Publicado: 19.04.2011 14:38 |Actualizado: 19.04.2011 14:38

El TC ampara por primera vez a una profesora de religión

La sentencia declara vulnerados sus derechos al no renovarse su contrato por haberse casado por lo civil

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

El Tribunal Constitucional (TC) ha sentado un importante precedente en las relaciones contractuales que la Iglesia católica mantiene con los profesores de religión. Ayer se supo que una sentencia ampara a una profesora de religión, a la que no se le había renovado el contrato porque se había casado por lo civil con un ciudadano alemán que estaba divorciado, lo que les vedaba la posibilidad de contraer matrimonio canónico.

La sentencia ordena al Juzgado de lo Social número 3 de Almería que vuelva a dictar sentencia, pero esta vez teniendo en cuenta que la decisión del Obispado de Almería de no renovar el contrato laboral que mantenía con Resurrección Galera para el curso 2001/2002 vulneró sus derechos a no sufrir discriminación por circunstancias personales, a la libertad ideológica (en conexión con el derecho a contraer matrimonio en la forma legalmente establecida) y a la intimidad personal y familiar.

El fallo declara que se mantienen sus derechos como trabajadora

Por eso, el Alto Tribunal anula las sentencias dictadas en su día por dicho Juzgado y la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que desestimaron la demanda presentada por Galera por despido nulo. Ambos tribunales se abstuvieron de ponderar los derechos fundamentales en juego, limitándose a declarar que no hubo despido, por lo que no podía ser nulo.

Además, ambos tribunales consideraron que se trataba de una no renovación del contrato en "una relación laboral objetivamente especial que se caracteriza por la confianza que requiere el trabajo encomendado, por lo que es lógico que no se produzca la propuesta si quien tiene atribuida legalmente la competencia para efectuarla la jerarquía eclesiástica ha perdido la confianza en la actora para impartir clases de religión católica, porque considera que por el hecho de haber contraído matrimonio civil se ha apartado de la doctrina de la Iglesia".

"Yo impartía clases según el currículum", contó la afectada

El Constitucional declara "insostenible" la tesis "de la inmunidad jurisdiccional de las decisiones de la autoridad eclesiástica adoptadas" en los acuerdos firmados en 1979 entre el Estado y la Santa Sede, porque "no satisface las exigencias constitucionales de ponderación de los derechos fundamentales en conflicto". Y ello porque, pese a su especial situación, los profesores de religión "disfrutarán de los derechos fundamentales y legales que como trabajadores tienen reconocidos en nuestro ordenamiento de manera irrenunciable", señala el fallo.

La sentencia, como todas las del Constitucional, será tenida en cuenta en todas las reclamaciones similares planteadas por profesores de Religión. Aunque cada caso deberá ser estudiado para comprobar si se dan los mismos requisitos que en el de Galera.

Una vez establecida esa premisa, el Constitucional declara que la no renovación del contrato de Galera vulneró sus derechos porque, aunque "la facultad de propuesta del Obispado en esta materia forma parte del contenido del derecho a la libertad religiosa, no lo es menos que este derecho ha de respetar los de los profesores".

Su marido, exjefe de prensa del Bundestag, fue el que aireó el asunto

Entre ellos figura el de poder contraer matrimonio con quien se quiera, sin temor a represalias, como la pérdida del trabajo. En este caso, además, "no existe dato alguno que permita afirmar que la no propuesta" de Galera "como profesora de religión y moral católicas se haya debido a motivos o criterios ajenos al derecho de libertad religiosa de la Iglesia".

Es decir, sólo se basó en que se había casado por lo civil porque su esposo, Johannes Romes, no podía hacerlo por la Iglesia al estar divorciado, lo que ella admitió en una entrevista con el delegado diocesano, en la que, incluso, le informó de que Romes pediría la nulidad para poder contraer matrimonio canónico. No dio resultado.

A Resurrección Galera, Resu, la noticia la pilló trabajando. Se acercan días de mucho trabajo en La Alberca, el cortijo de Níjar (Almería) que tuvo que reconvertir en casa rural para poder subsistir cuando la Iglesia la dejó sin su puesto de maestra de religión.

