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Los sindicatos exhiben poder de movilización en Barcelona

Las centrales esperan ahora que Zapatero "escuche" la voz de los trabajadores. Unánime condena de las confederaciones y los partidos catalanes a los disturbios que empañaron el 29-S

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Tras una jornada de huelga en Catalunya con un seguimiento 'masivo' según los convocantes y entre 'irregular' y 'discreto' según el Govern y la patronal tocaba manifestarse. A las seis de la tarde los sindicatos habían citado a sus bases a una marcha para recorrer el Passeig de Gràcia y acabar en la céntrica Plaça de Catalunya. La manifestación echó a andar poco después de que los Mossos desalojaran el antiguo Banco Español de Crédito en la misma plaza y cuando aún lidiaban con algunos anticapitalistas en el centro, a los que las centrales acusaron de empañar la jornada y hacer 'el juego' a los críticos con la huelga y 'contrarios a los derechos de los trabajadores'.

Todo ello no impidió el desarrollo normal de una manifestación en la que los sindicatos exhibieron poder de movilización. 400.000 personas según los convocantes y entre 130 y 140.000 según la Guàrdia Urbana secundaron la marcha con el lema Així, no. La pancarta la sostenían las direcciones de los convocantes de la huelga general en Catalunya y sus líderes. Allí estaban Joan Carles Gallego, de CCOO, Josep Maria Álvarez, de UGT, Antònia Gil, de la USOC, e Isabel Pallarès, de la Intersindical-CSC. En la cabecera, los carteles con las siglas de los sindicatos de clase (más o menos numerosos en función de la representatividad de cada una de las organizaciones) competían con una joven solitaria que, a modo de pancarta, mostraba su currículum.

Tras ellos, representantes de organizaciones cívicas y partidos de la izquierda alternativa. El PSC, habitual en estas marchas, ayer no estuvo. Acapararon el protagonismo ICV-EUiA y ERC.

La manifestación ocupó todo el Passeig de Gràcia pero no las calles adyacentes, por donde se transitó sin problemas. Al final, el cantante Gerard Quintana leyó un texto en el que los sindicatos fijaban posición. Exigió al Gobierno que 'escuche la voz de los trabajadores' y aseguró que la crisis que azota a las economías desarrolladas es 'el fracaso del sistema capitalista'.

Quintana lamentó que después de proclamar que el capitalismo debía refundarse se opte 'por sus viejas recetas' e insistió en las cifras de los organizadores, tanto en la manifestación como en el paro. Gallego, de CCOO, destacó que el país se paralizó y el ugetista Álvarez indicó que quizás no eran necesarios 'tantos servicios mínimos'. De hecho ya había afirmado que en un día como el de ayer 'el derecho a no hacer huelga no está contemplado'. Unos y otros coincidían en el éxito del 29-S y en que era necesario mantener la tensión reivindicativa.

La marcha no fue tan masiva como las de la guerra de Irak o la del 10 de julio contra de los recortes al autogobierno catalán pero fue mucho más allá del ritual del Primero de Mayo. Miles de militantes y delegados de personal y miembros de comités de empresa de las organizaciones sindicales catalanas inundaron el paseo de banderas catalanas y gritos contra la precariedad y los recortes sociales del Gobierno.

UGT, CCOO y USOC formaban un único bloque monopolizado por los dos primeros, los mayoritarios. Tras ellos la pancarta de ICV-EUiA, que se disolvió al llegar a la calle Mallorca y formaciones de la izquierda extraparlamentaria. Cerraba un bloque independentista que, presidido por una estelada de grandes dimensiones, encabezó la Intersindical-CSC. Esquerra iba detrás.

Esta vez los partidos no se disolvieron con los sindicatos y, a las puertas de unas elecciones al Parlament en la que la crisis será también protagonistas y en que pintan bastos para la izquierda, visualizaron su presencia. El bloque ecosocialista lo encabezaban Joan Herrera y Jordi Miralles y el de los republicanos Joan Ridao y Jordi Portabella. También se dejó ver Uriel Bertran, de Solidaritat per la Independència.

La CGT no se sumó a la marcha unitaria y optó por una alternativa que discurrió por las calles adyacentes con notable afluencia.

Unos metros más allá los incidentes se sofocaron pero durante todo el día indignaron y preocuparon a los convocantes. 'Es gente que nada tiene que ver con el movimiento sindical', advertía Álvarez. Ya a mediodía CCOO, UGT, USOC e I-CSC expresaron ante la prensa su disgusto por la actitud 'de una minoría' que aleja a las centrales de su objetivo de ganarse a la opinión pública.

El desmarque 'claro' de los sindicatos fue complementado por los partidos y el Govern. La consellera de Treball, Mar Serna, condenó los 'altercados' que se produjeron en el centro de Barcelona 'contaminando' el 29-S por la actuación de los antisistema 'que nada tienen que ver con las centrales' y admitió que el comportamiento de los sindicalistas permitió que la jornada se desarrollara 'con normalidad'.

El alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, juzgó 'fuera de lugar' la actuación de 'la minoría de siempre' pero su contundencia no le ahorró la censura del número dos de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida.

Tras impugnar la huelga, el político conservador desvinculó los incidentes de los sindicatos pero aseguró que los grupos anticapitalistas ya llevan tiempo 'aprovechando la pasividad que tanto la Generalitat como el ayuntamiento han tenido en materia de seguridad'. Y Ciudadanos, que en su día se presentó como un partido progresista, cargó sin reparos contra las centrales y las implicó en los incidentes al acusarlas de 'coaccionar a los trabajadores para conseguir sus objetivos'.