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Rubalcaba, el político elegido para acabar con ETA

Liderará el discurso del Gobierno en el último tramo de la legislatura

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'Hola. Soy el señor Lobo. Soluciono problemas'. Pudiera parecer que el personaje que así se presenta, interpretado por Harvey Keitel en Pulp Fiction, poco tenga que ver con Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero al igual que los protagonistas de la película de Quentin Tarantino, que recurren al señor Lobo en una situación límite, este Gobierno tiene un problema: remontar en el año y medio que resta para las elecciones generales los 14 puntos de ventaja de los que goza el Partido Popular.

La banda admite que el mensaje del ministro cala entre sus bases

Para semejante hazaña, José Luis Rodríguez Zapatero ha confiado en el político cántabro, miembro de la viejaguardia del PSOE que a sus 59 años alcanza la gloria a la que siempre negó aspirar. Si se atiende a las encuestas, la elección no debe haber sido difícil: Rubalcaba es el miembro del Gobierno mejor valorado por los ciudadanos. A buen seguro que en eso tendrá que ver su cargo al frente de Interior, que granjea a quien lo ocupa la simpatía de los españoles, que ven en el ministro el símbolo del combate contra ETA.

Pero además, Rubalcaba cuenta con una innegable capacidad para trasladar mensajes, déficit reconocido en varias ocasiones por este Ejecutivo. Un documento del aparato político de ETA admitía el pasado año 'el alto nivel de penetración' entre las bases de la izquierda abertzale del dilema 'o bombas, o votos', con el que Rubalcaba martillea a la antigua Batasuna. Si el ministro ha conseguido calar en un sector tan impermeable de la sociedad vasca, qué no puede conseguir todos los miércoles en el Congreso frente a Soraya Sáenz de Santamaría, se preguntaba ayer uno de sus colaboradores cuando se traía a colación el citado documento.

El portavoz parlamentario del PSOE recorría feliz los pasillos del Congreso en abril de 2006, urdiendo pactos y repartiendo confidencias entre sus aliados, cuando fue reclamado por Zapatero para otra difícil misión: pilotar el último proceso de diálogo con ETA. Antiguo portavoz de su partido en el Pacto Antiterrorista, Rubalcaba tuvo que hacer malabarismos para sostener las posibilidades de un proceso condenado desde el principio por las exigencias e incumplimientos de la banda terrorista.

El atentado de la T-4 sepultó definitivamente las posibilidades de éxito de ese proceso de paz, pero aquel que debía pasar a la historia como uno de los protagonistas del fin de ETA a través del diálogo, pronto se convirtió en el estandarte del acoso policial a la banda, despertando devoción entre los policías y guardias civiles que abominan de cualquier diálogo con los terroristas. Y no es el único giro importante en su carrera: Rubalcaba apoyó a José Bono en el Congreso que aupó a la secretaría general del PSOE en 2000 a José Luis Rodríguez Zapatero, quien lo sitúa ahora como miembro plenipotenciario de su Gobierno.

La derecha apunta a Rubalcaba como el origen de muchos de sus males

Si recuperamos otra vez las encuestas, no parece que el blanco preferido de la derecha española se resienta de los ataques que recibe. La estrategia victimista del PP en el caso Gürtel vierte sus peores acusaciones en el máximo jefe de la policía, responsabilizándolo de una red de espionaje al partido. La dirección repartió ayer un argumentario interno en el que recupera la acusación de 'portavoz de los GAL' contra Rubalcaba, en alusión a su última tarea en el Gobierno de González, que ahora recupera.

Quienes lo tratan destacan su proverbial habilidad en la distancia corta, de la que se sirve para tejer complicidades, incluso en la cúpula del PP. Esto no hace sino incrementar la leyenda de Rasputín eterno que circula entre los que más lo detestan y para los que su peor maniobra fue aquel 'España se merece un gobierno que no mienta', pronunciado dos días después del 11-M y a 24 horas de las elecciones de 2004.

Educado en el elitista colegio de El Pilar, en Madrid, destacó como atleta velocista en su juventud, se doctoró en Ciencias Químicas y fue profesor en la Universidad Complutense, plaza que aún conserva. No en vano, sus primeros cargos con González fueron en Educación, primero como secretario de Estado y luego al frente del ministerio.

Rubalcaba habla con nostalgia de esos años, como si la primera línea de la política esa que le sirve de 'alimento', según su entorno no fuera con él. Con la excepción de algún que otro puro los mejores los reserva para las detenciones de la cúpula de ETA el único vicio que se le conoce es el Real Madrid. Alfredo Pérez Rubalcaba se enfrenta ahora a la tarea de culminar el gran reto de la democracia española: acabar con el terrorismo. Y este puede ser el último gran encargo para el señor Lobo del PSOE. O quizás no.