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«Supe que mi hija llegaría lejos el día que ganó un concurso»

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“¡Pisha, qué pelotaso!”, le decía un militante socialista a otro. Doce de la mañana. Sede del PSOE gaditano. La nueva ministra de Igualdad bajaba por una escalinata al compás de los aplausos y algún que otro “¡guapa!”. Pelo liso, vaqueros, camisa y zapatos de tacón plateados. Muy delgada. Con sonrisa permanente y 31 añitos, Bibiana Aído, en línea con su precocidad, se encaminaba a dar su primera rueda de prensa, aún sin jurar o prometer el cargo.

Segura y contundente, acercó los dos micros que había en la mesa y comenzó con su primer gran reto: erradicar la violencia de género. “No se puede tolerar que cada semana muera una mujer”. Y tomó prestadas las palabras de Zapatero, a quien agradeció “sin límites” su designación y la creación del Ministerio: “El cobarde que levante la mano a una mujer, tiene que tener claro que no tiene enfrente a un ser desprotegido, sino a 44 millones de personas dispuestas a plantarles cara”, recordó.

En una abarrotada sala de prensa –“van a tener que agrandarla con tanto ministro”–, Aído aseguró que trabajará con tesón y esfuerzo para desarrollar la Ley de Igualdad, para fomentar el empleo femenino, para equiparar los salarios, para incrementar las oportunidades de los jóvenes… “Para que la igualdad, un discurso no sólo de mujeres, sea la seña de identidad de este país; porque no hay valor más noble y digno que trabajar por ella”.

Sabe que su vida cambiará radicalmente, pero admite que valdrá la pena si logra modificar la de muchas personas. No es la primera vez que la tratan de usted en un acto: “Prefiero que me tuteen”, dice.

Responsable y exigente 

Sus padres no la pierden de vista. Cuenta María Pepa, su madre, que sabía que la niña iba llegar lejos el día que ganó un concurso en el colegio por la conmemoración de la Constitución: “En el mural dibujó una urna con papeletas de votar; al lado, una fábrica echando humo, y escribió ‘por una ley del medio ambiente’. ¿Y de igualdad? “Es que por aquel entonces no se hablaba de eso; decían que se lo había hecho su padre, pero no, fue ella, que siempre ha sido muy responsable y exigente”, explica feliz con una cervecita en la mano.

Carácter no le falta: cuando consideró oportuno, dio por finalizado el turno de preguntas a la prensa. Eso sí, ya sin micros y en la calle, continuó respondiendo con la misma inteligencia. “¿Éstas son tus nietas, tan joven?”, preguntó a una vecina. Mira quién fue a hablar, dirían con sorna sus amigos Tato y Perales, allí donde estén. Y mientras ella seguía con los abrazos, también había quien no se enteraba nada, como Antonia, que pasaba por allí:

–¿Quién es esa chica?

–La ministra de Igualdad.

–¿De qué?

–De Igualdad.

–¿Y eso qué es?

–Un nuevo Ministerio.

–Ah, muy bien.