Público
Público

De los sacramentos y el mal de ojo

La Iglesia ha perdido un 3% de católicos desde 2008; ahora son un 77% de los consultados

Publicidad
Media: 3
Votos: 1
Comentarios:

Entre este Papa errático y esta Conferencia Episcopal cancerbero de la moral van logrando con más eficacia que Azaña que España deje de ser católica. A lo largo del trienio en que los Publicopios han seguido las declaraciones sobre confesión y práctica religiosa de los españoles, la iglesia ha perdido tres puntos en el porcentaje de quienes se declaran católicos de 80,2% a 77,0% y ha crecido en cuatro puntos la proporción de ateos y no creyentes declarados de 16,5% a 20,3%. Unos cambios que se han ido produciendo de modo paulatino, aproximadamente a un punto por año, como corresponde a una tendencia de fondo.

Estas proporciones globales, sin embargo, no dan idea de la magnitud del cambio que ha experimentado España en la confesionalidad religiosa de la población. El factor generacional es esencial en este asunto. Actualmente, casi la mitad (48%) de los católicos practicantes que hay en nuestro país son mayores de 60 años. Entre los jóvenes (de 18 a 29 años) un tercio se declaran ateos o no creyentes (32,5%), más del doble que los que dicen ser católicos practicantes, que son únicamente el 15%. Y también es mayor ya la proporción de ateos y no creyentes declarados entre los adultos jóvenes (30 a 44 años) que la de católicos practicantes (24% frente a 18%).

Los que creen en la astrología han crecido un 9% desde diciembre de 2008, del 24% al 33%

En muchas de las creencias del catolicismo que tradicionalmente han sido consideradas fundamentales, la disminución de creyentes es muy significativa. Comparando los datos del Publiscopio de diciembre de 2008 con los de ahora, vemos que la creencia en que Jesús era dios o hijo de dios ha bajado del 47% al 43%; la de que nació de una virgen, del 41% al 34%; la de su resurrección, del 43% al 38%. En la existencia del infierno creía hace dos años un 27%, hoy sólo el 21%. Sólo la creencia en la existencia de un dios es estable, pero lo cree sólo, aproximadamente, la mitad de la población (53% en 2008, 52% en 2010).

Es conocido, por otras encuestas, el generalizado rechazo de los católicos españoles a las prescripciones continuamente reiteradas del Papa y la jerarquía de la iglesia sobre las conductas sexuales, como el uso del preservativo o de la píldora anticonceptiva. En asuntos de disciplina eclesiástica, como la prohibición del matrimonio a los curas y la exclusión de las mujeres del sacerdocio, el respaldo de los fieles es también muy débil, como muestra este Publiscopio: entre los católicos practicantes sólo un 30% cree que deba ser así; alrededor del 60% rechazan esas exigencias y el resto tienen dudas sobre ello.

Un 20% de los católicos practicantes no cree que el Papa sea el representante de Dios

No es extraño que los católicos rechacen los mandatos de la moral vaticana, ya que, incluso entre los que se declaran practicantes, hay un 20% que ni siquiera creen que el Papa sea representante de dios en la tierra, y otro 11%, lo dudan. Y a los que se declaran católicos pero no practicantes, el Papa y sus disposiciones morales parecen merecerles menos respeto que la abuelita; una muy amplia mayoría de ellos (73%) rechazan su autoridad como representante divino, y, por ejemplo, más del 80% piensan que los curas deben poder casarse y las mujeres, acceder al sacerdocio. La Biblia tampoco les merece mucho más respeto: solo un tercio creen que en ella se recoge la palabra de Dios

Hoy por hoy, en nuestra sociedad, en la que se privilegia oficialmente a la confesión católica como mayoritaria, apenas hay más gente que crea en el sacramento básico de esa religión, la eucaristía, que en el mal de ojo. En esto cree un 22,3% y en aquello, un 22,8%; cinco décimas estadísticamente insignificantes diferencian la fe en el misterio católico de la superstición rural. Y entre los no practicantes que sin embargo se confiesan católicos los que creen en el mal de ojo (26%) son más del doble que quienes se creen que los sacerdotes, musitando fórmulas sagradas en el altar, convierten el pan y el vino en el cuerpo de Jesucristo.

Por otra parte, el significado real de la confesión religiosa resulta muy dudoso a la luz de las creencias que admiten y rechazan los que se declaran católicos. Si además de la creencia en los dogmas de fe tomamos en consideración la aceptación de las normas morales simplemente su aceptación, no su cumplimiento, la proporción de españoles que podrían considerarse católicos ortodoxos según los criterios tradicionales no pasa de un insignificante 2,5%. Ese es el porcentaje de los que dicen que creen en todos los dogmas y prescripciones morales que dicta el magisterio eclesiástico. Con la manga más ancha, no sólo en materia de moral sino también en cuanto a las creencias tradicionales de la devoción católica, la proporción de católicos ortodoxos podría subir a un 13% de la población española. Fuera de esa minoría, los que se declaran católicos (practicantes o no) admiten que no creen algunos, o muchos, de los dogmas. Hace bien la iglesia en conservar las cédulas de bautismo bajo llave, para que no se borre la gente, porque en cuanto a las creencias se le está desvaneciendo la clientela.

En general, las creencias supersticiosas o en espíritus y poderes sobrenaturales al margen de la religión se mantienen estabilizadas, sin crecimiento significativo durante estos dos últimos años. Sólo hay una excepción importante: la astrología. El porcentaje de los que creen en la astrología ha crecido nueve puntos desde diciembre de 2008, del 24%, entonces, al 33%, hoy. Resulta sorprendente que la difusión de la cultura científica vaya reduciendo la creencia en milagros e intervenciones divinas, pero no en las cartas astrales y el influjo de las estrellas. Probablemente no sea ajeno a ello el espacio que canales de televisión y prensa escrita dedican al negocio del horóscopo. Es un alivio reconocer, sin embargo, que, en cuanto a efectos sociales, la astrología ha sido siempre mucho menos nociva que la religión.