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La sociedad valenciana deja solo a Alberto Fabra

El presidente autonómico, acompañado de figuras como la presentadora Cristina Tárrega o el presidente de Ford España, escenifica una reivindicación global valenciana en un acto en el que quedó de manifiesto la fal

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Sin contar con el apoyo de las cinco universidades públicas de la comunidad autónoma, de ninguno de los partidos políticos del arco parlamentario valenciano a excepción del PP, de ninguno de los sindicatos de clase (aunque sí de los amarillos), e incluso sin el respaldo rotundo de las principales organizaciones empresariales, el presidente Alberto Fabra presentó anoche en Valencia su Acuerdo de la sociedad civil por la Comunitat Valenciana.

A qué sociedad valenciana se refería el Gobierno valenciano, promotor de la iniciativa, sin contar con ninguna de estas adhesiones es algo que en el acto no se decidieron a resolver, aunque en ausencia de todas ellas (algunos líderes empresariales acudieron finalmente, pero sin hacer explícito su apoyo), la organización decidió delegar la defensa escénica del 'acuerdo' en cuatro personas: José Manuel Machado, empresario madrileño presidente de Ford España (empresa con sede social en Madrid y que, por tanto, no tributa en Valencia); el presidente de Cruz Roja en la comunidad, Fernando del Rosario; el ex alto cargo de dos gobiernos populares y actual profesor investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, Javier Quesada; y la presentadora de televisión Cristina Tàrrega.

El objetivo oficial del acto era mostrar el refrendo a una declaración de intenciones redactada desde la Presidencia en la que, de manera sutil, se exigía de nuevo -aunque sin destinatario explícito a esa exigencia- una mejora en la financiación para la comunidad, históricamente dotada por debajo de la media del resto de comunidades del Estado.  Estas cualidades, unidas a la reciente actuación del Partido Popular valenciano impidiendo la votación en el Congreso de los Diputados de la reforma estatutaria reclamando una mejora de financiación, ponían en entredicho la firmeza de la propuesta de Fabra, carente en esta ocasión de ninguna consecuencia práctica.

Quizás por eso en esta ocasión el tímido respaldo habitual a estos gestos se convirtió en un rechazo firme a la propuesta. 'Es un documento que no ha nacido de la sociedad, sino de la propia Generalitat', la criticaba el martes la Conferencia de rectores de las universidades públicas valencianas, que denunciaban tanto su elaboración como su propio contenido, que rechazaban suscribir.

El suyo era el desprecio más sonado, pero además de los anunciados de todos los partidos políticos a excepción del PP y los sindicatos de clase, no debía ser el único notable. La Generalitat se reservaba el anuncio de las adhesiones para no evidenciar las ausencias.

Pese a todo, tras el objetivo oficial había otro oficioso: reforzar la imagen de un Alberto Fabra al que las diversas encuestas aparecidas en los últimos meses dejan fuera de la Generalitat en los próximos comicios autonómicos. Sin embargo, el fracaso evidente de su acción se intuía ya desde hace días y la oposición aprovechó ayer la sesión de control al presidente para hacer más leña del árbol caído. 'Usted (Fabra) está en otro mundo, está en la fiesta que esta noche se ha montado, que parece la de Halloween. ¿Usted cree que eso sirve? Si ha sido incapaz de buscar un consenso con los agentes económicos y sociales' le espetaba por la mañana el portavoz del grupo socialista en Les Corts, Rafael Rubio. Y Enric Morera, portavoz de Comprimís, lo refrendaba: 'Hoy se ha montado un festival, porque allí de sociedad civil hay poca [...] La sociedad civil, por culpa suya, lo está pasando muy mal', sentenciaba.

Pero pese al aluvión, Fabra se ratificaba en su posición. 'Ya está bien. Tenemos que poner en valor lo que significa ser de la Comunidad Valenciana', les respondió el president, que horas más tarde delegaría la representación de ese valor, entre otras personas, en Cristina Tárrega.

Superadas las 20 horas, los primeros asistentes al acto -que concluyó con un cóctel pese a su coincidencia con la jornada mundial para la erradicación de la pobreza- empezaron a hacer acto de presencia en el edificio Veles e Vents, infraestructura construida con notables deficiencias para la celebración de la Copa América, y en la actualidad sin apenas utilidad -sólo se utiliza para actos aislados como el de ayer- al margen de recordar la alegría del gasto de los gobiernos populares valencianos en los años en que aún se alimentaba la burbuja inmobiliaria.

En su acceso, pese a la llamada del presidente a acudir a toda la ciudadanía, tan solo un par de decenas de empleados de los comedores de Ford protestando por un ERE en su empresa. Y en el interior, como si se tratara de una manera de pasar lista a los presentes y ausentes al acto, un photocall por el que desfilaron, además de políticos del PP, algunas caras conocidas y empresarios que alguna vez cobraron de (o todavía esperan cobrar lo que les adeuda) la Generalitat. Entre las caras conocidas, las del ex tenista Juan Carlos Ferrero, el cirujano Pedro Cavadas, o el dj Chimo Bayo, que puso la nota cultural.

Entre las ausencias, muchas y destacadas, desde la del presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios y ex presidente del Real Madrid, Vicente Boluda, o la de Juan Roig, propietario de Mercadona y empresario valenciano de referencia; a las de numerosas figuras del PP valenciano -desde el presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, al expresidente Francisco Camps- que en las últimas fechas están poniendo en cuestión el liderazgo de Fabra. Cristina Tárrega, que fue agasajada como ningún otro asistente por la alcaldesa Rita Barberá y el presidente Alberto Fabra, fue sin duda la más fotografiada y reverenciada.

El acto de adhesión al Acuerdo de la sociedad civil por la Comunitat Valenciana, tras iniciarse extroaficialmente cuando el dolçainer de la protesta exterior recibió a Fabra con las notas de L'estaca  de Lluís Llach, acabó -no obstante- cuando acabaron de sonar las del himno de España.