"Ha sido mi marido el que me ha llamado diciéndome que me iba a dar una alegría", explicó ayer a este diario. Johannes Romes, el alemán "causante del problema", comoél mismo dice bromeando, vio "en internet" que habían ganado. "Que el Constitucional ha dicho que el derecho a la intimidad es sagrado", comenta Romes. La mujer fue despedida en mayo de 2001 del colegio público Ferrer Guardia, en La Cañada, un barrio de Almería. Entonces, Galera daba clase a niños de Primaria. Alguien, "nunca supe quién", recuerda Galera, avisó al Obispado de que la profesora de religión se había casado con un señor alemán divorciado. "Llevábamos casados ya un año y acabábamos de comprarnos el cortijo para arreglarlo para vivir en él", explica ella.

En mayo de 2001, comenzaron las habladurías. Una compañera la puso sobre aviso de los rumores acerca de su relación con un hombre mayor que ella. Había quienes dijeron que ni siquiera estaba casada. "Pero nadie se quejó de mí. Yo impartía la enseñanza según el currículum establecido", dice Galera. Hasta que un día fue llamada al Obispado.

Cuando, en agosto, el Obispado envió a la Junta de Andalucía el listado de los profesores que había elegido para impartir religión en las escuelas almerienses para el curso siguiente, Romes y Galera vieron que ella no aparecía. "Después de siete años enseñando a los niños, haciendo lo que siempre más me ha gustado, todo de repente se me vino abajo", recuerda Galera. "Los profesores me apoyaron, los padres y los niños también", añade.

Pero su marido no se dio por vencido. Los religiosos, poco habituados a que se aireen sus asuntos y amantes de la discreción, se toparon con un alemán que había sido jefe de prensa del Bundestag, el parlamento federal de Alemania. Romes hizo unas llamadas y consiguió que se supiera públicamente lo que le estaban haciendo a su mujer. "Conseguí mantenerlo en los periódicos dos años", asegura este alemán que hoy cree que "se ha hecho justicia". Incluso el grupo de turistas catalanes que asisten algo perplejos al ir y venir de periodistas junto a la piscina de La Alberca dicen recordar el caso de la maestra de religión.

Galera recibió ayer numerosas felicitaciones. "No lo daba por perdido, pero seguíamos con nuestra vida. Abrimos el hotelito a raíz de aquello, tuvimos la niña y lo dejamos un poco de lado", dice señalando a Carolina, una criatura rubia de cinco años. Cuando se le pregunta si piensa volver a lo suyo, a la enseñanza, Galera no lo tiene claro. "Yo soy una enamorada de la enseñanza y me encantan los niños. He estado casi tres años como educadora infantil trabajando con niños chiquititos en un colegio de la Junta. No lo descarto. Pero quiero dejar que siga la Justicia", resume.

Del Obispado de Almería no ha tenido noticias desde entonces. "Nunca me dieron nada por escrito ni antes ni ahora. Pero tampoco esperaba mucho de ellos", asegura. "El hecho de sacarlo en prensa no fue por hacerle daño a ellos, fue por ver si podía mejorar mi situación, si no yo, al menos otros compañeros en mi misma situación. Lo bueno de esto es que, al ser la pionera, si esto sienta jurisprudencia, puede ayudar a muchos otros compañeros", opina Galera.

Su marido, que se ha convertido en su improvisado jefe de prensa sale del segundo plano para completar lo dicho por su mujer. "Nosotros ya hemos rehecho nuestra vida, pero esta sentencia va a servir a muchos que sufrieron lo de Resu", agrega este alemán a la conversación. Para él, "en todas las sociedades civilizadas, el derecho a la intimidad está por encima".

Galera no guarda rencor a nadie. "Vamos a seguir con nuestra vida. Vivimos en un sitio privilegiado, después de diez años nos seguimos queriendo y con muchos planes y proyectos para el futuro. Incluso otro hijo, si pudiera ser", se despide esta antigua maestra de religión, cogiendo a su marido de la mano.