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Rubalcaba rearma al PSOE ante la batalla del 20-N

El candidato pone en pie al auditorio de la Conferencia Política con una frase: "Yo no me voy a dejar ganar". "Quizá ahora nos estemos pasando en la dosis de ahorro", advierte

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Nadie, y menos entre los socialistas, ponía en duda la solidez política de Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero estaba por ver su empatía como líder y ayer demostró que también es capaz de lograr esa identificación mental y afectiva con el estado de ánimo ajeno, al menos con el de sus correligionarios. Una frase, la que puso el broche final a su discurso de clausura de la Conferencia Política, levantó de sus asientos a los cerca de 3.000 cuadros dirigentes y simpatizantes convocados al cónclave del PSOE: 'Yo no me voy a dejar ganar, ni vosotros os vais a dejar ganar. Lo podemos conseguir'.

Hasta entonces, en los casi 50 minutos previos de su discurso, sólo había sido interrumpido por algún tibio aplauso. La prolongada e intensa ovación que estalló con esa frase ahogó sus últimas palabras.

Propone un 'pacto por el empleo', como 'causa nacional'

Los socialistas acudieron ayer a la clausura de su conferencia 'un poco menos pesimistas' que en la jornada de inauguración, convencidos de que las resoluciones programáticas perfiladas durante la víspera los pertrechan con suficiente munición ideológica para acudir sin miedo a 'la confrontación de ideas y propuestas' con el PP. Pero, aun así, llegaron a la clausura echando en falta en Rubalcaba un poco de 'emoción', de capacidad de alterar un ánimo, si no derrotista, sí a la defensiva.

Lo había intentado el viernes Felipe González, pero el que cuenta en estos momentos es el candidato, y Rubalcaba supo poner ayer a su partido en el estado emocional que había pedido, casi exigido, el patriarca socialista. Con un discurso propio de 'quien sabe lo que quiere decir', aunque el efecto pueda ser pasajero, Rubalcaba proporcionó a los suyos lo que necesitaban para 'dar la batalla del 20-N'.

Además, según destacaban quienes desde hace tiempo se confiesan desencantados con el 'Zapatero del trienio negro' o se apuntan ahora a la crítica fácil para ganar cercanía al nuevo líder, Rubalcaba ha sabido también acertar en 'la actitud'. La actitud de transmitir la voluntad política de propiciar un 'reagrupamiento' interno en torno a la renovación de la socialdemocracia y la disposición de ser 'permeables' a las nuevas realidades después de una etapa marcada por el hiper-liderazgo de Zapatero. Como le ocurrió en su día también a González, el presidente acabó ahogando el debate colectivo para convertir el partido en una organización caracterizada por la adhesión inquebrantable a sus decisiones unipersonales en su caso, además, sin el contrapeso de Alfonso Guerra, el gran ausente.

Promete acabar en una legislatura con 'el gran fraude fiscal'

La clausura del cónclave que ha establecido las directrices del programa electoral del PSOE estuvo marcada, como las dos jornadas anteriores, por el protagonismo absoluto de Rubalcaba. Ayer, de nuevo, Zapatero y González actuaron 'al servicio' del candidato, componiendo la pareja que abrió el desfile previo a la salida a escena del candidato, en solitario.

Recibido con el clásico '¡presidente, presidente!', Rubalcaba fue ayer más mitinero que nunca, sin renunciar por ello a su genética profesoral. Hizo la síntesis del nuevo programa socialista, sin aportar grandes novedades porque las que le quedan se las reserva para otros momentos y, según reconocen sus colaboradores, ahora toca predicar las ya anunciadas para que sean conocidas por todos los ciudadanos y también porque conviene administrar los anuncios para que no se piense que promete sin ton ni son a sabiendas de que no va a gobernar.

Pide 'quitar la careta' privatizadora del Partido Popular

Ayer lo que tocaba era, precisamente, neutralizar este virus. 'No busquéis en mí resignación, ni nostalgia ni melancolía. No podemos tirar la toalla', dijo Rubalcaba a los que, a partir de ahora, serán sus apóstoles electorales.

