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Zapatero aboga en su despedida por un sucesor que "ofrezca algo"

En su último duelo preelectoral, Rajoy enumera siete críticas al Ejecutivo a modo de mandamientos de buen Gobierno

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La letra de costumbre en los últimos tiempos, entonada con el diapasón más bajo. Así se despidieron ayer José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy de sus ocho años de duelos parlamentarios, en lo que bien pudo ser el último mitin de la precampaña electoral o el primero de la campaña propiamente dicha, aunque las Cortes no se disolverán oficialmente hasta el lunes.

El líder de la oposición volvió a apuntarse a la crítica preventiva, con la denuncia anticipada de que va a recibir 'una herencia envenenada'. Y el presidente del Gobierno capeó la andanada a la defensiva, dejando para el final la pulla que resume el que ha sido su mayor reproche a Rajoy a lo largo de la legislatura: 'La inmensa mayoría de los ciudadanos quieren responsables políticos y líderes que ante todo ofrezcan algo, y no sólo ataquen, que den confianza y futuro a España'.

El líder de la oposición anticipa una 'herencia envenenada'

Con su apostilla final 'eso es lo que tendremos en el futuro inmediato', Zapatero dejó claro que aboga por Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero, por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, el presidente salió del coso parlamentario escoltado por el candidato del PSOE.

No hubo despedida oficial en el hemiciclo, pero todo en el Congreso rezumaba ayer el aroma de fin de ciclo. Rajoy dejó para los pasillos el protocolario deseo de 'la mejor de las suertes' para quien ya no volverá a ser su contrincante en las urnas y, por momentos, habló como si ya hubiera sido investido presidente, parafraseando a Zapatero: 'Estoy absolutamente convencido de que España es un gran país y que, por tanto, va a superar esta situación'. Fue el único punto de coincidencia. También el presidente, como en otras ocasiones, hizo gala de ese patriotismo declarativo: 'Quiero expresar mi confianza plena en el futuro de este país. Esa confianza viene por lo que ha pasado en los 30 años de democracia y por la capacidad que tenemos en estos momentos de luchar contra la crisis'.

El presidente renueva su confianza en el futuro de España

A Zapatero, que ni siquiera consumió el tiempo de su réplica, la bancada socialista le despidió con una ovación de sus miembros puestos en pie y con el sabor agridulce de una nostalgia anticipada. En la bancada contraria, los diputados del PP saludaron también la intervención de su líder con una ovación cerrada, pero ayer se mantuvieron sentados, con el rictus serio de la responsabilidad marcada en sus caras, lejos del jalear festivo de otras ocasiones.

Rajoy tiró del más bíblico de los números, el siete, para enumerar 'las lecciones para el futuro' que dijo haber extraído del mandato de Zapatero, se presume que a modo de mandamientos de buen Gobierno, aunque las recitó como un rosario de críticas: 'La primera es que en economía hay que hacer un buen diagnóstico de la realidad y no engañar. La segunda es que hay que gobernar con un plan, no con ocurrencias, improvisaciones y pensando sólo en las próximas 24 horas. La tercera es que no hay que generar falsas expectativas. La cuarta es que hay que hacer previsiones razonables, tanto de crecimiento como de empleo. La quinta es que no se debe gastar lo que no se tiene. La sexta es que en economía hay que hacer reformas y que no se puede pretender vivir constantemente de la herencia. Y la séptima es que no se puede gobernar sólo por decreto ley'.

Zapatero, como quien ya está por encima de los juicios políticos, se limitó a reivindicar sin levantar la voz todo el empeño puesto en 'el combate durísimo' que ha librado para hacer frente a 'la crisis más grave desde hace 80 años', sin que España haya caído en el mismo precipicio que Grecia, Portugal o Irlanda citó los tres países y contribuyendo, al mismo tiempo, a que 'el modelo europeo del Estado del bienestar pueda seguir adelante'. Todo eso, según destacó, se ha traducido en reformas que 'darán efecto', llevadas a cabo a la vez que se 'ha preservado al máximo la cohesión social'.

En su adiós parlamentario no será diputado en la próxima legislatura, Zapatero volvió a asumir en primera persona la principal responsabilidad por el desbordamiento del desempleo: 'Me siento responsable de la muy elevada tasa de paro y, por supuesto, no puede dejarme en absoluto satisfecho'. Pero también reclamó el reconocimiento de otro dato que ha caído en el olvido: 'Con este Gobierno llegamos a la tasa de paro más baja en la legislatura anterior. Por tanto, alguna circunstancia habrá que explique las dificultades que hemos tenido'.

Pero, no siendo ya Zapatero candidato, el interés por este último duelo se vio bastante menguado, como pusieron de manifiesto las tribunas de prensa y de público semivacías. Aun así, quien más y quien menos aprovechó para hacer su campaña.

Así, el portavoz del PNV, Josu Erkoreka, proclamó que corren 'malos tiempos para la lírica del autogobierno'. Y es que, a su juicio, 'parece cuajar un intento concertado [PP-PSOE] para acabar con el Estado autonómico recuperando facultades para los poderes centrales', con la crisis económica 'como coartada'. Le respondió Zapatero que no comparte tan pesimista pronóstico, pues el Estado de las Autonomías, 'a pesar de los momentos de tensión, ha jugado un papel fundamental' en el desarrollo de España desde la recuperación de la democracia.

Gaspar Llamazares, por Izquierda Unida, prosiguió con la pesca de votos entre los desen-cantados con el PSOE. 'Sólo se acuerdan de la izquierda en campaña electoral; en el Gobierno, gobiernan con la derecha', le espetó a la vicepresidenta económica. Elena Salgado, para no perder comba electoral, le respondió afirmando su convencimiento de que, como promete el candidato del PSOE, España precisa de 'una revisión a fondo' en su sistema fiscal, pero ya 'en la próxima legislatura'.

Y, como en todo el tramo final de la legislatura, no faltó el duelo de damas. Soraya Sáenz de Santamaría apuntó que el PP ya se prepara para el relevo, pero no con un 'traspaso de poderes', sino con 'un traspaso de deberes'. Y Salgado, que ha despuntado como una estrella parlamentaria tardía tampoco será diputada en la próxima legislatura, puso la nota de prudencia que ahora emerge como virtud económica: 'No vendan la piel del oso antes de cazarlo'.