Publicado:  10.06.2012 00:30 | Actualizado:  10.06.2012 00:30

Sí vienen los hombres de negro

España pide auxilio a Europa para sanear su banca. Bruselas ofrece una línea de crédito de hasta 100.000 millones de euros, pero impone condiciones a la banca y una supervisión más regular de las reformas estructurales y

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El Gobierno se enredó en su propia madeja. Acabó atrapado en sus propias palabras. Antes y ahora. Pasó de jurar y perjurar que no habría de ningún modo, en ningún caso, un rescate europeo de la banca española, de suplicar que Europa enchufase recursos a las entidades con dificultades sin pasar por los Estados a terminar ayer capitulando, sucumbiendo a la presión de sus socios en la Unión y del Fondo Monetario Internacional (FMI) y solicitar una ayuda de proporciones mareantes: hasta 100.000 millones de euros. Un 10% del PIB del país. Una bestialidad de dinero público que España tendrá que devolver. Porque nada es gratis. 

Y porque al final sí vendrán los hombres de negro. La expresión feliz patentada por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, esta semana se probará al final verdadera. Hay rescate. España ha caído como una pieza más de una Europa incapaz de salvarse a sí misma. Primero fue Grecia, luego Irlanda, luego Portugal. Y ahora es España. Es verdad, no es un rescate como el que sufrieron estos tres países, ni España deberá someterse a las durísimas condiciones impuestas por la troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea). Pero sí será permanentemente escrutada por la UE y el Fondo. Los organismos internacionales vigilarán con mano de hierro cada paso que dé el Gobierno, se cerciorarán que se cumplen las reformas estructurales y la reducción del déficit a rajatabla y se aumentará la presión para que se apliquen las recomendaciones de la Comisión, como subir el IVA, meter más en vereda a las autonomías o adelantar el retraso de la edad de jubilación a los 67 años. Ahí están los hombres de negro. "Los avances en ambas áreas serán también revisados de cerca y con regularidad en paralelo a la asistencia financiera". Y más aún: el FMI, a quien el Ejecutivo atribuyó un papel meramente "de apoyo y asesoramiento", se encargará de "monitorizar" la línea de crédito concedida al Ejecutivo con informes periódicos, aunque no pondrá dinero sobre la mesa, como sí hizo con Atenas, Dublín o Lisboa. Así lo indica el Eurogrupo con meridiana claridad en su comunicado. Eso sí, no se obliga a ajustes extra, a más planes de austeridad. Es la modalidad de rescate suave o blando, sólo a la banca, fórmula no ensayada hasta ahora por la UE.

El Gobierno recalcó en todo momento que no es igual a Grecia, Irlanda o Portugal

El carrusel de noticias y rumores no dejó de parar durante todo el día de ayer. De madrugada el FMI adelantó su informe sobre el saneamiento de la banca española. Y confirmó lo ya adelantado en los últimos días, que se detectaban unas necesidades de capital de las entidades financieras que, en un escenario adverso, alcanzarían los 40.000 millones de euros. El examen del Fondo abocaba a España a pedir el rescate. Pronto trascendió la convocatoria de urgencia de una teleconferencia del Eurogrupo, a las 16 horas. El Ejecutivo, mientras, seguía añadiendo kilos de confusión, afirmando que sólo tomaría una decisión una vez escuchados sus socios europeos. Lo que sí dejó claro desde la mañana es que no estaba prevista "en absoluto" la comparecencia de Mariano Rajoy. Premisa que la Moncloa sí cumplió a pies juntillas. Durante todo el día, el mensaje lanzado desde Presidencia del Gobierno era que España no iba a pedir "ningún rescate", porque la situación no era homologable a la de Grecia, Irlanda y Portugal. Europa concederá un "préstamo", y punto, alegaban.

El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, el señalado para dar la cara, intentó trasladar esa imagen de tranquilidad, del aquí no ha pasado nada, pese a que el rescate tendrá un peso indudable en el devenir del país. Compareció cerca de las 20 horas de la tarde, después de la larga teleconferencia –tres horas– en la que participó como miembro del Eurogrupo.  La expectación era total. Más de cien periodistas en una sala del Ministerio de Economía que se quedó pequeñísima. Televisiones, radios, webs, reporteros de aquí y de fuera. Los ojos de todo el mundo estaban puestos en España. 

