recuperada, Alfredo Pérez Rubalcaba recuerda cómo después de las elecciones del 93 el presidente Felipe González le propuso que dejara el Ministerio de Educación, cuya cartera llevaba ocupando desde el año anterior, porque quería hacerlo ministro de Presidencia y portavoz del Gobierno. Su amigo José María Maravall lo animó a decir sí: 'Acepta. ¡Te llevan al núcleo mismo de la política, al corazón mismo!'. Nunca pudo imaginar Maravall cuánta razón tenía. Mucha más de la que él mismo hubiera deseado. Rubalcaba recaló, en efecto, en el núcleo del Ejecutivo. ¡Y menudo núcleo: como que en el trienio 93-96 ardía aproximadamente a igual temperatura que el maldito núcleo del centro de la Tierra, unos 6.700 grados centígrados!

El líder socialista le confiesa con negro humor a María Antonia: 'Si llego a saber lo que me esperaba ¡me cuelgo de la lámpara, en la entrada de Alcalá 34!', que era la sede de Educación. Él mismo admite que su política de comunicación consistió 'en despejar balones'. Pero ningún portero es capaz de blocar varios balones a la vez. Hasta el madridista Rubalcaba admitirá que ni Iker Casillas podría. Los balones que cada viernes le lanzaban al portavoz del Gobierno desde la línea de prensa iban todos firmados: Conde, Roldán, Rubio, Corcuera-Vera-Barrionuevo, GAL. Al menos se ha desquitado por la dureza de aquellos años viendo la agonía irreversible de ETA con él al frente de Interior.

Como portavoz del Gobierno desde 1993, bregó con la corrupción y los GAL

Los años anteriores habían sido normales. Rubalcaba habla con orgullo de su trabajo en Educación. La derecha católica estaba encendida en la primera mitad de los ochenta. Rubalcaba recuerda que el Gobierno pacificó aquellas iras aprobando la LOGSE, ante la que el PP se abstuvo, 'pero que firmaron numerosas instituciones: la Conferencia Episcopal, la Federación Religiosa de la Enseñanza (), toda la educación confesional firmó la LOGSE'. Sin duda, en aquel momento pareció una buena idea. 25 años después quizá no tanto, pues con lo que no contaba Rubalcaba era con que 'la derecha volvería a la carga para deshacer lo hecho'. Pero volvió tras la victoria en 2000. Y no sólo volvió entonces, sino que volverá de nuevo si vence mañana.

Regresemos a los 90. Habla Rubalcaba: 'Teníamos un problema de falta de credibilidad muy fuerte. Y cuando se esfuma la credibilidad política y, además, no se cuenta con una mayoría parlamentaria, la capacidad para resistir es muy pequeña'. Han pasado 18 años, pero sería difícil hacer una descripción más fiel de los últimos 18 meses. Al repasar esas palabras se siente en el espinazo un escalofrío de desasosiego, como cuando el otro Iker pone en la radio una de esas psicofonías grabadas en los cementerios de la España escatológica. Pero es que la historia se repite también con el propio candidato, otra vez de portero enfrentado a balones imposibles: el paro galopante, la deuda insaciable, el PIB agonizante, las promesas derruidas. Hoy debe estar pensando lo que en aquel aciago 1993: 'Si llego a saber lo que me esperaba'.