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Zapatero y Rajoy se acusan de"trucar" la realidad de España

El presidente del Gobierno desgrana su política social para rechazar que haya girado a la derecha

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El hemiciclo del Congreso de los Diputados fue ayer el escenario del 'primer mitin de la próxima campaña' para las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo, en síntesis de Gaspar Llamazares.

No se anunciaron nuevas medidas ni hubo hechos noticiosos porque no era ese el objeto con el que el Gobierno planteó el primer debate monográfico sobre política social. Tampoco buscó nadie la aproximación, sino más bien la reafirmación ante las respectivas clientelas, como ocurre en las campañas electorales.

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy compitieron, desde posiciones ideológicas antagónicas, por el entorchado de las políticas sociales y la defensa de los más débiles, en un toma y daca que relegó a un papel secundario a los portavoces de las minorías.

El presidente del Gobierno y el líder de la oposición se zurraron a base de datos, un terreno donde siempre lleva las de ganar el Ejecutivo porque para eso dispone del aparato de la Administración. Como anticipó Rajoy, con su querencia refranera, en política 'hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas'. Determinar dónde estaban es cuestión ardua porque la palabra que más veces tuvieron que escribir ayer los taquígrafos de la Cámara fue 'manipulación', una acusación que voló por el hemiciclo durante algo más de cuatro horas y media.

Zapatero presentó un relato orientado al intento de desmontar la acusación de un giro ideológico a la derecha. El planteamiento empezó con la atribución a los gobiernos de Felipe González de los 'grandes hitos' en la construcción del Estado del bienestar sanidad gratuita, universalización de la educación y de las pensiones hasta llegar al 'cuarto pilar' impulsado por él: la ayuda a la dependencia.

Si este fue el planteamiento, el nudo lo constituyó el subrayado de que, a pesar de la crisis, las partidas sociales se han incrementado en un 12% entre 2008 y 2011 sin contar las prestaciones por desempleo, pero el Estado del bienestar no será viable sin las reformas que hagan posible un nuevo modelo de crecimiento que prime el talento y tenga en cuenta la evolución demográfica, lo que precisa de 'un compromiso colectivo' como el suscrito por el Gobierno con sindicatos y empresarios, cuanto más amplio mejor.

El desenlace no deparó sorpresa: 'Hemos mantenido nuestro compromiso social durante la crisis, a pesar de su dureza y más allá de los recortes extraordinarios que resultaron inevitables. El compromiso con el Estado del bienestar y sus valores da sentido a nuestra vocación política'.

El presidente del Gobierno descarta la introducción del copago sanitario

Palabras todas que en la bancada de la derecha se escucharon como un 'ejercicio de propaganda'. No fue para menos la contrapropaganda de Rajoy, que no sólo disputó al líder del PSOE la condición de paladín de las políticas sociales, sino que se presentó como la solución al paro. Dos por el precio de uno, ya que su fórmula se reduce a la afirmación de que no hay mejor política social que la creación de empleo, una generalidad que, en sus antípodas, compartió hasta el portavoz de ERC, Joan Ridao.

Situado en la posición de desventaja propia de la oposición para competir en el terreno de los datos, Rajoy buscó inclinar la balanza con acopio de afirmaciones susceptibles de convertirse en titulares periodísticos, si no fuera por la reiteración: 'Con una ruinosa política económica es imposible que exista una buena política social [...]. Tiene razón en que la salida de la crisis será muy diferente con nosotros. Tan diferente como lo que va de malvivir con un subsidio a tener trabajo; de buscar refugio en el socorro de la familia, a sostenerla; de carecer de oportunidades a poder escoger; de repartir la pobreza a repartir el bienestar'.

Pero, a tenor de su reacción, lo que más dolió a Zapatero no fue que le culpara en primera persona de haber 'empobrecido tanto a tantos' o de ser el autor del 'mayor recorte social en la historia de la democracia', sino de hacer 'trampa' con las estadísticas.

Rajoy se presenta como la solución al paro, con empleo en vez de subsidio

'Se puede criticar a un Gobierno, pero trucar la realidad de las cifras, no. La manipulación es peor que la mentira y usted ha manipulado las cifras como nunca', dijo un Zapatero enrabietado, para solaz de los suyos. Y más cuando apostilló: 'Sus manipulaciones han sido hoy tan gordas como sus derrotas, como las que ha tenido y las que le esperan en el futuro'.

Desplegó entonces sobre el atril del orador una baraja de gráficos de todos los colores, para probar lo que tachó de 'manipulación insostenible'. Y ahí, en el y tú más, se trabaron durante un buen rato, si no el mayor. 'Manipulación la suya', replicó Rajoy, que acusó al presidente de haber 'vivido de la herencia' durante la primera legislatura y ahora, de intentar 'maquillar los números rojos de su gestión'.

Hablando de herencias, Zapatero sacó a relucir la del ladrillo, aunque para marcar diferencias de talante con Rajoy introdujo una variante novedosa y no menor para propiciar el cambio cultural: 'A la burbuja inmobiliaria hemos contribuido todos. La máxima responsabilidad es de los gobiernos, pero ha contribuido toda la sociedad'.

Mientras, el diputado de IU, Gaspar Llamazares, al igual que los portavoces de ERC, Joan Ridao, y del BNG, Francisco Jorquera, marcaron distancias con el PSOE por la izquierda, insistiendo en el planteamiento de combatir las desigualdades por vía fiscal.

En este punto, el presidente del Gobierno sostuvo que el margen redistributivo por la vía de los ingresos es 'pequeño', de modo que ha de hacerse a través del gasto. 'Un incremento de la presión fiscal produciría ahora una parálisis muy fuerte en la economía', argumentó. De paso, descartó con rotundidad introducir la fórmula del copago sanitario.

A mitad de camino se situó Josu Erkoreka, portavoz del PNV, el socio más fiable del que dispone ahora el Gobierno. Defendió que, aunque su grupo no es partidario de hacer 'experimentos con el sistema tributario', considera evidente la necesidad de, 'cuando empiece a capear el temporal' de la crisis, 'hincar el diente al capítulo de los ingresos y afrontar el debate sobre la financiación del modelo social'. Erkoreka apuntó que 'deben repensarse las políticas sociales de proyección universal' porque, 'en contra de toda lógica, benefician por igual al presidente del Banco y a su jardinero', y también reforzar la persecución contra 'el cáncer' del fraude.

Josep Antoni Duran i Lleida dio la sensación de que CiU todavía está resituándose, en el camino entre la oposición frontal que ejerció hasta la reconquista del Govern de la Generalitat de Catalunya y la recuperación del papel de socio privilegiado del Gobierno de turno en España. Así, por ejemplo, Duran i Lleida le reconoció 'coraje y valentía', pero reclamó un cambio en la financiación de la ayuda a la dependencia con la advertencia de que el modelo actual 'no es sostenible'.