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Toxo: "Mi vida tomó otro rumbo cuando la policía vino a buscarme"

Hijo de la fábrica.Estaba predestinado a jubilarse trabajando en un astillero pero las fuerzas del orden franquista tenían otros planes para él

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Interrogante histórico de fácil respuesta: ¿qué querían ser de mayores los niños españoles durante el franquismo? Todo el mundo sabe que las respuestas más habituales a esta pregunta son: futbolistas, toreros y cojan todo el aire que puedan antes de leer esto ajustadores montadores de dispositivos electrónicos industriales. Ya pueden volver a respirar.

Sí, la vista no les había engañado, eso y no otra cosa es lo que ha escrito Ignacio Fernández Toxo (Ferrol, 1952) en la pizarrita de las profesiones anheladas. De acuerdo, suena a oficio de proletario ruso barbudo de principios del siglo XX, pero en realidad dice mucho sobre un acontecimiento crucial español: la guerra llevada a cabo por el generalísimo Francisco Franco contra el movimiento obrero. Como lo oyen.

Se podría decir que todo empezó con una escena digna de Bienvenido míster Marshall (Luis García Berlanga,1953). En efecto, los primeros recuerdos de infancia de Toxo, actual secretario general de Comisiones Obreras, tienen que ver con colas y ayuda americana. 'Repartían comida en los colegios. Había ollas gigantes de leche y bocadillos de queso amarillo. ¡Tenía narices que te dieran leche en polvo norteamericana en Galicia, con las vacas pastando alrededor tuyo!', recuerda estupefacto el sindicalista, crecido en una aldea ferrolana 'entre el mar y el monte'.

Toxo se formó en el colegio de Ferrol donde estudiaban los hijos de los obreros del astillero público de buques militares Bazán. Su siguiente paso estaba cantado: entró a trabajar en la escuela de aprendices del astillero donde trabajaba su padre. 'Estaba predestinado a acabar allí', recuerda un hombre que empezó su carrera laboral a la edad en la que la mayoría de nosotros estamos todavía subidos a un guindo, sacándonos los moscos y observando con inquietud cómo nos crece el bigotito: 14 años.

Sí, eran otros tiempos. En concreto, aquellos en los que palabras como temporalidad, precariedad y flexibilidad aún no habían sustituido a fordismo como términos fetiches del mercado laboral capitalista. Los años en los que absolutamente todo (la identidad, los vínculos sociales y afectivos, la actividad política) se gestaba entre los muros de una fábrica gigantesca.

Toxo se pasó cuatro años aprendiendo los secretos de la electrónica aplicada a la construcción de barcos en los talleres de Bazán. ¿Y en sus ratos libres? Militancia y agitación.

'Echamos pintura a la pantalla contra una película bélica de John Wayne'

A los 16 años protagonizó una de sus primeras algaradas políticas. Objetivo: protestar contra la guerra de Vietnam. Militarismo no, gracias. 'No sé me olvidará en la vida. Echamos pintura a la pantalla de un cine donde proyectaban Boinas verdes, de John Wayne. Eran unos huevos inyectados de pintura. Una obra de ingeniería fabulosa', asegura, como si siguiera estando orgulloso del manitas que lleva dentro.

La primera vez que lo detuvieron tenía 17 años. La tercera vez se pasó seis meses en la cárcel. 'Me estaba preparando para entrar en la universidad, estudiando de noche en una academia de acceso, cuando vino la policía a buscarme a casa. Ellos orientaron mi futuro laboral. Se desbarataron todos mis planes. La vida tomó otro rumbo', recuerda. El título que se había sacado en la fábrica de Bazán de Ajustador montador de dispositivos electrónicos industriales se transformó en papel mojado. A otra cosa.

En la cárcel, Toxo aprendió a jugar al ajedrez y se metió en vena una sobredosis de... materialismo histórico. Cayeron los siguientes volúmenes de Karl Marx: El 18 brumario de Luis Bonaparte, La filosofía alemana y El capital. A lo loco y sin vaselina. 'Te puedes imaginar lo que suponía meterse todo eso de golpe a los 18 años. De aquella leías sin enterarte casi de nada de lo que leías. Bueno, sin el casi', rememora irónico.

Luego llegaron la clandestinidad y la militancia profesional en la era democrática. ¿Y de la huelga general del 29 de septiembre? Hablaremos otro día. O, mejor, que hable el viejo Marx: 'La peor lucha es la que no se hace'. ¿Se entiende?