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¿Por qué ha sufrido el PSOE su peor derrota?

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En vísperas de las elecciones de ayer, todas las encuestas pronosticaban una aplastante victoria del PP. Las dudas se centraban en la magnitud de la victoria. O de la derrota, desde la perspectiva del PSOE. Y los datos excedieron los pronósticos más sombríos. Es cierto que la tendencia en Europa, castigada por la peor crisis desde 1929, es que los partidos en el Gobierno pierdan las elecciones. Pero la dimensión de la derrota de Alfredo Pérez Rubalcaba refleja una desafección muy acentuada de muchísimos votantes (unos cuatro millones) con el PSOE, que prefirieron castigar al partido sin atender al mensaje que el principal beneficiario de esa sanción sería el PP.

Es probable que muchos votantes comenzaran a decepcionarse a comienzos de la legislatura, al considerar que el Gobierno de Zapatero estaba perdiendo su impulso inicial en materia de los avances sociales y calidad democrática. Pero fue el giro liberal en el terreno económico que Zapatero dio a partir de mayo de 2010 cuando las deserciones se convirtieron en estampida, como revelaron de manera persistente las encuestas.

La elección de Rubalcaba quizá satisfizo a una parte de los votantes socialistas, pero convirtió en irreversible el divorcio de muchos otros con el partido tanto por el procedimiento que se siguió -una farsa de primarias- como por el hecho de que Rubalcaba había sido uno de los miembros más destacados del Gobierno al que se quería castigar.

El candidato socialista se esforzó por marcar distancias con Zapatero -sólo coincidió con él en un mitin de la campaña- e incluso lanzó algunos guiños al Movimiento 15-M, pero consiguió el apoyo de unos siete millones de votantes con respecto a los 11,2 millones que logró el PSOE en 2008. El resto no dio crédito ni a los argumentos de Rubalcaba ni a la capacidad del partido para hacer otra cosa de lo que dictan Alemania, el FMI y los grandes poderes financieros.