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El sueño de un presidente

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El presidente Griñán no tiene que dar un puñetazo en la mesa. Tiene que hacer algo mucho más difícil: tiene que darse un puñetazo a sí mismo para despertar de ese sueño del que ningún secretario del partido se atreve a despertarlo. El sueño del presidente es de los peores que puedan darse en política: es el sueño de quien no sabe que está soñando.

La contundencia del sondeo del IESA no admite paños calientes. Ni siquiera el paño no ya caliente sino ardiente de la crisis y el desgaste de Zapatero. Extremadura, La Mancha o Aragón también están gobernadas por el socialismo menguante, pero no soportan la sangría de votos y complicidades del PSOE andaluz. Al Gobierno de Griñán le faltan brío, ideas, agenda. Le falta hacer política.

Tal vez no sea un Gobierno de brazos caídos, pero demasiados andaluces lo perciben así. Y no se engañe el presidente soñador: entre esos andaluces están muchos dirigentes del partido y no pocos consejeros del Gobierno. Hay puñetazos de los que uno no puede escapar: o te lo das tú mismo o te lo dan. Griñán aún está a tiempo de elegir.