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"Lo que vale contra los etarras también sirve para los neonazis"

Joan Cantarero. El periodista explora en 'La huella de la bota' las conexiones entre neonazis y subalternos de Hitler en España

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Más de 80 muertos en nombre del odio al diferente desde el inicio de la Transición. Es el recuento que hace el periodista valenciano Joan Cantarero, de 46 años, después de publicar La huella de la bota (Temas de hoy), una investigación periodística que señala a los líderes de la extrema derecha en España y sus organizaciones. El libro trata de explicar la conexión de los neonazis con los colaboradores de Hitler refugiados en España después de la derrota alemana enla II Guerra Mundial.

¿Por qué hay gente en España que cree que cantar el Cara al sol o hacer el saludo fascista no es negativo?

El problema no es si es negativo o positivo, sino si es delito o no. Y no lo es. Nadie ha tenido el valor de hacer de eso un delito.

Sin embargo, se detiene a otra gente por gestos en actos similares.

Ni etarras ni nazis. No hace falta decirlo. ¿Por qué lo que vale para los etarras no se usa con los neonazis? También sirve. Se permite a la gente ir a manifestaciones con la esvástica, y es una bandera que simboliza el asesinato de gente por su condición racial. Otro ejemplo: nos rasgamos las vestiduras por quemar un retrato del rey y te caen dos años de cárcel. ¿Por qué no pasa lo mismo con los nazis?

Se ha llegado a justificar un asesinato como el del antifascista Carlos Palomino.

La reacción llegó al instante, con la falacia de que los extremos se tocan. Es indignante. Ya vale con la ley del 50%. ¿Cómo se puede meter en el mismo saco a los que defienden la libertad y a los que pretenden destruirla? Ocurre lo mismo con el juez Garzón, en el que la víctima es denunciada por su posible agresor.

Su libro habla de los nazis refugiados en España. ¿Están conectados con los grupos ultraderechistas?

Sí, muy directamente. Los nazis en España no vinieron a tomar el sol. Difunden su filosofía a través de libros como los que edita Nueva República o la Librería Europa. Se venden unos 300 o 400 ejemplares de libros en alemán para público alemán.

¿Y la conexión?

En 2003 fuimos a un acto en Málaga de homenaje al negacionista austriaco Gerd Honsik, que fue extraditado por Garzón en 2008. Allí nos encontramos a Theodor Soucek, un criminal nazi, líder de las SS. Son estos, junto a otros hitlerianos, como Herbert Schaeffer o el noruego Fredrik Jensen, los que escriben en estas revistas. Y sobre todo son sus abogados, como Pedro Pablo Peña, de Alianza Nacional. Son sus referentes filosóficos. La novela de Clara Sánchez [Lo que esconde tu nombre], que ha ganado el premio Nadal, se basa en ellos. Yo les pongo nombres y apellidos.

¿Son tan ilustrados los neonazis como para leer esos libros y revistas?

Son unos ignorantes. Cuento el caso de Paqui la judía. Avergonzada porque su abuelo cobraba una pensión por haber estado en Mauthausen, creía que era judía, aunque lo más probable es que estuviera allí por rojo.

¿Cuál es el objetivode los grupos neonazis?

Alcanzar las instituciones. Y con la crisis ven una oportunidad para alcanzar los votos a través del odio al inmigrante y la xenofobia.

¿Quiénes son?

Se camuflan. Ya no van rapados. Los ultras más peligrosos van de chaqueta y corbata. Son gente como José Luis Roberto, que fracasó con España 2000, o Anglada, de la Pataforma per Catalunya.

¿Quién les hace frente?

En Burjassot protestaron todos los partidos, desde la extrema izquierda hasta el PP, porque se presentó a las elecciones el asesino del nacionalista Guillem Agulló, tras pasar sólo cuatro años en prisión. Es sencillo: o se está con la democracia o no se está con ella.