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La saga continúa

Marcelino Oreja. Número dos del PP por Araba. Si logra escaño será el tercer diputado con ese nombre que se siente en el Congreso de los Diputados

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Su abuelo, Marcelino Oreja Elósegui, fue elegido diputado por Bizkaia en 1931. Después, le matarían en la Revolución de Octubre de 1934 en Mondragón. Su padre, Marcelino Oreja Aguirre, además de subsecretario del Ministerio de Información y Turismo, fue diputado del PP por Araba entre 1993 y 1994 y ministro de Exteriores. Y si las urnas así lo deciden, Marcelino Oreja Arburúa (Madrid, 1969) será la tercera generación familiar que se siente en el Congreso de los Diputados. Es el número dos de la candidatura de los conservadores por Araba.

Una de las razones por las que al candidato le hace especial ilusión ir en las listas del PP de Euskadi es precisamente la de seguir esta 'tradición familiar'. Cuenta que la noticia no le pilló por sorpresa. Que fue hace más de un año cuando Alfonso Alonso, cabeza de lista por la provincia, presidente del PP de Araba y uno de los hombres de confianza de Mariano Rajoy en la Cámara Baja, le pidió que diera una vuelta a la idea. 'Le dije que sí enseguida', narra.

Si logra un asiento en el Congreso no será su primera aventura política. En julio de 2002 fue designado diputado del Parlamento Europeo ocupando el lugar que dejó libre Ana Palacio, nombrada ministra de Asuntos Exteriores. En la Cámara europea también cumplía en cierto sentido con una tradición familiar. A mediados de los noventa su padre fue comisario de Transportes y Energía, primero. Y de Relaciones Institucionales, Cultura y Sector Audiovisual, después.

Pese a que en casa ha respirado la política desde muy pequeño, sus orígenes y su pasado más inmediato están en el mundo empresarial. Fundó en 1992 la Confederación de empresarios jóvenes de España. Fue director internacional de Aldeasa y ahora es director general de Comsa Emte, el segundo grupo español no cotizado en el sector de las infraestructuras y la tecnología. 'Si saco el escaño dejaré la compañía en diciembre', adelanta.

Recuerda con cariño cómo reaccionó su jefe cuando le dijo que había pensado volver a la primera línea de la política. 'Me comentó que los empresarios deberían permitir dar el paso del sector privado a la Administración'. Y también rememora la cantidad de veces que le han dicho que va a perder dinero con el cambio. 'Es lo que toca', narra.

A su abuelo no le conoció. Pero de su padre, 'orgulloso' de ver a su hijo en campaña, sigue recibiendo consejos. ¿El mejor? 'Que nada es seguro en política. Que en la empresa, si se trabaja duro, suele haber premio en forma de buen resultado'. Él le ha hecho caso. 'Hasta el 20 de noviembre por la noche no doy nada por seguro'.