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La veloz caída del virrey' del puerto

En dos meses, la policía recaba las pruebas para detener al empresario Mestre por narcotráfico

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A mediados del abril, los policías que seguían desde hacía meses al presunto narco colombiano Héctor Murillo, El Juli, vieron como se reunía en el céntrico Hotel NH Constanza, de Barcelona, con un hombre de unos 50 años y pelo cano. Los agentes tardaron poco en saber quién era: José Mestre Fernández, importante empresario catalán que ocupaba, nada menos, que el cargo de director general de una de las dos terminales de contenedores del Puerto de Barcelona.

A partir de ese momento, los agentes del Grupo 42 de la Brigada Central de Estupefaciente y del Grupo de Respuesta al Crimen Organizado (GRECO) de Galicia incluyeron a Mestre, propietario o directivo de 64 compañías, entre los objetivos a seguir dentro de la operación Guadaña, un dispositivo que pretendía desmantelar una trama de narcotraficantes colombianos que se estaba instalando en España.

Los agentes creen que recibía una comisión del 30% del valor de la droga

En los poco más de dos meses que duró la investigación al empresario, la policía detectó al menos otros dos encuentros entre El Juli y él. También descubrieron la pequeña estructura que había creado al margen de sus empresas legales para facilitar supuestamente a los narcotraficantes la entrada de alijos en España aprovechando su cargo en el Puerto de Barcelona. La policía cree que, a cambio, recibía un 30% del valor de la droga.

En esta estructura jugaba un papel clave otro español, Daniel Martín, Travis, su hombre para todo y al que se le encontraron en el momento de su detención cinco teléfonos móviles. Cada uno de ellos tenía una pegatina en el dorso con el nombre de uno de los miembros de la trama. Era la única forma de comunicación posible entre ellos, según habían establecido como código de seguridad. En uno, aparecía escrito El Don, el alias de Mestre. De hecho, los seguimientos a Travis dieron a la policía mucha más información sobre la trama que los que se realizaron al empresario.

La organización trataba de ingresar otros 202 kilos de coca' en Barcelona

'Mestre se limitaba a ir de casa a su despacho en el puerto y vuelta a casa. Casi no tenía vida social', señalan fuentes policiales. En su despacho del puerto se encontraba precisamente el 22 de junio, cuando los agentes intervinieron el contenedor cargado de chatarra en el que cinco organizaciones de narcotraficantes, coordinadas por El Juli, intentaban introducir un alijo de 202 kilos de cocaína.

Los agentes llegaron a pedir al empresario un lugar, maquinaria y operarios para poder manipular y vaciar el contenedor sospechoso. Mestre los facilitó. Cuando, sobre las 17 horas, la policía encontró los primeros paquetes de droga, lo llamaron: '¿Puede venir? Tenemos un problema con un empleado suyo', le dijeron.

Cuando Mestre llegó al lugar donde estaba esparcida la droga y la chatarra (momento que recogen las fotos del reportaje), los policías le comunicaron que 'el empleado eres tú' y lo detuvieron. No opuso resistencia. Tan sólo intentó coger el teléfono móvil para llamar a su abogado, pero los agentes ya no le dejaron. En poco más dos meses había sido cazado.