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La "sumisión" de De la Vega

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¿Por qué razón en su narración sobre la decisión de cambiar el Gobierno ha dado tanta importancia Zapatero a la tarde del domingo 17 de octubre? La pregunta puede ser inocua. Es que argumento que ha dado el presidente del Gobierno ha sido aparentemente banal. A saber: esa tarde, tras regresar de Ponferrada, Zapatero mantuvo una conversación con la entonces vicepresidente primera, María Teresa Fernández de la Vega, y así comenzó a gestarse el cambio. Bien. ¿Pero qué nos dice esto sobre el contenido de esa conversación? ¿Acaso el presidente necesitaba el visto bueno de la vicepresidenta?

Si no se presta oído a lo que se ha podido saber en círculos privados, la novela de esta crisis queda truncada. El escenario edulcorado de historia del corazón disfraza una larga batalla interna cuyo desenlace se formaliza, precisamente, el 17 de octubre de 2010.

La ex vicepresidenta primera propuso sustituir a Salgado por José Viñals

Esa larga batalla, según varios testimonios, ya tuvo lugar con la crisis de Gobierno del 7 de abril de 2009. En aquel momento, Zapatero decide no sólo deshacerse de Pedro Solbes, también llegó a la conclusión de que la remodelación debería ser más amplia y afectar a De la Vega. Pero su iniciativa choca con la defensa directa y frontal de la vicepresidenta. No está dispuesta a dejar el Gobierno. Le planta cara. Zapatero decide entonces hacer el cambio manteniéndola. La nueva estructura del Gabinete, con Elena Salgado y Manuel Chaves, hace cada vez más difícil la presencia de De la Vega. El resultado de esa operación supone la pérdida de un tiempo precioso. Porque la remodelación, en lugar de resolver los problemas de coordinación y comunicación, lleva a un agravamiento de los mismos. Y, sobre todo, María Teresa Fernández de la Vega va perdiendo posiciones.

La situación ha llegado al punto en que la vicepresidenta comprende que las campanas doblan por ella. Pero, el domingo 17 de octubre, no sólo se limita a facilitar las cosas a Zapatero sino que recomienda un cambio total del Gobierno, incluyendo el relevo de Salgado y de Miguel Sebastián, con quien ha mantenido una larga serie de escaramuzas, la última con el cementerio nuclear.

Pero De la Vega no se limita a proponer ese cambio. Entre otros, sugiere el de Salgado por José Viñals, ex subgobernador del Banco de España y actual consejero financiero y director de Asuntos Monetarios y Mercado de Capitales del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La idea es que los mercados no puedan interpretar el relevo de Elena Salgado como un giro de la política de ajuste, algo que Viñals, caso de aceptar, podría encarnar a la perfección. Zapatero, claro, se limita a valorar que De la Vega le deje, esta vez, las manos libres. Y detrás de las sonrisas, la ex vicepresidenta primera, en privado, señala con el dedo a aquellos que todos saben que le hicieron la vida imposible.