De Guindos rehuyó de definir la ayuda europea como un "rescate"

De Guindos empezó leyendo un comunicado breve, de dos páginas, que ya contenía la noticia: "El Gobierno español declara su intención de solicitar financiación europea para la recapitalización de los bancos españoles que la necesiten". España pide auxilio. Y Europa se lo da. El acuerdo alcanzado con los socios contenía tres premisas, que enumeró rápidamente: que la cantidad solicitada –los famosos 100.000 millones de euros de tope, que no citó en la rueda de prensa– es "suficiente" para cubrir las necesidades de capital más un "margen de seguridad adicional significativo", que la "condicionalidad" será "sólo específica para el sector financiero" y, por último, que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) actuará "como agente intermediario del Gobierno y será el receptor final" de las ayudas "antes de su desembolso" a las entidades financieras con problemas.  

La palabra "rescate" apareció ya desde el comienzo del turno de preguntas. El ministro rechazó con furor ese término: "Esto no tiene que ver con un rescate en absoluto. No hay ni el más mínimo rescate". De Guindos habló en todo momento de que se trataba de un "préstamo en condiciones extremadamente favorables", mejores que las que ahora ofrece el mercado. Horas después, distintas webs apuntaban a que el tipo de interés que tendrá que pagarse será del 3%, frente al más de 6% de media que abona el Tesoro por los títulos de deuda a 10 años. Si el Ejecutivo quería evitar a toda costa hablar de rescate era para arrostrar el estigma que lleva aparejada esa palabra. Primero, luchaba por huir del club de Grecia, Irlanda y Portugal, y también porque la lacra del rescate ni ha hecho las cosas más fáciles a los países intervenidos ni ha permitido sobrevivir a sus gobiernos. 

Aún no se conoce la cantidad que el FROB inyectará a las entidades bancarias, pero ese tope tan alto, los 100.000 millones de euros, no deja "resquicio de duda", para el Ejecutivo, de que el saneamiento irá en serio. Todo depende del examen que en una primera fase eleven las consultoras Roland Berger y Oliver Wyman (el 21 de junio se conocerán los resultados) y la evaluación más en profundidad que hagan las auditoras PwC, Ernst & Young, Deloitte y KPMG sobre todo el sector (a finales de julio)

La cuantía de la asistencia no se conocerá hasta tener los dos análisis

En cualquier caso, los recursos procedentes de la Unión no se ingresarán en todas las entidades. Sólo en aquellas que necesiten cubrir el agujero. Entre ellas, las cuatro nacionalizadas: Bankia (que por sí sola requiere 19.000 millones de euros), CatalunyaCaixa, NovaGalicia Banco y Banco de Valencia. De Guindos insistió en que el informe del FMI había concluido que el problema orbitaba en torno al 30% del sistema bancario español, mientras que el otro 70% pasaba la prueba. Según el Fondo, sólo BBVA y Santander, que acumulan el 33,8% de los activos bancarios, se librarían de tener que aumentar sus reservas de capital. 

Tampoco está cerradísimo el procedimiento que empleará la UE. "Puede ser", dijo, tanto a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF o EFSF, European Financial Stability Facility), el llamado fondo de rescate temporal cuya vigencia acaba en junio de 2013, como del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE o ESM en inglés, por European Stability Mechanism), que entrará en vigor el 1 de julio de 2012 y que se define como el fondo de ayuda permanente

Lo que sí acarreará la asistencia es un nuevo aumento de la deuda pública española, puesto que el FROB es un organismo público, y los intereses pagados computarán como gasto a efectos de déficit. 


 

La llamada condicionalidad era otro término abominado por el Ejecutivo. De Guindos martilleó la idea de que la asistencia es exclusivamente para los bancos y las únicas condiciones impuestas son sólo para ellos. "Las únicas condiciones se impondrán a los bancos. Es lo único que existe y que hay [...]. Lo que se hace es pedir un préstamo para tener unas entidades financieras más solventes y que estén en disposición de dar más crédito. Esa es la razón última. No hay otra razón. Es extremadamente difícil que haya recuperación económica si existen dudas del nivel de capital y de solvencia de las entidades. Si no, no estarán en disposición de dar crédito a familias y empresas. No estamos haciendo un favor a nadie. Las condiciones se les imponen a los bancos, no a la sociedad española, no en el ámbito fiscal, ni macroeconómico, ni supondrá ajustes estructurales". Entre las medidas posibles, despido del staff directivo –ya sucedió con la dimisión forzada de Rodrigo Rato en Bankia–, el cierre de oficinas y recorte empleados o fusión y liquidación de entidades.

