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Ryanair me hizo pensar en la muerte

Laura Gutiérrez cuenta en primera persona cómo ha ocurrido la situación de emergencia en un vuelo de la compañía irlandesa que esta mañana tuvo que dar media vuelta y regresar a Barajas tras una pérdid

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Llegué temprano a Barajas. El vuelo FR-2011 de Ryanair que me llevaría a Canarias para visitar a mi pareja debía despegar a las 07:10 de la mañana, pero se restrasó. Cuando ya estaba subida al avión observo a varios técnicos medoreando alrededor del aparato. Algo no iba bien, pienso.

Desde el asiento central en una de las primeras filas del avión, el ruido del motor cuando comenzamos el vuelo era más fuerte de lo normal. Entre los viajeros se percibían las caras de extrañeza, pero... 'esto es Ryanair', pensamos.

Cuando llevábamos media hora en el aire, de pronto, sin un aviso de la cabina y ante el asombro de los mismos auxiliares, las mascarillas cayeron disparadas desde el techo del avión. Nos empezamos a mirar unos a otros, esperando que se tratara de un error. Miramos a los azafatos, tan perdidos como nosotros y entramos en pánico. Una voz nos avisó a través del micrófono: 'por favor, colóquense las mascarillas'. Esa fue la única indicación que recibimos en los cerca de tres cuartos de hora de pesadilla que nos quedaban por delante. Es igual, las máscaras no funcionaron durante los diez primeros minutos, respirar era cada vez más difícil y el olor a quemado se hizo insoportable.

Minutos después el avión dio la vuelta y comenzó a descender en picado. La sensación de vértigo era enorme. En un descenso a toda velocidad, pensé que esta vez me había tocado a mi. 'Se acabó, te vas a estrellar, Laura', me dije. Miré a un lado y a otro y salvo los niños pequeños, a quienes se les escuchaba llorar y gritar sin consuelo, la mayoría de la gente trató de mantenerse serena. Algunos lloraban, pero casi todos lo hacían en silencio, para no alarmar al resto. Yo también estaba llorando. 

Uno imagina muchas veces lo que haría en una situación de vida o muerte, pero lo cierto es que nunca lo sabes hasta que te ves obligado a afrontar la situación. Busqué el móvil entre mis cosas y mandé un mensaje para despedirme de mi familia. 

Por fin tocamos tierra firme. De nuevo en Barajas. No supe cómo habíamos conseguido llegar hasta allí pero no importaba mucho ya. Y entonces llegó la única explicación a lo sucedido: 'hemos sufrido una pérdida de presión en la cabina, pero todo se ha arreglado ya'. Dos camiones de bomberos nos esperaban en la pista.

Varios pasajeros han sufrido problemas de oído y dolor de cabeza. Al menos un azafato ha necesitado asistencia médica también. Yo estaba mareada del estrés y todo el oxígeno que tuve que respirar durante la situación de emergencia. La gente estaba escandalizada, asustada y cabreada con una compañía que no ha dado explicaciones. Aunque todos quisimos poner una reclamación, sólo es posible hacerlo mandado un correo electrónico a la sede de Ryanair, en Dublín. 

Como si nada hubiera ocurrido, nos dijeron que otro avión estaba listo para llevarnos hasta Canarias, pero son muchos lo que no quisieron volver a subir.

Ya en el segundo aparato a punto de despegar por segunda vez hacia Canarias la aerolínea nos pidió disculpas. El viaje, en esta ocasión, no se pareció en absoluto a los anteriores. Nada de colonias, revistas, aperitivos y toda la gama de productos que Ryanair trata de vender a sus pasajeros a lo largo del vuelo. Esta vez hubo silencio. 

*Laura Gutiérrez era pasajera del vuelo FR-2011 que se ha visto obligado a realizar un aterrizaje de emergencia tras sufrir una pérdida de presión en cabina.