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Zapatero, al frente de una UE que escapa de la crisis

España asume el 1 de enero su semestre de liderazgo europeo, en el que se centrará en corregir los errores del pasado y en diseñar las líneas maestras de la política económica de la próxima década

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La cuenta atrás está a punto de terminar. José Luis Rodríguez Zapatero tiene, desde la próxima semana, seis meses por delante para consolidar una de sus grandes aspiraciones para España y al mismo tiempo para hacer olvidar a Europa la peor pesadilla económica que ha sufrido en décadas.

Su equipo define la cuarta Presidencia española de la Unión Europea (UE) como 'la cita más importante para la política exterior española de los últimos años'.

Pretende dejar atrás las fronteras de la 'nueva' y 'vieja' Europa de Aznar

Con ella, el presidente del Gobierno pretende dejar atrás para siempre las fronteras de la 'nueva' y 'vieja' Europa, dibujadas, entre otros, por su antecesor en el cargo, José María Aznar, durante la guerra de Irak. Además, quiere posicionar definitivamente a España, junto a Francia o Alemania, en el club de 27 países que este mismo mes designó a su nuevo presidente estable: el ex primer ministro belga Herman Van Rompuy.

La primera tarea de Zapatero al frente de su semestre europeo será la de afianzar la recuperación económica, área en la que la presidencia rotatoria seguirá siendo fundamental. Con la mayoría de países de la UE fuera de la recesión y luchando contra el desempleo, al Gobierno le tocará diseñar la transición desde una economía subsidiada por el Estado hacia la reactivación del crecimiento.

Entrarán en vigor los nuevos vigilantes de excesos financieros

Al mismo tiempo, España guiará a la UE para corregir los fallos del pasado y se comprometerá con la creación de un verdadero 'gobierno económico de la zona euro', en palabras de un alto responsable. Según las mismas fuentes, se aspira a crear un 'marco más exigente y más reducido para el euro', que coordine mejor competencias nacionales con efectos globales, como los planes de inversión pública o de ayuda a la banca.

Más allá de las decisiones de los 27, la política económica de los 16 países del euro se orquesta hasta ahora en el Eurogrupo, un foro informal que se reúne a nivel ministerial una vez al mes. La eurozona compara la moneda común con un potente parachoques que aminoró los efectos de la crisis. Sin embargo, los países del euro no tienen soluciones para afrontar emergencias con uno de sus miembros. Es el caso de Grecia, que con su deuda y déficit desbocados, mina la fortaleza del euro además de amenazar con un contagio al resto.

Además de revitalizar la autonomía de la eurozona, España pondrá en marcha el nuevo marco supervisor: nuevos organismos como el Consejo Europeo de Riesgos Sistémicos y tres autoridades europeas en materia de seguros, banca y finanzas. Los nuevos vigilantes de excesos financieros entrarán en vigor bajo presidencia española. Están llamados a hacer un marcaje a los mercados y reforzar la cooperación de los 27 en la previsión de futuras crisis.

Las agencias de calificación de riesgos, aquellas que evalúan las probabilidades de impago de deudas, fueron duramente criticadas en la última cumbre de jefes de Gobierno por trazar un escenario de seguridad y liquidez que se evaporó con el desplome de Lehman Brothers y la crisis financiera global. Al frente de la Unión, España pondrá en práctica las normas más exigentes además de evaluar la necesidad de controles suplementarios.

Tras la salida de la recesión, la presidencia española tiene menos margen de maniobra en las que se han convertido en dos tareas prioritarias para los 27 miembros: la reducción del paro y del déficit. En cuanto al déficit, la Comisión Europea aplica ya el Pacto de Estabilidad, con plazos concretos por países para los próximos años.

Y en materia de empleo, la UE tiene pocas competencias, por lo que España se centrará en las líneas maestras de la política económica para la próxima década. Se concentrará en la que provisionalmente se llama la Estrategia 2020, que sustituirá a una incumplida Estrategia de Lisboa.

En 2010, 'la Unión Europea tenía que ser el área económica más competitiva del mundo', explica a Público CarlBildt, ministro de Exteriores de la presidencia sueca saliente. 'Está claro que no lo somos, por lo que le tocará a España guiar a la UE para que se ponga objetivos ambiciosos que esta vez pueda cumplir', señala.