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Una tradición a prueba de ley

Un año después de la abolición de las corridas en Catalunya, los correbous' siguen celebrándose sin problemas 

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El animal, nervioso, golpea las paredes del cajón donde ha sido trasladado. Alrededor, en cualquier plaza o calle, se concentran centenares de seguidores del correbou, ansiosos por que la fiesta comience. Expectación, nervios, ansiedad. Ha llegado la hora de cumplir de nuevo con una tradición cruel que se mantiene en Catalunya indiferente a todo el marco legal que regula el toreo. El animal espera en su lugar a que la fiesta, el folclore y la tortura empiecen. De forma legal, será agarrado por los cuernos, ensogado y atado a un pilón de madera.

Pese a que hace un año el Parlament catalán prohibió la celebración de corridas de toros, los correbous, que son el mayor festejo del sur de Catalunya, mantienen su vigencia. La abolición de los toros de plaza movió los cimientos de la tradición por excelencia de las Terres l'Ebre y tanto seguidores como detractores vieron su momento. Taurinos y antitaurinos se lanzaron a la lucha. Unos, por el blindaje de la fiesta; otros, por su extinción.

Los animalistas denuncian un pacto político para blindar el espectáculo

El Parlament de Catalunya aprobó una ley que regulaba los festejos con toros en la calle tan sólo dos meses después de vetar las corridas. El nuevo reglamento ampliaba y modificaba el Manual de Buenas Prácticas que en 2005 aprobó la Administración e introducía como novedades, entre otras, la limitación del tiempo del toro embolado (con bolas de fuego en unos hierros colocados en las astas), la obligación de realizar un chequeo veterinario al animal al finalizar del espectáculo y la prohibición de participar en los festejos a los menores de 14 años y a las personas ebrias.

Fue la respuesta política a un vacío legal, dicen unos; un claro ejemplo de hipocresía, argumentan otros. Pero en lo que coinciden ambos bandos es que la fiesta continúa, indiferente a los acontecimientos. Como explica el concejal de Gobernación de Amposta y presidente de la Comisión de Toros del Ayuntamiento, Josep Garriga, 'tras la ley hubo quien vaticinó que los correbous sufrirían muchos cambios, que aumentarían o desaparecerían, y se equivocó'.

Pero, contra todo pronóstico, las cifras de espectáculos no han variado en toda Catalunya. Como explica el concejal, en Amposta, 'en número de toros, el descenso este año respecto al pasado no llega al 1%'. En las Terres de l'Ebre, de junio a septiembre del pasado año se organizaron 212 de los 239 eventos taurinos de toda Catalunya.

'Sin toro no hay fiesta y sin fiesta no hay pueblo', es el lema de los taurinos

'Sin toro no hay fiesta y sin fiesta no hay pueblo'. Bajo este lema los aficionados taurinos de las Terres de l'Ebre defienden que lo que envuelve a los festejos taurinos es más que un sentimiento. Dicen que es un festejo legitimado con el paso de los años. 'Esta es una tradición milenaria contra la que no pueden hacer nada los políticos. Si a un alcalde no le gustan los toros, le gustarán a su hijo o a su cuñado y se los tendrá que tragar', explica Pedro Fumador, lo Xarnego, el ganadero que abastece a Catalunya del 70% de sus toros.

Pero ¿por qué el año pasado todos los espectáculos taurinos no recibieron el mismo trato en el Parlament? ¿Por qué las corridas se prohibieron y los correbous se blindaron? Luis Altés lo tiene claro. El vicepresidente de la asociación contra la tortura animal Actyma considera que los correbous fueron la moneda de cambio para la prohibición de una tradición española. 'Se hizo un discurso identitario: no quiero los toros españoles pero blindo los catalanes que, además, no son catalanes, sino valencianos'.

La actitud del Parlament defraudó a las asociaciones antitaurinas, que habían fijado unos objetivos más ambiciosos respecto al blindaje. Altés recuerda: 'Pensaba que el Parlament miraba hacia adelante, pero ha demostrado que lo hace hacia detrás'.

'Nos han toreado', explica Altés y añade que 'la ley está negociada y consensuada a gusto de los taurinos. Se les ha dado más poder del que tenían. Ahora son policías de su propio espectáculo'.

Para la portavoz del Pacma, Helena Allué, la relación entre tradición, tauromaquia y política es 'todo uno'. 'Es un pacto entre la izquierda y la derecha. Yo prohíbo, tú blindas. Quien se meta con los correbous, se juega el cargo'.

Las asociaciones antitaurinas consideran que el blindaje de los correbous se planteó como una prueba política. Allué lo explica: 'Menos de un año después, han obtenido el resultado esperado. CiU blindó los correbous y ahora gobierna en la mayoría de ayuntamientos del sur de Catalunya. Pura matemática'.

Los protaurinos se esconden bajo el escudo de la tradición. Alegan que es un sentimiento que se hereda, se vive y se cultiva de padres a hijos. Una forma de vida.

La Ley de Protección Animal de 1988 prohíbe la vejación o maltrato de todo animal en público, razón por la cual, con el paso de los años, se han ido erradicando tradiciones que atentaban contra la dignidad de los animales. Pero los correbous siguen siendo una excepción.

Xavier Pallarés, delegado del Gobierno en las Terres de l'Ebre, considera que 'no se pueden comparar los toros con ninguna otra cosa. Los correbous no hacen de la muerte del animal un espectáculo'.

Pero los antitaurinos insisten en que los toros, durante los correbous, sufren estrés, ansiedad y miedo, y que, aunque no sea de una forma pública, mueren igual. 'Si no es un animal como el toro Ratón, que en Castellón se ha llevado ya tres vidas por delante que no han hecho más que subir el precio de su alquiler, los animales no repiten de año en año y, entonces, ¿dónde están?', se pregunta el vicepresidente de Actyma.

En medio del conflicto moral, existe un argumento que cae sobre una losa encima de los políticos: las subvenciones. Cada son cada vez son más las voces que critican a la Administración por ayudar con dinero público 'una actividad festiva de minorías y moralmente discutible', como denuncia desde hace tiempo la plataforma Prou.

La rivalidad entre taurinos y antitaurinos parece irreconciliable. Leonardo Anselmi, portavoz de Prou, explica que 'los fans del mundo del toro tienen un perfil muy similar, son personas violentas y agresivas contra las que sólo cabe la oposición silenciosa porque si no, te parten hasta el alma'.

En una manifestación organizada por Pacma y AnimaNaturalis en Amposta, el pasado abril, los antitaurinos denunciaron maltrato y vejaciones por parte de los taurinos, que siguieron de cerca la manifestación. Según los organizadores, les lanzaron 'orín desde las ventanas de los edificios'. La portavoz de Pacma, reflexiona que 'el hombre ha ido a la luna y algo se ha avanzado'. Y añade: 'Ño de los correbous sólo pasa en España porque es un país atrasado'.

Pese a todo, las asociaciones animalistas se muestran optimistas y declaran que la situación es 'inmejorable' porque se está 'a un paso del fin de los correbous', según Anselmi. Arturo Pérez, presidente de Actyma, lo resume: 'Dos siglos de atrocidades no pueden desaparecer de la noche a la mañana'.