Sin embargo, el comunicado del Eurogrupo también deja claro que el Estado es el responsable de devolver esas ayudas y que el Gobierno es el que firma el lllamado Memorando de Entendimiento (Memorandum of Understanding, MoU), donde se fijan las condiciones exactas del rescate. Dicho de otro modo, si los bancos no son capaces de reintegrar los recursos que le lleguen a través del FROB (y que este recibirá de Europa), será el Estado el que deberá reembolsarlo. 

El ministro destaca que el anuncio es "bueno" para España y para el euro

El ministro cantó sin cesar las bondades del acuerdo del Eurogrupo, "bueno para la economía española y la zona euro", que demuestra el "absoluto compromiso" de la UE "con el proyecto del euro". El salvamento a última hora de la banca española, aunque doloroso, permitirá así desencallar la parálisis en los Veintisiete y salvar el euro, según la doctrina de la Moncloa. Y, no menos importante, posibilitará "disipar todas las dudas sobre el sistema financiero y buscar el mecanismo para que esas dudas desaparezcan". Todo ello, según la tesis gubernamental, "favorecerá" la recuperación de la economía. 

El titular de Economía se mostró "convencido" de que las tensiones en los mercados de deuda sobre España se relajarán. El Ejecutivo no ocultó la urgencia del rescate, porque era importante despejar las incertidumbres sobre España antes de las elecciones generales en Grecia, la próxima semana. "El Gobierno y sus socios europeos son conscientes de la volatilidad en los mercados". 

El Ejecutivo niega haber actuado presionado por sus socios europeos

La presión en las últimas horas se había ido acrecentando, de hecho. Desde el FMI, la UE, EEUU... Pese a todo, el ministro negó interferencias: "Ni la más mínima presión. Al revés. Lo único que he sentido es cooperación y proyecto común en la moneda única". ¿Si se ha arbitrado un instrumento tan "positivo", por qué entonces se tardó tardo en pedir la ayuda? "Se ha hecho cuando se ha considerado oportuno. El Gobierno lleva cinco meses en el Gobierno y como tal va tomando decisiones", esquivó.

Es un Ejecutivo del PP el que finalmente ha gritado auxilio a la UE. Se le preguntó al ministro hasta qué punto ese rescate es consecuencia de sus políticas o de la "herencia" del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. "Los problemas no se generan en los últimos cinco meses –deslizó–. Pero hay que mirar adelante".

Muchas sombras se ciernen aún sobre el rescate a España. Faltan por conocer detalles, las secuelas que tendrá para la economía del país. Si servirá para animar el crédito y cerrar el culebrón financiero o si por el contrario hundirá más las cifras del PIB. Si desgastará al Gobierno, como ha sucedido con todos los Estados que han pedido asistencia internacional. Si afectará, en suma, a la vida de los ciudadanos. Si la guadaña de los recortes sigue, en definitiva, viva. Amenazante. Poderosa. 


"Pregúntenme a mí". El presidente del Gobierno había lanzado el jueves un mensaje diáfano. Para saber sobre la fórmula de salvamento a los bancos, que se dirigieran a él, mandamás último del Ejecutivo. 

Pero ayer nadie tuvo ocasión de preguntarle públicamente. El presidente volvió a escabullirse. Otra vez. Al ministro los periodistas le interpelaron por qué no comparecía Mariano Rajoy. "Yo soy el miembro del Eurogrupo, y no el presidente del Gobierno", respondió, con cajas destempladas. Sí subrayó que el jefe del Ejecutivo estuvo "absolutamente involucrado" en las negociaciones del Eurogrupo. Lo que De Guindos no quiso contestar es si se mantenía la agenda. "Pregunten a la Moncloa", dijo ya después de la rueda de prensa. 

En efecto, Rajoy mantiene su agenda. Hoy domingo viajará a Polonia para ver el debut de España en la Eurocopa 2012, por "invitación del primer ministro polaco". "Las cosas han ido bien. Y por eso se consideró que lo más fiable, transparente y creíble era que compareciera De Guindos. Desde el principio, dijimos que si había comparecencia, la haría el ministro", explicaban desde la Moncloa. ¿Pero no habría sido conveniente que, ante el rescate, noticia sensible para los ciudadanos, saliera Rajoy a dar la cara? "Es que no es rescate, es que es un préstamo", se aferraban desde el Gabinete del presidente. Aportaban otra razón: todavía no hay cifras de la cuantía del dinero público que hará falta inyectar a los bancos, de modo que no se cumple esa premisa que enunció el líder del Ejecutivo el jueves

Fuentes gubernamentales insistían en trasladar "tranquilidad". "No hay el menor motivo para estar intranquilo, nada de nada. España ha sido atendida en sus reivindicaciones".

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