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Zapatero ofrece a los sindicatos diálogo y les pide "responsabilidad"

El presidente del Gobierno se compromete a seguir negociando con los agentes sociales tras la huelga del 29-S, pero reclama "propuestas" a CCOO y UGT

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Los puentes ni han saltado por los aires ni saltarán el miércoles, el 29-S. El Gobierno acepta y respeta la huelga general. Aguanta y aguantará el chaparrón de críticas, no entrará al ataque, pero a cambio espera colaboración y 'propuestas' de los sindicatos, no sólo quejas. Favor por favor.

José Luis Rodríguez Zapatero dibujó ayer domingo con nitidez su estrategia posthuelga. Lo hizo en el Auditorio de Zaragoza, en el primer mitin del PSOE tras la proclamación por unanimidad, el sábado, de la candidata a la Presidencia de Aragón, Eva Almunia. Y a sólo tres días del paro general. 'Debo deciros -prometió a los 2.000 asistentes, según las cifras facilitadas por el PSOE- que mantendremos el compromiso del diálogo social, más allá de la huelga general. Hay muchos cambios, mejoras y reformas en el ámbito laboral, social, de pensiones, que aconsejan el máximo de concertación, el máximo diálogo posible. Como presidente del Gobierno, me volcaré todos mis esfuerzos para mantener ese diálogo intenso con los sindicatos y la patronal'.

Confía en que se resuelva el conflicto minero, pero pide pensar 'en el futuro'

Era el mensaje previsible, conexo a la política de templanza y no agresión pilotada desde la Moncloa y el PSOE. Tal celo hizo sobresalir el siguiente aviso, la exigencia a las centrales de cooperación, siempre con ánimo constructivo: 'Respeto profundamente el rechazo y las críticas de los sindicatos a la reforma laboral. Deseo llamar a la responsabilidad, y la responsabilidad para salir de la crisis es hacer propuestas. Están bien la crítica y las descalificaciones, las respeto, pero parece razonable que se presenten propuestas' para abordar el paro juvenil y la precariedad, incidió.

Zapatero no habló de rectificaciones tras el 29-S, como dan por seguro CCOO y UGT. Los sindicatos tienen derecho a la huelga -'Sólo faltaría', subrayó-, y no se encontrarán a nadie de las 'filas socialistas' que 'quiera restringir' sus derechos, como sugirió que hacen el PP y Esperanza Aguirre con su cruzada contra los liberados, pero eso no implica recular. 'El Gobierno tiene el deber de intentar cambiar las cosas para que se genere empleo y pueda haber más posibilidades para los jóvenes', el colectivo en el que el presidente se centró ayer. Al Ejecutivo 'le toca asumir responsabilidades', zanjó. '¡Tiene cojones!', replicó un asistente.

El jefe del Ejecutivo insiste en el carácter de izquierdas de sus políticas

La agenda de reformas en los próximos meses, 'decisivos para el futuro de España', se mantendrá intocable, 'con convicción' y 'tenacidad'. No habrá renuncias. Ahora se embarcará en un cambio estructural prometido: las pensiones. El presidente prometió el 'máximo consenso', siempre con la meta de garantizar una 'mejor' jubilación para las siguientes generaciones.

A la hora de defender sus reformas, Zapatero recurrió a la trayectoria de anteriores gobiernos del PSOE, el partido que 'ha sabido hacer los cambios cuando tocaba aunque no fuera fácil'. Recordó las traumáticas decisiones de Felipe González en los ochenta y las protestas con que los sindicatos las recibieron. Al final, 'la gente las valora y las agradece'. Se sumarán así más retos: búsqueda de un modelo productivo sostenible, inversión en I+D+i, mejora de la formación y la productividad...

Pero el partido y el Ejecutivo están en horas bajas tras dos años 'difíciles'. Con el rótulo de 'antisocial' colgado de la pechera por las centrales y por la izquierda alternativa. Zapatero intentó contrarrestar ese discurso, remarcando que su izquierda y la derecha no son lo mismo, como también destacó Almunia. El líder buscó la complicidad de las bases y enfatizó que en sus seis años en la Moncloa jamás ha prescindido de su santo y seña: la 'máxima garantía' de la 'cohesión social'. Pese al ajuste del gasto, a la obsesión por el déficit. 'Hemos llegado al mayor porcentaje de protección a los parados: el 80% de los desempleados tiene una prestación', ilustró, para reflejar que el Gobierno sí ha defendido a 'los que más padecen la crisis'.

'Aunque haya huelga, ante todo debemos pensar que hemos trabajado, trabajamos y trabajaremos por los intereses de los trabajadores, y por eso hemos ampliado la protección social y las políticas sociales. ¡Eso no me lo puede discutir nadie!', proclamó Zapatero, refrendado por una salva de aplausos.

El jefe del Ejecutivo exhibió asimismo comprensión hacia las protestas de los mineros de Teruel, Asturias y León, amenazados por la Comisión Europea con el cerrojazo en 2014: 'Comprendo muy bien la problemática', dijo, rememorando sus años de líder del PSOE en su tierra, León. Aseguró que la UE mantendrá las ayudas, aunque hay que ir pensando 'en el futuro', impulsando la investigación, para que el carbón sea una fuente de energía 'más limpia y rentable'.

'Conviene recordar'. El latiguillo sirvió al presidente para compilar su obra de gobierno. De izquierdas, y no de derechas. 'Conviene recordar que somos la novena potencia económica, cómo hemos logrado una renta per cápita por encima de la media europea, cómo en los últimos cinco años se incrementó el gasto social un 40%, cómo incrementábamos los derechos sociales, cómo subíamos las pensiones mínimas como nunca, tras un retroceso del Gobierno del PP'. Zapatero prosiguió el recuento: becas, salario mínimo, Ley de Dependencia. 'Eso son avances sociales', esgrimió.

Ahora, el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado de 2011 comprende un guiño al electorado de izquierdas: la subida de un punto del IRPF a las rentas de más de 120.000 euros y de otro más a las que superen los 175.000 euros. Zapatero sólo lo enunció. De puntillas. '¡Sí, señor!', aplaudieron desde la grada. 'Espero que el PP esté a favor. Sería un buen dato para la pedagogía colectiva', satirizó el presidente, provocador. Respuesta del público alto y a coro: '¡Nooooooooo!'.

“Habéis logrado un relevo ordenado, serio, bien trabajado. Bien que os lo merecéis”. Zapatero no paró de elogiar la sucesión del presidente aragonés, Marcelino Iglesias, a favor de Eva Almunia, la candidata proclamada el sábado por el comité regional del PSOE.

“Será una magnífica presidenta”, avanzó el jefe del Ejecutivo, satisfecho de que al frente de la lista esté una 'candidata'. O sea, una mujer. Almunia dijo estar llena de “ganas e ilusión” y pidió a Zapatero que siguiese implicado con Aragón. Iglesias definió a su delfín como la aspirante “de la renovación, no la involución”.

Todo lo contrario que su rival del PP, Luisa Fernanda Rudi, presidenta del PP aragonés, ex alcaldesa de Zaragoza y ex presidenta del Congreso. Iglesias prometió ayudarla si ella se lo pide, pero no “tutelarla”: “Tiene toda la autonomía”, subrayó para resaltar que tiene manos libres. En todo caso, había apostillado minutos antes el regidor de la capital regional, Juan Alberto Belloch, 'matar al padre', o sea, a Iglesias, 'no es imprescindible'.