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Seis millones de nuevos 'españoles'

El aumento del número de habitantes desde 2001 ha sido el mayor de la historia: un 14%, hasta alcanzar los 47 millones

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Durante décadas, el dictador Nicolae Ceaucescu (1918-1989) instó a los rumanos a tener todos los hijos que pudiesen para volver a levantar la gran Rumanía con un marcado afán imperialista. Incluso ilegalizó el aborto con el objetivo de multiplicar la población. 'Si no podéis haceros cargo de vuestros hijos, el Estado lo hará', les espetaba, mientras levantaba nuevos orfanatos.

La idea de nutrir las sociedades con la savia fresca de la juventud ha estado presente en todos los países a lo largo de la historia, aunque las puestas en escena han variado según el grado de desarrollo de cada sociedad. En España, por ejemplo, el objetivo de engrosar la población siglos atrás era el de tener el mayor número posible de jóvenes para mandar al frente de batalla, en caso de guerra. La necesidad de soldados, hoy, se ha traducido en una demanda de trabajadores. El Gobierno quiere rejuvenecer la población para ganar cotizantes a la Seguridad Social. Con ellos, pretende hacer frente a las embestidas no bélicas, sino económicas con las que el vuelco de la pirámide poblacional amenaza el sistema de pensiones: cada vez hay más ancianos y menos trabajadores para pagar sus jubilaciones.

La esperanza de vida actual de los hombres es de 78 años y la de las mujeres, de 84

La década de 2000 fue la de mayor crecimiento de la historia de España: la población creció un 14,4% en apenas diez años, hasta superar los 47 millones, espoleada por la llegada de cinco millones de inmigrantes y el aumento de los años de vida. La llegada de foráneos también elevó el número de nacimientos por mujer hasta alcanzar los 1,46 de 2008. En 2000, era de apenas 1,23.

Además, las condiciones de vida mejoraron y la esperanza de vida al nacer pasó de los 75 años (varones) y 82 (mujeres), en 2000, a los 78 y 84 actuales, respectivamente.

La llegada de inmigrantes en los próximos años será moderada, similar a la década de 1990

Pero las corrientes migratorias desde el extranjero no arreglaron la estructura demográfica española. Fue sólo un paréntesis: llegaron durante una época excepcional, vinculada a un mercado que demandaba mano de obra. Tras el boom de la construcción y la recuperación económica (si llega algún día), España volverá a tener un ritmo de expansión demográfica similar al de la década de 1990, con flujos moderados de crecimiento y natalidad reducida.

Tras la llegada de medio millón de extranjeros al año en la década de 2000, la crisis económica dio un vuelco al balance migratorio: el flujo de llegadas se frenó y, en 2009 y 2010, los españoles volvieron a emigrar. La colonia nacional en el extranjero (1.702.778, el 1 de enero de 2011) aumentó esos dos años en 230.000 personas, según el Instituto Nacional de Estadística. Aunque esta cantidad incluye a extranjeros (latinos, en su mayoría) que se nacionalizaron en España pero decidieron regresar a sus países por la falta de trabajo. Hay una fuerte presencia de jóvenes españoles en este colectivo: el 42,3% de paro de la horquilla de los 20 a los 24 años les ha empujado a hacer las maletas.

Con su marcha, se han reabierto las rutas migratorias que sus abuelos iniciaron las décadas de 1960 y 1970 hacia Europa y América Latina. Aunque hay diferencias: los jóvenes que se marchan ahora no son de zonas rurales y baja cualificación, sino universitarios que hablan idiomas, tienen una gran movilidad, dominan las nuevas tecnologías y cuentan con redes sociales en otros países.

El paro juvenil del 42,3% reabre las salidas de emigrantes hacia Alemania y Argentina

No obstante, sus estancias en el extranjero no serán, por lo general, tan duraderas como las de sus antepasados en Alemania o Argentina. La tendencia actual es a realizar lo que los demógrafos llaman 'migraciones golondrina', viajes de ida y vuelta con estancias temporales. La presencia de empresas españolas en el extranjero o la proliferación de vuelos baratos también han contribuido a la salida de los jóvenes.

Tras la globalización del intercambio de divisas y de mercancías, en el S. XXI le ha llegado el turno a las personas. En las próximas décadas, la mejora de las comunicaciones seguirá disparando la movilidad y dinamitando las fronteras que se levantaron siglos atrás para proteger los graneros de los países de las invasiones extranjeras. El futuro dibujo demográfico de España y el resto de países desarrollados no estará condicionado por las guerras, sino por la rigidez de sus políticas migratorias y la marcha de la economía. Pero, como ocurrió siglos atrás, los gobiernos seguirán obsesionados con dos indicadores: la natalidad y su ejército de jóvenes trabajadores.