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Trabas a los templos evangélicos e islámicos

"Nos piden cosas inviables para su apertura", afirma un afectado

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Centros de culto que necesitan la misma licencia que una discoteca para abrir sus puertas a los fieles. Trabas administrativas por cuestiones de seguridad que retrasan la apertura de nuevos templos. La comunidad evangélica en España, que agrupa a 1.200.000 fieles, reconoce que su mayor 'preocupación' es la dificultad para abrir nuevas iglesias y mantener las ya en funcionamiento.

'En algunos lugares, como en Leganés, el Ayuntamiento nos pide acometer las reformas para garantizar la seguridad. Otros, como el de Madrid, han pedido licencias de actividad y mandado órdenes de cierre a aquellos que no las tenían. En esto no hay diferencia de colores políticos', afirma Manuel Cerezo, pastor y secretario ejecutivo del Consejo Evangélico de Madrid.

En los últimos meses se han cerrado en Madrid siete centros evangélicos, según Cerezo. Uno de ellos, el Centro de Villa de Vallecas, 'Se cerró porque nos pedían cosas inviables y ellos sabían que lo eran', señala su responsable. Otros, como Andrés Espinosa, pastor de la Iglesia de la Misión Apostólica Mundial, han conseguido vencer a la Administración y mantener su templo abierto. Según Cerezo, la mayoría de centros de culto evangélicos se ven obligados a trasladarse a polígonos industriales, lejos de los centros urbanos, lo que supone 'una clara discriminación'.

'La modificación de la Ley de centros de culto es un boicot a toda religión que no sea el catolicismo', afirma Mourad el Boudouhi, presidente de la asociación Watani para la Libertad y la Justicia, quien rechaza el cambio que el Govern catalán quiere introducir en la normativa que rige los espacios religiosos. El Tripartito catalán aprobó en 2009 la Ley de centros de culto en la que se incluía que los ayuntamientos tenían la obligación de reservar espacio para la construcción de nuevos templos. Pero en abril de este año, la vicepresidenta del nuevo Govern, Joana Ortega, declaró, tras una reunión con el arzobispo de Barcelona, que se modificará esa 'obligatoriedad' y que cada municipio será libre para decidir si se ceden instalaciones o terrenos y en qué condiciones. La propuesta debe llegar al Parlament antes de octubre.

La religión musulmana es la segunda con mayor número de fieles en Catalunya, con 368.090 practicantes, según la Unión de Comunidades Islámicas de España. Y la falta de mezquitas es una realidad diaria para la mayoría. El Boudouhi reflexiona que hay activas unas 200, lo que da un promedio de una para cada 1.500 fieles. 'Mientras que para los católicos es de una iglesia para cada 200', proclama.

Los conflictos han aparecido en Reus, Lleida y Badalona. Carles Pellicer, alcalde de Reus, lanzó un desafiante 'no se pueden abrir mezquitas en cada esquina' en abril. En Lleida, 1.500 musulmanes llevan nueve meses sin mezquita después de que se clausurase la que utilizaban. El último en subirse a la polémica ha sido el alcalde de Badalona, Raúl Garcia Albiol, que firma el discurso más xenófobo del PP. Albiol no piensa ceder un polideportivo para celebrar el Ramadán porque 'en agosto está cerrado'.

En Sevilla, ser judío no es complicado. Como comunidad pasan inadvertidos porque son pocos. La comunidad judía que reside en la capital hispalense de forma estable está formada por unas 30 familias (alrededor de 100 miembros). En los años sesenta, las escasas familias judías sevillanas celebraban sus cultos en el palomar de un bloque de pisos del barrio de la Macarena. En los setenta, un judío que tuvo que abandonar la ciudad les cedió su casa de la calle Peral. Allí estuvieron hasta 1992, fecha en que se trasladaron al número 8 de la céntrica calle Bustos Tavera. En realidad, nadie diría que en ese bloque de pisos hay una sinagoga, ya que no hay en su fachada ningún signo que delate la presencia de un templo judío.

En ninguna de las casas donde han residido han tenido problemas con los vecinos ni con el entorno, asegura a este diario Moisés Hassán, miembro de esta comunidad, que recuerda también que las relaciones con la Administración siempre han sido fluidas, al igual que con la jerarquía católica.