Defendió esta actitud agitando el miedo al regreso de la derecha, a la que acusó de querer desguazar el Estado del bienestar; y buscando la complicidad con los indignados, a los que dijo que los socialistas 'estamos con los que quieren que gobiernen el mundo las instituciones democráticas y no las instancias económicas'.

Pero también lo hizo con un discurso en positivo de largo recorrido, que va mucho más allá de las próximas elecciones generales y que puede ser indiciario de su voluntad de, gane o pierda el 20-N, convertirse en el próximo secretario general del PSOE. 'Nunca hemos tenido tan cerca un mundo más cercano a nuestros principios. El cambio se basa en el conocimiento, que se puede democratizar. Estamos ante el paradigma de un mundo distinto, en el que los más poderosos no son los que más tienen sino los que más saben. Esta es nuestra revolución y tenemos que empezar el 20-N', dijo Rubalcaba, equiparando la trascendencia de los próximos comicios con los primeros que hubo tras la muerte de Franco, en 1977.

Aunque reconoció que las expectativas de recuperación económica se han ido 'perdiendo poco a poco' y nos hemos 'retrotraído al clima de incertidumbre y de miedo de 2008', Rubalcaba no dudó en asegurar que, con él al frente del Gobierno, 'solucionaremos el tema del empleo'. Para lograrlo, expresó su propósito de llamar, como 'causa nacional', a 'un pacto de todos por el empleo', que ponga en común el esfuerzo del Gobierno, Comunidades Autónomas, empresarios, sindicatos y partidos. Pero, puesto que no será ni fácil ni rápido, y que Mariano Rajoy viene a ofrecer lo mismo, para el 'mientras tanto' trazó una línea diferencial: 'Estaremos al lado de los parados con la protección por desempleo, garantizaremos la escuela para sus hijos, tendrán hospital si se ponen enfermos y siempre, siempre, tendrán una pensión'. Para realzar el contraste, pidió a los suyos que se esfuercen en 'quitar la careta' al PP cuando utiliza la crisis como excusa para la privatización encubierta de la Sanidad.

El otro gran compromiso que enunció ayer fue el de 'acorralar el gran fraude fiscal y acabar con él en la próxima legislatura', cambiando las leyes si fuera necesario para poner coto a la evasión y a los paraísos fiscales. En este capítulo, reiteró que no subirá los impuestos 'para las clases medias ni para los trabajadores'.

Pero su receta magistral contra la crisis es: 'Apretarse el cinturón y coger la maleta'. Coger la maleta no para emigrar, sino para exportar.

En línea con lo dicho el viernes por González, que abogó por conjugar ajuste del déficit con medidas de reactivación económica, apostó por 'medir los ritmos y los tiempos para que la política de austeridad no sofoque la recuperación'. En este punto, aunque le puso el envoltorio de una reflexión general, deslizó lo que puede entenderse como una crítica a la gestión de Zapatero: 'Hay dudas razonables sobre si en 2009 gastamos más de la cuenta para reactivar la economía desde el sector público y sobre si ahora nos estamos pasando en la dosis de ahorro'.

Rubalcaba tuvo algunas palabras de reconocimiento para el presidente, cuando evocó las reformas que hoy 'permiten que la gente viva como quiera y que todas las creencias sean legales', y censuró que el PP 'intenta decir que estos ocho años de Gobierno de José Luis han sido un mal sueño'. También se lo parecen, aunque no lo digan en voz alta, a algunos socialistas.

Pero Zapatero ha pasado, definitivamente, a un segundo plano. Los socialistas ya sólo miran a quien el presidente de la Conferencia, el andaluz José Antonio Griñán, definió como 'un gran timonel'. Griñán anticipó en su intervención la que sería la principal conclusión de la jornada: 'Nos sentimos muy bien liderados por Alfredo'.