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Siete años de trabajo hasta concretar la denuncia

Los afectados recuerdan el amianto como un elemento cotidiano en su infancia

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Este juicio no tenía ningún antecedente en España y probablemente tampoco en Europa. Por este motivo, los afectados no improvisaron al presentar la denuncia.

Sus protagonistas son la Asociación de Afectados por el Amianto de Cerdanyola y Ripollet (Barcelona), organización constituida el año 2003 por dos personas que habían enfermado a causa de la actividad de Uralita y que empezaron a trabajar para exigir indemnizaciones. Contactaron con un bufete de abogados y recibieron numerosas adhesiones de otros vecinos con la misma problemática.

Poco a poco, las víctimas se hicieron fuertes. Hoy la asociación ya representa a unas 360 personas, 47 de las cuales presentaron la primera demanda conjunta en 2007. Si se confirma la sentencia, otros vecinos darán el paso para reclamar compensaciones. De hecho, según esta organización, puede haber hasta 3.000 afectados en estos dos municipios que podrían demandar indemnizaciones. 'Uralita ha dado vida económica a Cerdanyola y Ripollet, pero a costa de la salud de los trabajadores y de la gente que vivía en su entorno', denuncia la asociación, que también critica que la empresa 'se aprovechó del desconocimiento de la población' para enriquecerse. 'Nos mueve la voluntad de hacer justicia', dice Leontí Trabalón, presidente de la entidad.

Sus miembros recuerdan el amianto como algo cotidiano en sus vidas, hace unas décadas, y como un símbolo de la empresa. Según cuentan, era normal que las calles se tiñeran de blanco, el color más común de este material, y los niños jugaban con él como si fueran copos de nieve. Josep Bayó, vicepresidente de la asociación, también recuerda que comían higos de los árboles que encontraban cubiertos de amianto, a los que soplaban antes de meterse en la boca.

Jesús Ferrer, portavoz de la entidad, confía en que 'parte del dinero con el que se enriquecieron y lo hicieron mucho sirva para hacer la vida más confortable a los afectados, dentro de la enfermedad, o a los familiares de los que han muerto por su culpa'. Ahora ya se encuentran un poco más cerca de conseguirlo.

El mineral. Múltiples usos

El amianto fue muy utilizado durante décadas para miles de aplicaciones, ya que tenía muchas propiedades. Es prácticamente indestructible, no se deforma con la temperatura, no se pudre, se mantiene inalterable con el tiempo y es muy barato.

Sus peligros. Toxicidad elevada

El único problema de este mineral es que es altamente tóxico y puede provocar enfermedades crónicas y hasta mortales. Está formado por fibras microscópicas que se liberan cuando se rompe, se agrieta o se raja el material formado por amianto. Estas fibras, al ser tan duraderas e indestructibles, se pueden instalar en el aparato respiratorio si alguien las inhala y mantenerse ahí durante décadas.

Las enfermedades. Afectaciones variadas

Las consecuencias de tener fibras de amianto en los pulmones son variadas, de distinta gravedad en función de cada persona, de cuánto tiempo ha estado expuesta y de la cantidad de material que ha inhalado. La enfermedad más grave es el mesotelioma, que aparece tras más de 30 años de latencia. Provoca la muerte uno o dos años después de que aparezcan los primeros síntomas. También puede ser mortal el cáncer de pulmón, que aparece décadas después de la inhalación de las fibras. La asbestosis puede provocar serios problemas de respiración y peligro de muerte.

Mortalidad. Hasta 50.000 víctimas

Algunos estudios europeos calculan que, durante las primeras tres décadas de este siglo, habrán muerto en España entre 40.000 y 50.000 personas a causa del amianto.