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Zapatero y Rajoy se desafían sin ofrecer nuevas medidas

El líder de la oposición pide elecciones anticipadas y el presidente le reta a presentar una moción de censura. El PNV arranca el compromiso de negociar una "alianza estable" con el PSOE

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Fue más un debate de contraposición de caracteres que de contraste de medidas, en el que sólo la crisis política provocada por la sentencia sobre el Estatut de Catalunya tuvo fuerza suficiente para robar tiempo a la economía en el examen anual sobre el estado de la nación. En medio de la soledad parlamentaria que acucia tanto al PSOE como al PP, sobresalió el cortejo con luz y taquígrafos entre el presidente del Gobierno y el portavoz del PNV para explorar una posible 'alianza estable' .

Mariano Rajoy, convencido de que ha llegado el momento de cobrarse los dividendos políticos de la recesión económica, no vayan a confirmarse a destiempo los 'signos alentadores' de recuperación de que habla el Gobierno, dio ayer el paso que sus subalternos en la dirección del PP venían ensayando y en el foro solemne del pleno del Congreso exigió la convocatoria de elecciones anticipadas. José Luis Rodríguez Zapatero tradujo la exigencia como la prueba definitiva de que al PP sólo le guía el afán de recuperar el poder cuanto antes, nunca de 'arrimar el hombro', y respondió al líder de la oposición desafiándolo a presentar una moción de censura. Dado que la Constitución confiere a este instrumento parlamentario un carácter constructivo, se requiere de una mayoría alternativa que ninguno de los grupos de la oposición quiso brindar al PP, aunque ayer Rajoy tuvo el gesto de quedarse a escuchar a los portavoces de CiU y PNV.

El presidente apela a 'la ambición de país' para superar la crisis

Todavía viva la resaca del campeonato del mundo conseguido por la selección de fútbol, el presidente abrió el debate apelando de manerasubliminal al espíritu de La Roja. A falta de nuevos anuncios, llamó al concurso de 'todos' para afrontar como 'un desafío colectivo' y con 'ambición de país' el que calificó de 'momento crucial' para 'el bienestar de las próximas décadas', que propuso edificar desde la austeridad y las reformas. Lo hizo con un discurso sereno, que huyó por igual de recrearse en las dificultades que del optimismo sin fundamento, aunque puso sobre la mesa datos tan inquietantes como que el 40% de los españoles que empezaron a trabajar con un contrato temporal continúan 20 años después en la misma situación. Pensado para llegar a 'todos los ciudadanos', su discurso lo situó en tierra de nadie.

Por ese campo abierto correteó Rajoy sacudiendo mandobles a la credibilidad de Zapatero, con eficacia reforzada por el esfuerzo que se le apreció en despojar su intervención del habitual catastrofismo, aunque no siempre mantuviera el control. Y metió hasta donde más le podía doler al presidente el dedo en la llaga del giro de la política económica, como cuando le dijo que la congelación de las pensiones 'refleja la auténtica medida de su sensibilidad social y su escasa lealtad a los compromisos'.

Expresa su decisión de modernizar España: 'Cueste lo que me cueste'

Pero, en un discurso en el que consideró superfluo siquiera el esbozo de una alternativa, Rajoy vino a arruinar lo conquistado con la única propuesta que formuló: 'No puede ni imaginarse el bien que haría al crédito de España con una simple medida. El mejor servicio que puede hacer al país es convocar elecciones'.

Fue pronunciar Rajoy estas palabras y volver la sonrisa al semblante de los diputados socialistas. 'Se lo ha vuelto a poner en bandeja', anticipó uno de ellos a su compañero de bancada. Zapatero asumió el papel de quien se esfuerza en hacer todo lo que está a su alcance, aunque se equivoque, frente a quien todo lo critica y nada aporta. Entre gritos de '¡Disolución!' y '¡Estás muerto', el presidente concluyó que, al líder de la oposición, España 'no le importa, sólo sus intereses políticos y los de su partido'.

El minuto de oro del debate, que había empezado en el tiempo de Rajoy, acabó con la voz de Zapatero proclamando su determinación de consumir todo su crédito político a cambio de la recuperación económica. 'Si hubiera contradicción entre los intereses de lo que necesite mi partido y lo que necesite España, yo optaré: lo que necesite España. Usted ha elegido pensar sólo en el tobogán electoral y en ese camino a usted le conviene lo que no le conviene a España. Yo voy a tomar las decisiones que España necesite, aunque sean difíciles, cueste lo que cueste y cueste lo que me cueste'.

Intentó recomponer la figura Rajoy poniendo a Zapatero ante el espejo de haber 'liquidado su programa de investidura', pero desafiado por el presidente a tener 'el valor' de presentar una moción de censura, y el programa que debe acompañarla, acabó el presidente del PP claudicando: 'Esto no da más de sí'.

No dio más por esos terrenos, pero sí por otros. La sentencia sobre el Estatut, que Rajoy sobrevoló como si el recurso no tuviera nada que ver con el PP, ocupó el primer plano con el turno de los portavoces de CiU, ERC e ICV, que advirtieron del refuerzo de las opciones independentistas. Se esforzó Zapatero por intentar apaciguar los ánimos, expresando su comprensión hacia el 'malestar' de los catalanes y su compromiso de buscar vías de desarrollo legal para aquellas cuestiones que, como la creación de un Consejo de Justicia, han sido declaradas inconstitucionales no por el fondo sino por la vía utilizada.

Con el otro ojo en las próximas elecciones en Catalunya, Duran repitió la amenaza de provocar un adelanto en España, 'una vez acabadas las reformas' económicas, si el PSOE 'no es capaz de encontrar alianzas sólidas', aunque también descartó apoyar una moción de censura. Por ese espacio, agrandado después con la confirmación de que el pacto de las izquierdas resulta inviable en estos momentos a causa de 'la política de derechas' del Gobierno, entró el portavoz del PNV. Josu Erkoreka se quejó de ser simultáneamente 'cortejado' y 'burlado', hasta arrancar una solemne declaración de intenciones del presidente: 'Si hay condiciones para una mayoría estable, me voy a emplear para conseguirla. Mi voluntad política es llegar a acuerdos con el PNV. Le hago una oferta expresa y directa'. La primera prueba, la próxima semana.