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La santísima trinidad del poder socialista

El candidato al que el PSOE quiere convertir en su último talismán

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Tres en uno, como el aceite multiusos que asegura hacer lo imposible. En 1894, George W. Cole, de New Jersey (EEUU), inventó un lubricante que reunía tres necesidades básicas para el mantenimiento de la bicicleta: engrasar, limpiar y ahuyentar el óxido. Tres funciones en una aplicación.

En 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba, de Solares (Cantabria, 1951) acuñó un triple lema: 'Escuchar, hacer, explicar', para inventar una marca capaz de lubricar la maquinaria del PSOE, devolver brillo a sus propuestas y espantar la herrumbre que siempre sucede a una derrota. Tres objetivos en una idea: ganar las próximas elecciones.

Su papel orgánico se ha visto relegado siempre por su labor en el Gobierno

Tres conceptos pretenden identificar el estilo de quien busca revalidar una tercera victoria socialista, tras abandonar una triple tarjeta de visita: Vicepresidente, ministro del Interior y portavoz del Gobierno. Tres carteras que se resumían en una: número dos del Ejecutivo. Su propio nombre tres palabras ordena también el recorrido vital y político de Rubalcaba en los últimos 30 años.

El militante precoz

El PSOE le ve capaz de lo imposible y susdetractores como un genio tenebroso

'Para la militancia soy Rubalcaba. Quiero pasar a ser Alfredo'. Con esta presentación debutó el pasado 1 de junio en el papel de 'candidato a candidato', como le presentó el líder del PSOE andaluz, José Antonio Griñán.

Militante socialista desde 1974, el asesinato de Enrique Ruano a manos de la policía franquista cuatro años antes fue su primer revulsivo político. Ambos compartían élite y aula en el exclusivo colegio del Pilar de Madrid. A pesar de todo, Rubalcaba ha pisado más moqueta que loseta, más despachos que agrupaciones del PSOE.

El papel orgánico ha sido siempre secundario en la trayectoria del candidato. Se incorporó a la Ejecutiva socialista en junio de 1997 como responsable de relaciones con los medios de comunicación, una de sus habilidades, aunque la prensa y su lectura en diagonal, buscando y buscándose le cause cierto desasosiego, como admiten los suyos.

Se equivoca en sus apuestas internas: Almunia, Bono... pero acaba emergiendo

Tras el adiós de Felipe González y la llegada a la Secretaría General de Joaquín Almunia, a quien Rubalcaba apoyó hasta la derrota absoluta del año 2000 frente a Aznar, Ru-balcaba optó por aparcar en la trinchera del Comité Federal.

Entonces, era diputado por Madrid y mantenía el diapasón bajo tras fallar también su apuesta por José Bono en el congreso del PSOE que ganó Zapatero, en 2000. Rubalcaba volvió a afinar su imagen desde el equipo electoral que propició la victoria socialista de 2004. Fue entonces cuando desenvainó su espada dos días después del 11-M contra las 'dos líneas de investigación' policial del atentado balbuceadas por Ángel Acebes en el Ministerio del Interior. 'Los ciudadanos se merecen un Gobierno que no les mienta', solemnizó Rubalcaba, acuñando una frase que le ha devuelto con insistencia la derecha desde entonces.

Un tipo normal

Pérez está entre los diez apellidos más comunes en España, según el INE. Rubalcaba intenta serlo también. Mantiene el piso de siempre en un bloque prototípico de la clase media madrileña cuatro alturas y piscina comunitaria. Pasa cada Semana Santa en el mismo hotel de playa de tres estrellas de nuevo el número fetiche porque 'está muy bien', como defiende ante quien le recomienda algo mejor.

No tiene más manías, según sus colaboradores, que sus bolígrafos. ¿Plaqués de oro? ¿Plumines de platino? 'No, sus boligrafitos', corrige la tendencia al lujo de la imaginación alguien que ha compartido con Rubalcaba más de 20 años de trabajo. Desechables, pero ordenados. Odia perderlos.

El ciudadano Pérez es en origen un científico doctor en Químicas, premio extraordinario de carrera y profesor universitario metido a político. Antes fue un buen estudiante que apuntaba maneras repitiendo año a año como delegado de clase.

Trapero del tiempo, Ru-balcaba aprovecha las esquinas del día para leer novela negra, según la hagiografía oficial, cualquier cosa, a juzgar por los libros que pasea bajo el brazo. Escribe. Para él y para otros. Sus intervenciones las construye a mano, a menudo en un cuaderno escolar de espiral. No pocos quiebros verbales improvisados por la cúpula del PSOE tienen también su firma y, antes de convertirse en titular, son un SMS enviado con rapidez por Rubalcaba desde su móvil, de los que ya no quedan, sin cámara ni internet ni más intención que hablar y escuchar.

La escalera del poder

El 24 de junio de 1992, Alfredo Pérez Rubalcaba coronó la cima de su primer Ministerio: Educación, y remató el ascenso que inició ocho años antes como director general. Nunca ha colgado la cartera que asumió ese día con un compromiso que convirtió en escudo de armas: lograr un país 'más moderno, solidario, libre y justo'.

El candidato ha sido desde entonces más Rubalcaba que Alfredo: titular de la Presidencia en 1996, portavoz parlamentario en 2004 y ministro del Interior en 2006, Zapatero le colocó los galones de delfín en octubre de 2010 y la triple corona del ministerio, la Vicepresidencia y la portavocía.

No le queda más peldaño en la escalera de la ambición que la Presidencia. ¿El deseo de poder es su motor? 'Es mentira, un topicazo',coincide su entorno. ¿Es frío? ¿Calcula hasta la náusea? 'Otro estereotipo falso, parte de una leyenda negra inventada por la derecha, a la que mata de miedo', responden esos interlocutores.

Convertido por los suyos en una suerte de Cid Campeador y por sus detractores en un genio tenebroso, un siniestro personaje de ambición desmedida, le describen también, como a todo político, los tópicos de que arrastra. 'Espero verles en mi otra vida política', se despidió el viernes de la Moncloa. Aspira a volver. Ya lo ha hecho dos veces tras dejarla. Y el tres ha acabado por ser un número mágico en su recorrido, aunque siempre haya excepciones que, tozudas, se empeñen en querer confirmar la regla.