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Sorpresa, sorpresa

Zapatero y los reflejos 'tatcherianos' que le pide el cuerpo

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Qué ironía. Mientras España sufre las peores horas de la crisis de financiación de su monumental deuda privada y pública o, para ser muy precisos, unos días que reproducen el momento Lehman, como ya ocurriera con Grecia, el presidente Zapatero ha estado dedicado de cuerpo y alma a acometer el decreto ley de reforma laboral. El lunes pasado recibió a una delegación de cuatro economistas del llamado Grupo de los Cien, partidarios de una reforma en profundidad; ayer visitaron el palacio de la Moncloa los catedráticos de Derecho del Trabajo, Jesús Cruz Villalón y Fernando Valdés Dal-Re.

Discrepan los consultados con el desgaste físico de Zapatero captado por Felipe González. Los visitantes, que ya lo conocían, lo han visto combativo; los que lo vieron por primera vez, salieron con una mejor impresión mucho más entusiasta de la que llevaban al entrar.

El presidente ha recibido a expertos para hablar sobre la reforma laboral

Uno de ellos, tras advertir a un Zapatero mucho más liberal de lo que se suponía y habida cuenta de que aceptó algunas propuestas hechas por sus visitantes durante la larga tertulia de tres horas y media, bromeó: 'Eso se lo dice a todas'. Pero lo cierto es que los economistas enviaron ayer al presidente un documento con su versión de algunos capítulos del decreto de reforma laboral. El que establece las causas de despido.

Ante la presión insoportable y extrema del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez; es decir, carguémonos la tutela judicial de una vez por todas, Zapatero dice que no va a hacer la reforma que quiere la CEOE. Que es necesario, reconoce, delimitar las razones del despido para reflejar la realidad, sí. Pero Mafo, te pasas muchos pueblos. La impresión de los economistas es que tanto en materia de contrato como de causas de despido, Zapatero va a ser radical. Reflejos thatcherianos mediante.

'Zapatero va a ser radical en materia de contrato y de las causas del despido'

'Cuando salí de la Moncloa, me vino la imagen de Zapatero después del atentado de la T-4 de Barajas. Ya no era la misma persona que había intentado negociar con ETA. Y ahora, con la crisis es lo mismo', dijo uno de los contertulios.

Mientras Zapatero, pues, intenta ponerse en la piel de los mercados y darles lo que, según cree, necesitan, otros miembros del Gobierno actúan de pirómanos. En la Moncloa algunos razonan: 'Una cosa es que Francisco González, presidente del BBVA, tire piedras contra nuestro tejado y el de España por razones políticas. Y otra que un secretario de Estado de Hacienda hable de los problemas de financiación de la deuda española. Hasta ahí podíamos llegar'. Carlos Ocaña, pues, se ha llevado un rapapolvo.

Angela Merkel, glacial, ha venido a decir: 'España puede, si lo necesita, pasar por caja'. Todos quieren participar, pues, en el juego de la profecía que se autocumple. La visita a Zapatero el próximo viernes de Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, sería la guinda.